NACIÓ EN SAN VICENTE

Empresario, estrella de la TV y hasta traductor de Messi: la apasionante historia de Brian González. el argentino que triunfa en China

A los 15 años se le ocurrió de la nada estudiar chino. Meses después ganó un concurso y una beca para estudiar en Beijing. Esta es su apasionante historia y sus vivencias en el gigante asiático donde vive hace más de 10 años

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A San Vicente lo separan de Beijing 19324 kilómetros. No hay nada en esa ciudad bonaerense de poco más de 20 mil habitantes que la vincule al gran país asiático. Como bien dice Brian González, “el máximo contacto que podés tener con la comunidad china en San Vicente es el supermercado chino”. Pero una tarde al salir del colegio, en esa soñadora cabeza de un joven de 14 años se cruzó una idea tan audaz como sorpresiva: “Voy a estudiar chino”. La noticia fue recibida por sus padres con perplejidad aunque con aceptación. Sus profesores del secundario aplaudieron su atrevimiento. “Yo vengo de una familia de clase media baja, humilde, normal. Alejandro, mi papá,  es herrero; Liliana, mi mamá, empleada doméstica y ahora pedicura, nada del otro mundo. Un chico normal al que nunca le gustó el deporte pero al que siempre le gustaron los idiomas. Creo que también influyó estar en una casa en la cual, por ejemplo, mi abuelo hablaba todo atravesado el español porque era gallego, después de parte de mi mamá eran todos de Paraguay así que hablaban en guaraní en casa. Era una cosa rara y me encantaba el hecho de a veces no poder entender lo que decían. De chico me gustó estudiar inglés, pero a los 14 años me vino esta idea de estudiar chino. Y fue saliendo de la escuela, llamalo destino, llamalo casualidad,. llamalo locura, llamalo como quieras, pero fue así de la nada”, recuerda. 

-¿Y cuál fue la motivación? ¿Sentías que aprender chino te iba a permitir un progreso laboral y económico, porque China estaba empezando a convertirse en una potencia comercial a nivel global?

-El hecho de querer aprender un idioma tan distinto vino de la nada. La motivación la encontré después de empezar a estudiar y llegó al comentarle al resto de mis profesores de la secundaria que estaba estudiando chino. Me decían “wow, qué bueno”, “es espectacular porque es la potencia que se viene, es el futuro”. Por otro lado, cuando empecé a estudiar y vi los primeros caracteres escritos en el pizarrón dije “uhhh, qué loco” o sea “¿cómo esto puede ser una forma de comunicarte, cómo esto puede ser una escritura?”. Me encantó el tema artístico porque yo de chico dibujaba mucho. Entonces el hecho de los pictogramas me interesaba. Y luego también el tema económico y político, se veía como con mucha importancia en ese momento. Estamos hablando del año 2006 que empecé a estudiar. Habían pasado tres años después de que Hu Jintao había visitado a la Argentina y ahí se empezó a hablar un poco de China pero en este momento eran 2000 personas en todo el país que estudiaban chino nada más. 

-¿Cómo fue estudiar chino, un desafío que no solo tiene la complejidad de estudiar otro idioma sino tener que hacerlo con otro alfabeto como base?

-Claro, en chino no tenemos un alfabeto como es el japonés que es fonético aunque también tiene caracteres chinos. Pero el caracter chino es una sílaba, entonces vos tenés que memorizarte cómo se pronuncia esa sílaba y no solamente la pronunciación, sino que también la entonación. Hay cuatro tonos distintos que pueden significar cuatro cosas totalmente distintas.  

-¿De qué manera te llegó el momento en el que se te abrió la puerta para ir a China?  

