En un pasaje de su participació en Perros de la calle, Gabriel Rolón abordó una de las preguntas más difíciles en el terreno de las relaciones humanas: ¿qué pasa cuando una pareja o un vínculo nos convierte en una versión que no reconocemos, ni queremos ser?
Según el reconocido psicoanalista, es clave prestar atención a esas señales internas que aparecen en medio de una discusión o de un conflicto emocional:
“En una discusión, nosotros no somos esto. No queremos ser esto. Aflojemos. A veces se puede. Y a veces lo que vos sí podés decir es, si podés mirarte hacia adentro y decir: esta persona me lleva a mí a ser alguien que yo no quiero ser.”
Rolón deja en claro que, más allá de las heridas personales que cada uno arrastra, hay vínculos que no ayudan a sanar, sino que detonan lo peor en nosotros:
“¿Es la persona o sos vos que te llevaste ahí? El vínculo. El vínculo, del cual me tengo que hacer cargo de la parte que me toca, por supuesto. Pero el vínculo con esta persona… ¿Viste cuando le hice sacar lo peor de mí? Bueno, es decir, yo cuando estoy con esta persona soy alguien que me avergüenza. No me gusta ser quien soy cuando estoy con ella. Porque discutimos, porque me saca.”
En ese sentido, advierte que vincularse no significa anular el conflicto, sino aprender a ver desde dónde nos estamos conectando con el otro:
Cuando la actriz Cande Molfese, integrante del programa, le planteó si no se trata de que una persona viene con heridas, con cuestiones y el otro también, y hay que buscar puntos de encuentro, Rolón advirtió: "¿Qué ponés a jugar en ese vínculo? ¿Las ganas de vincularse y relacionarse? ¿O las heridas que cada uno trae y lo que eso genera, la bronca, la frustración? O sea, ¿desde dónde te relacionás?”
Rolón sugiere que una relación sana no es la que no tiene conflictos, sino la que tiene herramientas emocionales para no incendiarse cada vez que aparecen:
“Si vos construís un vínculo que intenta ir por otro lado, cuando aparecen las heridas, es posible que justo en ese momento no estén las mías en juego. Yo puedo decirte: ‘No hablemos hoy, vos me estas peleando por otras cosas. Está bien, decí lo que quieras, yo no me voy a enganchar’. O no decírselo, pero decírmelo a mi"
Cuando en la mesa de Urbana Play, Diego Schwarztmann le señaló que "hay algunas parejas, amigos, no importa, que tienen esa manipulación de que el otro quiere bajar, quiere salir de ahí y te van llevando, te van pinchando… y vos, cuando querés irte, te vuelven a pinchar. Y llega un momento que te...”
A eso le respondió el psicoanalista y escritor: "Porque el que está enojado no quiere dejar de estar enojado. El punto es eso. Mira, esto es vos tenés un montón, vos tenés un montón de de diarios, de leña, tenés todo eso ahí en un montoncito y lo que haces es prender un fósforo. Entonces, la opción de apagarlo es cuando prendiste el fósforo. Si vos lo tiraste, ya está, hasta que no se consume. Entonces, el enojo es eso. Si justo en el momento en el que empezás alguien te dice, "Pará, pará." O vos podés decirte, "Uy, me voy a ir al diablo. Dame 2 minutos, no hablemos ahora." Para, dame 2 minutos, voy a pasear el perro y vuelvo y charlamos. En ese momento soplas el fósforo".
Con su claridad habitual, Gabriel Rolón pone el foco en algo que suele doler pero que es necesario mirar: si una relación nos transforma en alguien que no queremos ser, es momento de revisar qué papel juega ese vínculo en nuestra vida.