Durante décadas, empujar un auto para hacerlo arrancar fue un recurso clásico en cualquier emergencia. Bastaban un par de personas dispuestas a colaborar, una calle con algo de pendiente y una maniobra precisa para poner en marcha un vehículo con batería baja. Pero ese viejo truco, heredado de generación en generación, hoy podría volverse en contra de quien lo intente.
Los modelos más nuevos ya no están diseñados para este tipo de arranque forzado. Según advierten fabricantes y especialistas, esta práctica puede afectar gravemente componentes sensibles del vehículo, como el catalizador. En lugar de quemarse en el motor, el combustible que se inyecta durante el empuje puede llegar sin combustión hasta esta pieza, dañándola por completo.
A diferencia de los autos de caja manual más antiguos, donde esta maniobra podía funcionar sin consecuencias, los vehículos actuales están equipados con sensores más complejos. Si el sistema no detecta una señal específica del motor o del sensor de posición del árbol de levas, el encendido no se activa. Además, forzar el sistema puede generar detonaciones internas o sobrecargar el motor, afectando otras piezas claves como los frenos.
También existe un riesgo importante a nivel seguridad. Muchos vehículos modernos tienen dirección asistida electrónica, que solo funciona cuando el auto está encendido. Al empujarlo sin energía, puede bloquearse la dirección o volverse inestable, lo que incrementa las chances de perder el control o terminar con algún raspón contra otro auto o el cordón.
Entonces, ¿qué hacer si el auto no arranca? Lo primero es revisar si se trata de una batería descargada, un problema en el alternador o en el motor de arranque. En caso de que sea la batería, la opción más segura es pedir ayuda para hacer un puente con otro vehículo. Y si eso no resulta, lo más recomendable es llamar a la grúa o a la aseguradora.