-Yo participé en un concurso de idioma chino a los cinco meses de empezar a estudiar el idioma. Mi instituto no tenía a nadie para presentar y me dijeron “mirá, te vamos a presentar a vos, pero no das con la edad, tenés 15 años y tendrías que tener 18. Si llegás a ganar tenés que esperar tres años para poder ir a China a participar del concurso internacional. Tampoco das con la cantidad de tiempo que estudiás el idioma porque llevás cinco meses y vas a competir con gente que está estudiando hace tres años años. No te preocupes, vas a participar, no pasa nada”. Pero yo me lo tomé como un desafío y me preparé un mes a fondo. Tenía que dar un discurso de tres páginas todo en chino que me lo aprendí de memoria. No sabía qué significaba exactamente cada letra, era todo de memoria, como una radio. Después tenía que contestar unas preguntas de cultura china que también me fui aprendiendo de memoria lo que me podrían llegar a preguntar. Y cantar una canción en chino. Yo canto malísimo, es una de las cosas que no me sale así como el deporte. Para peor anduvo mal el audio, no podía poner las canciones, así que tuve que cantar a capella, un desastre. Pero les sorprendió el hecho de que pronunciara tan bien, que no me haya equivocado en ninguna de las preguntas que tenía que contestar y que me animé a cantar una canción que la sabían todos porque era justamente de los Juegos Olímpicos que en aquel entonces se estaban preparando. Fue así que quedé con el puntaje del primer puesto junto a otra chica de Mar de Plata que hacía años que estudiaba. Fuimos a desempate en un ping pong de preguntas y respuestas y al final salí segundo, pero con el puntaje de un primero. Entonces el consejero cultural me dijo “como saliste segundo te vamos a dar una beca para que estudies chino en China pero cuando tengas 18 años”. Yo por entonces tenía 15. Así que fue prepararme esos tres años para poder venir a China.

-¿Y cómo tomaron en tu casa que tan chico te fueras a China?

- En mi casa todos estaban contentos. Mi mamá estaba ahí presente en el concurso y cuando le dije a mi papá también, era como “¡uh, te vas a China!”. Era mucho. Hace cinco meses que estudiaba el idioma y en tres años me iba China. Me decian ”¿Estás seguro?, es mucho gasto.“ Y yo dije si y me metí, además me gustaba cada vez más. Mis compañeros de la escuela y mis profesores se pusieron contentísimos. A mi me iba muy bien en el colegio, era muy nerd, pero también me gustaba mucho el idioma entonces cuando tenía un rato libre me ponía a escribir caracteres chinos. En la escuela tenía mi cuadernito para practicar, a veces los hacía en el pizarrón y después los borraba. Eso me sirvió muchísimo para tener una base de escritura para llegar a China. Cuando llegué acá los profesores me decían “¡pero escribís como un chino!”. Porque nosotros estamos acostumbrados a escribir letras que son redondas cuando escribís en cursiva, pero los caracteres chinos son cuadrados. La proporción es distinta. Pero había practicado tanto que cuando llegué acá fue impactante. Y también tenía muy buena pronunciación porque tuve la mejor profesora de chino que hay en la Argentina que la seleccionó la Embajada. Encima cuando me dieron la beca me la dieron en la universidad a la que iba a mi profesora así que había profesores que la conocían. Todo encajó. La preparación también fue una experiencia importante porque el último año de la secundaria hice las materias del CBC por Uba 21. Ojo que yo era nerd, pero también me encantaba la joda, salía todos los fines de semana con mi grupo de amigos, chupaba, me fui de viaje de egresados. Hacía mi vida pero me sacaba 10. Y después los fines de semana tenía que ir a estudiar chino, tenía que hacer clases de UBA 21, rendir exámenes. Mi último año de la secundaria fue una locura, pero bueno, me sirvió para al terminar el secundario y poder meterme en la carrera de Ciencias Políticas que era la que me interesaba para tener la constancia de alumno regular y poder irme para China.

-¿Qué te pasó al llegar a China, con qué te encontraste? Porque más allá de que te habías preparado académicamente no dejabas de ser un chico de 18 años llegando a un país tan lejano y distinto. 

