Jerónimo Weich, uno de los hijos del reconocido conductor Julián Weich y Valeria Wainer, eligió un camino distinto al que imaginaba cuando era adolescente. Criado en una familia numerosa junto a sus hermanos Iara, Tadeo y Tomás, creció rodeado de estímulos citadinos.
Sin embargo, algo en su interior comenzó a incomodarlo. “Vivía en la ciudad, trabajaba, estudiaba, jugaba al rugby, tenía amigos. Tenía una vida normal y era feliz con eso, porque tampoco es que estaba deprimido o con crisis existenciales. Era feliz, pero en algún punto algo de todo eso todavía no me terminaba de cerrar. Algo dentro mío me llamaba que había algo más. Y ese fue el primer clic", relató en una entrevista reciente con La Nación.
Ese llamado lo llevó, a los 18 años, a emprender un viaje junto a uno de sus mejores amigos por el interior del país y luego por distintos rincones de Latinoamérica. Recorrieron Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y Costa Rica, entre otros destinos. Durante el trayecto, Jerónimo descubrió una nueva forma de entender el tiempo, el dinero y los vínculos: “A diferencia de lo que la mayoría cree, el no tener plata viajando te libera más. Yo iba generándola en el día a día, entonces tenía la libertad de que si me gustaba un lugar, me quedaba”. Esa forma de habitar el mundo, explicó, lo conectó profundamente con las culturas locales: “En todos lados me recibían de brazos abiertos porque cuando uno viaja dando, dando arte, buena energía y recibe eso. Y es hermoso".
Después de varios años en movimiento, hace tres decidió volver al país e instalarse en Córdoba, en el Valle de Traslasierra, donde levantó una casa de barro con su pareja y dos gatos. Eligieron construirla con la técnica de la bioconstrucción, un enfoque que prioriza el uso de materiales naturales, la sustentabilidad y la armonía con el entorno. “Sería una comunidad de aprendizaje, una mezcla de una escuela de oficios donde la gente pueda venir a trabajar oficios de manera permacultural e interconectada entre sí“, adelantó Jerónimo, entusiasmado con el futuro.
La vivienda no solo es sustentable y eficiente en términos energéticos, sino que también está pensada como un espacio sano, libre de químicos, donde se cuida el uso del agua y se respetan los ciclos de la naturaleza. Además, ya tienen en mente la próxima etapa: construir domos de barro tipo dormis, una cocina comunitaria, baños y un quincho para recibir visitantes y compartir saberes.