“En los celos se pone en juego algo que para uno es importante”, comienza diciendo el psicoanalista Gabriel Rolón. Y ejemplifica: “Para mí es muy importante ganar este premio, y lo ganás vos. Es decir, vos tenés algo que yo deseo mucho y que es muy importante para mí. Entonces me das celos”.
Desde esta mirada, los celos están directamente relacionados con el amor, el deseo, o con el miedo a perder lo que se ama: “Esta mujer te eligió a vos y no a mí, y yo la amo. Hay un amor puesto en juego, un amor que se da a otro y no a uno. O el temor de que se le dé a otro lo que uno quiere para sí”, explicó en su columna en el programa Perros de la calle.
Por eso, aclara: “No quiero que estés con nadie, no quiero que te beses con nadie, no quiero que te enamores de nadie. Eso es para mí”.
Pero en la envidia, la lógica es completamente diferente: “El objeto no vale nada. No importa nada. Yo no quiero que lo tengas porque no quiero que lo tengas vos. Porque no quiero que vos disfrutes”. Y completa: “Después yo lo agarro y lo tiro”.
Rolón ilustra esta idea con una escena cotidiana: “Mirá a los chicos. Vos le das a los dos el mismo chocolatín y uno dice: ‘Yo quiero ese’. Son iguales. Pero él dice: ‘No quiero que lo tengas vos’. Esa es la envidia”.
A modo de cierre, el psicoanalista deja una frase potente que resume su mirada: “En la envidia no hay un amor puesto en juego, sino que es algo puramente destructivo. Es el único de los siete pecados capitales que no da ningún placer más que la destrucción del otro”.