-Era la primera vez que viajaba en avión y la primera vez que salí del país. Lo máximo que había llegado era a Bariloche en micro con amigos. Me acuerdo que caminaba por mi pueblo y pensaba “en unos días voy a estar en otro mundo. Soy de San Vicente un pueblo de 30 mil habitantes más o menos y voy a una ciudad como Beijing de 20 millones de habitantes”. Viajé solo y cuando llego acá encima era un día de tormenta tremendo. Llegué al campus de la universidad donde iba a vivir y era un edificio modesto, de cinco pisos, yo tenía mi habitación. Al día siguiente salí a caminar y la universidad era como un pueblito, una universidad chiquita. Tenía enfrente unas canchas de tenis, que me recordaba a San Vicente. No es que era todo una locura, una ciudad gigante del país con más habitantes del mundo. Estaba en un lugar contenido que tenía de todo, comida, mi lugar para vivir. Y en ese entonces lo que sucedía era que no había celulares ni whatsapp ni podías hacer una videollamada. Estamos hablando del año 2009 y gracias que teníamos el messenger para poder hablar. A los pocos meses me enteré que había Skype para poder hacer vídeollamadas. Entonces puse la regla para no desconectarme con mi familia de hablar todos los domingos, y lo sigo manteniendo hasta ahora, doce años después.  Me sirve a mí y les escribo a ellos para poder estar en contacto y que sepan cómo estoy. Y tuve mucha contención dentro de lo que es la universidad porque tenía una compañera argentina de Córdoba... En chino cuando una chica es mayor que vos y es tu amiga se dice que es como tu hermana mayor. Como era “mi hermana mayor” me cuidó y después tuve amigos chinos que estudiaban español, entonces aprendíamos juntos. A mi mejor amigo lo conocí al mes siguiente de llegar a China y hoy es mi socio de negocios ya que tenemos una empresa juntos. Y me encantó también que tenía una comunidad de extranjeros dentro de la universidad impresionante. Mi compañero de cuarto era de Mongolia. Conocí a gente de Timor del Este, de países africanos que nunca me hubiese imaginado que iba a conocer: el Congo, Egipto, Libia. ¡Eran las Naciones Unidas! Nuestro nuestro curso estaba lleno de extranjeros todos tratando de aprender chino y nos conteníamos unos a otros porque teníamos 18 años. Estaba buenísimo eso.  

-Llegaste sabiendo el idioma y rápidamente encontraste un grupo de compañeros. ¿Hubo algo que te costó en la adaptación a China? No sé, la comida por ejemplo...

-La comida me costó, sobre todo el picante. Nosotros los argentinos no estamos acostumbrados a este grado de picante. Un poquito de pimienta en casa, pero más que eso nada. Me costó un año prácticamente poder adaptarme a sabores muy fuertes, como el cilantro. Pero no solo me ayudaron los chinos, sino que también teníamos muchos compañeros mexicanos que te decían “¿cómo no vas a comer picante?” y me ponían en el pico de gallo el chile y yo “ay , nooo”. Así fue como me adapté a la comida y ahora no puedo vivir sin la comida china.  

-¿Extrañabas algo de Argentina o estabas tan encaminado con tu proyecto de vida allá que no te pasó?

-A ver, Beijing es muy seco, yo lo que extraño mucho es la lluvia. Acá pueden pasar meses sin llover. Extraño dormir con el ruido de la lluvia, el olor a tierra mojada, tomar un mate con tortas fritas. El tema de familia soy sincero, no extraño, porque como dije todos los fines de semana estoy hablando con ellos. Me agarra la desesperación cuando me compro el pasaje para irme a Argentina y faltan dos semanas. Ahí sí me quiero ir ya. Pero después llego a Argentina, que vengo una vez al año, estoy dos semanas y ya me quiero volver porque no es que no me gusta Argentina sino que yo ya estoy armado y estoy hecho acá prácticamente. Le pasa a mucha gente que vivió de los 18 a los 22 años en algún lugar.  

-¿Cómo se te fueron dando las oportunidades laborales en China?

