A veces, los grandes comienzos no ocurren bajo luces imponentes ni ante multitudes interminables. A veces empiezan en un escenario solidario, en una ciudad querida, con una hermana al lado y un sueño todavía sin nombre. Algo de eso dejó entrever Soledad Pastorutti en un mensaje cargado de emoción que compartió en sus redes y que conmovió a sus seguidores.
Con la memoria intacta y el corazón abierto, la Sole volvió a ese instante fundacional que lo cambió todo. Y lo hizo con una promesa: la historia no terminó de contarse. “Hoy se cumplen 30 años del día en que me subí a cantar por primera vez, junto a mi hermana Natalia, en el Festival Folclórico Solidario Vieja Iglesia de Gálvez… Fue en mi querida Santa Fe, un 7 de enero de 1996”, escribió, marcando con precisión el día en que nació públicamente una de las voces más importantes del folclore argentino.
En ese recuerdo también hubo lugar para los gestos que se vuelven símbolos y para quienes dejaron huella en el camino. “Desde ese día revoleo el poncho… gracias a Pucho Ottolini, que hizo ese gesto primero ¡¡¡y yo lo imité!!! Hace poco volví a visitar la ciudad recordando esos lindos momentos… Pero esa historia te la voy a empezar a contar en pocos días más”, agregó, dejando abierta la puerta a una nueva narración cargada de nostalgia.
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"Hoy se cumplen 30 años del día en que me subí a cantar por primera vez, junto a mi hermana Natalia, en el Festival Folclórico Solidario Vieja Iglesia de Gálvez", escribió la Sole
El posteo se completó con una foto y una mención especial a quienes fueron parte de aquel origen: “Charlando con Daniel Milacher, ideólogo del Festival… Mónica Vicens, hija de Ana de Vicens, alma y fundadora del festival… Y una de las hijas de José Miguel Ottolini, el gran Pucho”.
Y seguí cantando
Desde aquel escenario solidario en Gálvez hasta los festivales más importantes del país, la carrera de Soledad fue un viaje intenso y precoz. Con apenas 16 años conquistó Cosquín y revolucionó el folclore con una fuerza arrolladora que la convirtió en fenómeno popular. Discos, giras, premios y una conexión genuina con el público marcaron un camino que nunca perdió identidad.
Treinta años después de aquella “primera vez”, la Sole sigue revoleando el poncho, pero también mirando hacia atrás con gratitud. Porque su historia no solo se mide en éxitos, sino en raíces, afectos y memoria. Y porque, como ella misma deja entrever, todavía quedan capítulos por contar.