En medio de la controversia generada por la denuncia de Fabiola Yáñez contra Alberto Fernández, la periodista y autora Liliana Franco ofreció declaraciones explosivas sobre los rumores que comenzaron a circular sobre algunas cuestiones personales que el ex presidente habría desarrollado en la Casa Rosada durante su gestión.
Franco, conocida por su trabajo en la Casa Rosada y en el Ministerio de Economía, compartió su visión sobre la situación actual y reveló algunos hechos hasta ahora desconocidos. “La Casa Rosada está revolucionada porque si bien a lo largo de los años los periodistas y el personal hemos visto cosas, lo que está saliendo a luz nunca se vio. Y lo que se va a ver…”, afirmó con contundencia la periodista.
Uno de los aspectos más sorprendentes que la aurtora destacó es el uso del despacho presidencial para actividades que nada tenían que ver con asuntos de Estado. Según su relato, la mala relación entre Alberto Fernández y Fabiola Yáñez era conocida, pero lo que ahora se revela es la utilización del despacho presidencial para mantener relaciones que no eran precisamente laborales. “Nunca se vio. Generalmente el recurso era la quinta de Olivos, que es mucho más privado”, subrayó Franco sorprendida.
En relación con los rumores que circulan sobre la realización de fiestas y reuniones privadas en la Casa Rosada, Franco afirmó que durante la pandemia, cuando el país estaba en cuarentena, se llevaron a cabo numerosas fiestas en la residencia presidencial, mucho más allá de la polémica juntada por el cumpleaños de Fabiola. “Hubo muchas más fiestas en Olivos en pandemia que la fotito del cumpleaños”, destacó. Según Franco, estas fiestas no eran solo de un pequeño grupo, sino que llegaban a juntar hasta 150 personas.
"Ingresaban muchas señoritas. Si bien hay diversos lugares de registro, si uno ingresa por Balcarce 54 queda registrado, si uno ingresa por explanada, queda registrado. Pero hay otro ingreso que hoy está integrado al helipuerto y ahí no se regristra", explicó la experta.
Además, Franco hizo hincapié en el hecho de que, a pesar de los rumores, los empleados de la Casa Rosada y del despacho presidencial estaban sujetos a estrictos contratos de confidencialidad, lo que dificultaba la divulgación de información. “Si alguien presencia una situación de pugilato, obviamente van a intervenir por una cuestión humanitaria… Pero no le vas a sacar ni un dato al mozo ni al empleado que está en el despacho. Imagínense que su jefe es el presidente de la Nación”, agregó.