-Empecé dando clases de inglés que es algo que hacen mucho los extranjeros mientras era estudiante. Luego haciendo de intérprete como asistente de negocios, y de a poquito iba subsistiendo porque no era suficiente la plata que me daba la beca. Porque yo después de los 18 años nunca le pedí un mango a mi viejos, siempre me mantuve solo. El punto de inflexión fue cuando estaba haciendo una maestría en comercio exterior todo en chino y me reconocían en la universidad porque era un extranjero que hablaba muy bien chino y era el presidente de la Unión de alumnos extranjeros. Un compañero me dijo “mirá, están buscando extranjeros que sepan hablar bien el idioma para un programa de televisión”. Me metí en ese casting y quedé seleccionado. Se llama Informal talks.  Yo seguía haciendo mis traducciones y de vez en cuando daba alguna que otra clase de inglés, pero no era que pensaba “quiero salir en la tele, quiero ser famoso”. Empecé esto hace seis años y siempre ha ido para arriba. No solamente me trajo la facilidad para hablar en cámara, sino que también me dio mucha más confianza en mí mismo. Me ha permitido que por el reconocimiento pueda ser intérprete y conductor de eventos importantes como ha pasado cuando han venido el ex ministro (Julio) De Vido, a (Axel) Kiciloff cuando era ministro de economía, cuando vino (Mauricio) Macri conduje dos eventos que hizo acá, uno por el G20, también con la ministra (Susana) Malcorra. Y ese mismo año que vino Macri hice de intérprete de Messi y fue como una locura. Recibí más aliento en toda mi vida poniendo una foto de Messi que con el resto de cosas que hice jaja. Pero es lógico, Messi es un dios prácticamente y en ese momento la experiencia fue como “wow estoy con un tipo que es de otro planeta”. 

-Contá algo más de esa experiencia con Messi.

-Lo que me decía la gente que organizó el evento es que no lo tratara como un ídolo porque él es muy reservado, muy tímido y no le va a gustar. Ok, listo, quedamos así. Lo traté normal y hasta le hacía chistes. Le dije, “mirá que tu esposa es más famosa que vos acá en China”, cosas así y se reía. En las fotos que hay sale Messi riéndose, que eso no es tan fácil de lograr según me contaron, entonces estaba chocho. Esa fue una de las cosas lindas que me han pasado con toda esta revolución que me trajo el hecho de poder estar en la tele.

-¿Messi es la primera referencia para los chinos cuando alguien les menciona la palabra Argentina?

-Hoy creo que sí pero cuando llegué a China yo decía “Argentina” y me seguían diciendo “Maradona”. Pero la gente joven ahora conoce más a Messi. 

-¿Y qué otras cosas buenas o malas tienen como referencia los chinos acerca de Argentina? ¿O saben muy poco?

-Se sabe poco de lo que es Argentina. Tenemos una muy buena relación con China, sin importar el gobierno de turno. Lo que ha sucedido es que hay mucha promoción de lo que es la cultura argentina, por ejemplo el tango es una de las mayores cosas que se reconoce como producto argentino. Ultimamente quizás se está poniendo más énfasis en los productos alimenticios como por ejemplo los langostinos, acá no se dice “ah la carne argentina” se dice “los langostinos argentinos” porque se hizo una campaña muy importante de marketing. La carne todavía no ha llegado por un montón de restricciones. El fútbol siempre es un tema que les interesa mucho. Y este año el tema más importante ha sido el de Malvinas, que ha vuelto a estar en la discusión global porque China ratificó el apoyo a Argentina en su reclamo por la soberanía. Los chinos me dicen “viste, nosotros te apoyamos en Malvinas” y bueno, “pero también nosotros te apoyamos en tus causas”, les respondo. El “No llores por mi Argentina” se lo saben todos. Quizás no saben la historia y sobre Evita, pero si se saben la canción y se utiliza cada vez que Argentina pierde en el Mundial o pierde un partido importante.

En su ciudad natal, con la Iglesia San Vicente Ferrer de fondo

-¿Cómo definirías a China en cuanto a un país con un sistema político comunista o socialista, un Estado fuerte, partido único y por otro lado una nación que se ha abierto económicamente en las últimas décadas y obviamente ha logrado un progreso muy importante. ¿Cómo maridan esas características?

-Bueno, los chinos lo reducen una frase súper simple y muy fácil de explicar: dicen que su sistema es un socialismo con características chinas. ¿Qué te da la idea de eso? Bueno, es un socialismo, pero que utiliza cosas del mercado. Eso se instauró para hacer la reforma y la apertura al final desde los 70 con Den Xiaoping y es algo que está mantenido hasta ahora. O sea ninguno dijo “voy a cerrar a las exportaciones” o “voy a cerrar las importaciones''. Están muy convencidos de que el comercio exterior es lo que les ha traído el progreso. 

Junto a Yang Lan, conductora estrella en China

 -¿La salida de la pobreza de millones de chinos se dio como una consecuencia del derrame que provocó ese crecimiento económico o hubo un Estado que intervino para distribuir esos ingresos?

-No es un derrame, lo que dijo Den Xiaoping que fue el ideólogo de la reforma de la apertura es “tenemos un país muy pobre, primero tenemos que dejar que algunos se enriquezcan para que puedan traer y traccionar la economía, que es lo que sucedió. Gracias a eso, 800 millones de chinos salieron de la pobreza en 40 años. Es una locura, es un progreso de un PBI que creció en promedio en 40 años un 10% anual, por eso se dice que un país crece a tasas chinas cuando lo hace muy rápido. Nunca pasó en la historia, fue la reforma pro-mercado más exitosa de la historia de la humanidad. Hoy se dice que el socialismo tiene como objetivo la prosperidad compartida. Eso no es un término nuevo, es un término que en el 53 Mao utilizó para explicar el socialismo. Yo creo que en realidad todo sistema lo que quiere es la prosperidad de todos, unos pocos ricos y que todo el resto sea pobre no sirve. En China no se planifica de acá a tres o cuatro años “cuando termina mi mandato”. Se planifica hasta el 2035 y hay objetivos al 2049 que es cuando se cumplen 100 años de la República Popular China. Entonces lo que se quiere es llegar al 2035 con esta nueva forma de la prosperidad compartida, con un poco más de impuestos a las grandes fortunas y a que aporten de manera voluntaria cierta cantidad de dinero para que se pueda hacer una nueva redistribución. Se le dice la tercera redistribución, que son los aportes voluntarios o donaciones que hacen los millonarios. Eso se está llevando a cabo como prueba en la provincia de Chetian. Con eso lo que se va a tratar es de hacer una sociedad con forma de aceituna. ¿Qué significa eso? Pocos pobres, pocos ricos pero con una clase media fuerte. Para eso hay que proveer mejores servicios estatales. Es complejo, pero lo que se trata es para el 2035 poder llegar a niveles de que toda la población tenga ingresos de economías desarrolladas. Esa es la idea y si funciona, se aplicaría al resto del país.

-Y cómo se vive digamos en el día día en China algunas prohibiciones. El tema de acceso a internet de algunos sitios o redes. O la planificación familiar. Hay un documental muy crudo que se llama One Child Nation, que muestra situaciones dramáticas que se vivieron por la prohibición de tener más de un hijo hasta hace unos años aunque ahora ya pueden ser dos. ¿Hay un grado de opresión con el que se vive en China?

-Bueno, ahora se permiten tres hijos desde hace un par de meses. Lo que sucede es que los chinos y en general los asiáticos, están acostumbrados al colectivismo por una cuestión histórica y cultural. O sea, para ellos son personas o individuos mientras sean parte de un grupo. Esa es la concepción que se tiene de la persona en China o en la esfera confucionista, que incluye países como Corea, Japón y Vietnam. La diferencia es si se abre o no la economía y si se permiten inversiones, si hay propiedad privada. Un amigo el otro día me envió una noticia vieja de una casa que no fue derrumbada y le pusieron la autopista al alrededor. Y yo le dije a mi amigo que es americano. “Bueno, esto es el respeto a la propiedad privada, si no te lo hubiesen derrumbado”. Es interesante verlo desde el punto de vista chino. Por otro lado está el tema de internet, y sí, obviamente Facebook, YouTube, Twitter, Instagram están bloqueadas. Google también. Pero el que está interesado tiene un VPN que es una forma de meterse a páginas de otro lado. Hay formas. El tema es que como hay tan poca voz de China en el mundo y se cree que todo lo que diga China lo está diciendo el partido y todo lo que diga el partido es comunismo, hay una visión sesgada. Muchas veces los que estamos hace años acá decimos de los que recién llegan “mirá, este nuevito está probando la China libre”. Hay sensaciones que no se ven en otros lados, por ejemplo, no está el ”qué dirán” en la sociedad china. Existe en la concepción china que si a mí no me molesta, no me importa lo que estés haciendo vos. Obviamente lo que se ve en el Estado es la planificación a futuro y a muchos años. Bueno, ahora está pasando con el tema de los videojuegos. Tenemos muchos niños adictos a los videojuegos, primero que no están estudiando bien, segundo que están generando problemas con los padres y tercero que le están haciendo ganar mucho a empresas que están evadiendo impuestos. Entonces limitaron el tiempo de los chicos para que por semana estén solamente tres horas jugando videojuegos. Eso mucha gente lo apoya y mucha gente no, pero nadie en Occidente dice “ah, la gente está en contra de eso”. Porque yo me meto en las redes sociales chinas y los comentarios que hay sobre diferentes políticas son mitad y mitad. O sea, hay mucha gente que está en contra y dice “si vos me estás limitando eso, ¿hay que prohibir todo lo que está mal?. Entonces no fumen, no beban, no jueguen al Mahjong”. Eso es interesante, es una sociedad bastante pensante, obviamente que hay estructuración de las ideas, como pasa en todos lados. Si sos argentino vas a tener un cierto modo de pensar. Después hay temas que no se cuestionan, por ejemplo que Taiwán es parte de China. Así como las Malvinas son argentinas, me explico? Se dice “cómo están oprimiendo a Hong Kong”. Bueno, pero entonces pongamos otro ejemplo como cuando Puigdemont en Cataluña se quiso independizar, Intervino el Gobierno central y sacaron al Gobierno que se quería independizar y hace unos días metieron presos a Puigdemont. ¿Por qué hay un doble estándar para medir a China? Si estamos hablando de países que hacen cosas relativamente similares y se lo ve como, “ah, está bien” porque es un país capitalista o es un país que no es comunista. Hay que verlo todo los mismos parámetros. 

Entrevistando al Dr. Bernhard Schwartlander, representante de la Organización Mundial de la Salud en China #OMS (Año 2016)

-¿Y hay tensión entre la planificación del Estado y las libertades individuales? ¿Te gustaría que en algún aspecto hubiera algún cambio en ese sentido?

-Es que hay procesos y yo creo que es mundial. Por ejemplo, el proceso feminista, el de la igualdad de género y de LGBT creo que China está a medio camino todavía. Después, en el resto por el momento no considero que haya. Por ejemplo, la ley de aborto que podés estar en contra o a favor, no importa, acá en China desde los 80 con la planificación familiar está vigente.  

-¿Tu proyecto de vida sigue allá en China, no? Cero chances de volver a Argentina...

-Estoy acá hace 12 años y no creo que vuelva dentro de poco. En un país que me ha abierto las puertas y me ha dado muchísimo. Tengo proyectos, no solamente de lo que trabajo en los medios, sino que también tengo otros proyectos comerciales y para poder, expandirme en el tema de exportación-importación. Este año recién me estoy metiendo en lo que es importación de cosas de Argentina, quizás nos expandamos un poco más podamos hacer una plataforma muy interesante con Latinoamérica. Veo mucha posibilidad de poder colaborar como dicen los chinos entre ambos países y hacer varias cosas.

-Contá un poco más.

-Mi empresa la hicimos en el 2017 y vendría ser la cabeza de la nueva ruta de la seda de China que se llama YIWU. Primero nos enfocamos en lo que es exportación de cosas de China hacia Latinoamérica, España, Portugal, Reino Unido, Australia, esos son  los clientes que hemos tenido a través de estos años y exportamos todo tipo de cosas ,como por ejemplo, puede ser acuarelas, lapiceras, químicos, carpas, stéreos  etc. Y lo que nos estamos enfocando este año es justamente poder meternos en el tema de importae a China, o sea exportar desde Argentina, Uruguay, Brasil, México, Perú que son los contactos más fuertes que tenemos de cosas que se produzcan allá, tanto granos como cereales,  carnes, madera y ese tipo de cosas año.

-¿Tu éxito en las redes sociales fue algo que se fue dando y hoy lo vivís como un hobby o también es algo que explotás comercialmente?

-Hace seis años que empecé a trabajar en el programa y en conjunto tuve que empezar a meterme en redes sociales. Justo estos días me llegó de Weibo que vendría a ser como el Twitter de acá una placa del millón de seguidores. Es una cosa que se dio sin querer pero que hoy en día lo estoy explotando porque, por ejemplo, todas las semanas pongo un video para generar contenido en Bilibili, una red social que es una plataforma de vídeos como si fuese YouTube y cuento cosas que mucha gente no las va a contar. Por ejemplo, mi próximo vídeo va a ser sobre el tema Malvinas y por qué Argentina cree que las islas le pertenecen. China nos apoya en el reclamo pero mis seguidores saben por qué nos apoya? Uno de mis últimos vídeos que ahora es uno de los 100 vídeos más vistos de toda la historia de la plataforma y que se hizo viral en la Argentina, es uno en el que estaba hablando de la inflación y de la economía argentina y aproveché para explicar cómo era la cooperación mutua entre Argentina y China. Y los comentarios eran “uy, no sabía que sucedía eso con Argentina” y “no sabía que había tantas cosas que exportaba Argentina a China”, “no sabía que había una base científica aeroespacial en la Argentina desde China” . Todo ese tipo de cosas sirven para el entendimiento mutuo. El tema de los medios no es solamente eso, a veces encajo un canje, o alguna publicidad con algún auspiciante y está genial.

-Me imagino que siendo occidental sumado a la popularidad que te dio el programa de televisión y las redes cuando caminás por la calle mucha gente te reconoce.

-Hay veces que sí, sobre todo en Shanghai. Me vienen a saludar o sacarse una foto. El otro día estaba en Wuhan en un bar con amigos y era “yo te conozco”. Después hay algunos que no se animan, entonces viene uno y después viene el resto. Nunca me imaginé que iba a tener seguidores y la verdad que está bueno poder vivir todo esto.

Brian en Shanghai

-¿Y qué te dicen tus padres sobre todo esto que lograste?

-Según dicen están orgullosos, contentos, quizás lo que no gusta tanto es que estoy hace tanto tiempo lejos de casa, como padres siempre van a pensar eso. Pero también me ven que estoy progresando y tengo una vida que quizás en Argentina no la hubiese podido tener. Antes de la pandemia, por ejemplo, viajaba al exterior haciendo vídeos cada dos meses. Viajé por muchos lados del mundo, acá tengo una vida no de rico, sino una vida de blanco, viste como se dice en Occidente con problemas de blanco. Yo voy a Argentina y por el tema del cambio a mí me parece súper barato todo 

-¿Cómo viviste ese momento cuando explotó la pandemia y el mundo veía a Wuhan, una ciudad de China, como el lugar donde surgió el coronacvirus? 

-No sabría calcular exactamente en kilómetros, cuánto es, pero de Beijing a Wuhan estás a dos horas en avión. Wuhan está en el centro de China, yo conozco porque he viajado mucho ahí. Gracias a que mi programa es de Hubei que es la provincia de la cual Wuhan es capital. Iba una vez por mes porque ahí preparábamos mucho contenido. Conocí a la ciudad y a mí siempre me encantó porque yo decía “¿qué pasó en China estos 10, 11 años antes de la pandemia que Beijing se volvió súper primermundista, está limpio, ordenado. Cuando llegué vivía en la universidad, en lo que es las afueras de Beijing y estaba sucio, desordenado, como muy enquilombado pero libre a la vez y me encantaba todo esto. Ahora en Beijing no lo veo. Mis amigos chinos me dicen “Beijing es la capital, ahora no es Beijing”. Y cuando iba a Wuhan sí veía eso, el descontrol, la gente caminando por la calle súperrelajada. Tengo mucho amigos y compañeros de trabajo de la producción que son de Wuhan, también un fotógrafo amigo es de ahí. En ese momento, hablamos de enero de 2020 cuando no se sabía nada del virus, estaban como “wow, si somos de Wuhan parece que todos tenemos el virus y si salimos vamos a contagiar a cualquiera, no queremos salir”. Y a mí me pasó que tenía un viaje planeado a Islandia e iba a venir mi amigo fotógrafo que es de Wuhan. Vino unos días antes Beijing y él pensaba que probablemente iba a contagiar. Fuimos a Islandia y lo llamaban todo el tiempo de China para ver dónde estaba, no para decir "tenés que volver", era haciendo un seguimiento y un rastreo de los posibles contactos que podría tener. Eso solamente China lo puede hacer. Después Beijing tuvo su cuarentena. Justamente agarró lo que fue el Año Nuevo en el que la gente está en su casa generalmente, no sale mucho, vuelve a sus pueblos o ciudades natales. Beijing siempre está vacío en el año nuevo, porque quedan solamente los pequineses que son un cuarto de la población. Encima fue en pleno invierno que el invierno en Beijing es muy frío, era una situación muy tenebrosa, como una ciudad fantasma.

-¿Los controles eran muy rigurosos, no?

-Los controles de China han sido muy claros y exitosos en este caso. Nosotros tenemos una aplicación que es como Mercado Pago y podemos ver al momento prácticamente, ya que se actualiza cada 12 horas, la cantidad de casos que hay dentro del país, en qué barrio, en qué ciudad están. Si a un vecino tuyo le dio coronavirus, sonaste, tu barrio va a estar cerrado, se va a cuarentenar y testear a todo el mundo. En Wuhan cuando terminó su cuarentena se testeó a casi 13 millones de habitantes. Ahora en el último rebrote que hubo, dieron siete casos confirmados y al día siguiente dijeron que se iba a testear a toda la ciudad y en una semana lo hicieron. China no escatima en gastos porque tiene la política de Covid 0. Y así es como ha sido uno de los países que menos ha caído, en la pandemia del año pasado y fue uno de los pocos y creo que el único del G20 que creció. Gracias a que no se hizo una cuarentena estricta por más de lo necesario.

-Y cómo viviste vos y cómo se vivía en China cuando por ahí algunos empezaron a decir que era un virus que se había fabricado en China o se señalaba a las costumbres alimentarias de los chinos de comer animales exóticos como origen del virus.

-A ver el tema de murciélago, a mí me da tanta bronca…  No saben lo rico que es comer en Wuhan. Es una cosa deliciosa y nunca en mi vida vi un murciélago. Esas imágenes de una china comiendo una sopa de murciélago en un restaurante es de la isla de Palau, que es una isla en el Pacífico y es su plato típico. Si sos turista, y vas a Palau te podés comer una sopa de murciélago como vas a Argentina a comerte una morcilla o una molleja. Eso es lo que pasó. Decían “ah, mirá, es una china de Wuhan comiéndose una sopa de murciélago, eso es lo que contagió y como empezó todo”. Y ni fue así. Por otro lado no se sabe donde empezó el virus, puede haber sido en China como en otro país del mundo. Eso es lo que ha dicho la OMS. Es importante recordar todas las noticias que vimos en el 2020. ¿Qué se decía? Tanto en España como en Italia en las aguas residuales de noviembre al año 2019 ya había Sars-COv-2 en esas aguas. Se dijo que probablemente en Estados Unidos haya habido casos confirmados de coronavirus antes del brote de Wuhan. Pero se decía que era una neumonía típica. Después se instaló que fue en Wuhan donde empezó el brote del coronavirus. Probablemente sea una cuestión política o geopolítica, no lo sé, pero es importante ver lo que sucedió y las noticias que se vieron en el mundo también en el año anterior.. Hace pocos días también se dijo que se ha encontrado virus en un murciélago de Laos que tiene un virus muy similar al del coronavirus. ¿Cuál es la versión aquí de China? Se dice neumonía típica de Wuhan, así es como se los llamaba desde en un principio. Cuando se empezó a analizar ese virus que provocaba la neumonía típica se dieron cuenta de que era un coronavirus. Y se dieron cuenta de que era muy similar al del Sars que ellos tuvieron un brote al principio de los 2000, entonces dijeron “listo, ya sabemos cómo controlarlo. Cuarentena, sabemos cómo hay que desinfectar, que sirve el alcohol, sirven los rayos ultravioletas, sirve incluso sirve la medicina tradicional china. Yo en mis redes sociales, puse el libro que se hizo de Wuhan y que se tradujo al español, incluso de cómo había que controlar la pandemia. Wuhan probablemente sea el lugar donde arrancó pero porque tal vez sea el primer lugar donde se dieron cuenta de cuál era el virus. ¿Cómo puede ser que un virus así que salga de la nada en Wuhan y después se esparce por todos lados? Es raro. Yo no me paro en a ningún lado ni pongo las manos en el fuego por nadie, pero hay que escuchar todo y hay que ver lo que sucede en el rastreo global del origen del coronavirus.