“Estoy teniendo una experiencia muy bonita en Argentina. Quitando que me robaron el móvil”. Con esa mezcla de humor y sinceridad, la cantante española Judeline —Lara Blanco en su vida real— resumió uno de los momentos más insólitos que vivió durante su paso por el Lollapalooza Argentina en el Hipódromo de San Isidro.
La artista andaluza de 23 años llegó al país el martes 10 de marzo para presentarse en el festival el viernes 13, pero su estadía arrancó con un contratiempo inesperado: la pérdida de su celular. En diálogo con Fefe Bongiorno para El Cancionero, ella misma aclaró lo ocurrido con total frescura: “Digo robar, pero en realidad me lo dejé en un Uber porque soy lerda. Pero lo han apagado porque no contestan las llamadas. Entonces pues lo perdí y me lo robaron”.
Lejos de dramatizar, Judeline siguió adelante con su agenda y disfrutó de su paso por la Argentina y Chile. Días después, ya más relajada, compartió en Instagram un carrusel de fotos con recuerdos de su gira. Entre las imágenes hubo una selfie con Nicki Nicole y también una captura del mapa que mostraba la última ubicación de su iPhone, detalle que rápidamente llamó la atención.
Sorpresa
Pero lo que terminó de hacer estallar las redes fue lo que pasó en los comentarios. Entre los mensajes, apareció Lali Espósito con su clásico humor y lanzó: “Fue un honor explicarte dónde quedaba La Matanza”. El ida y vuelta no tardó en llegar, y Judeline respondió con pura emoción: “jajajjaja yo te amooo dios mío”.
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Entre los mensajes, apareció Lali Espósito con su clásico humor y lanzó: “Fue un honor explicarte dónde quedaba La Matanza”.
La interacción no sorprendió del todo: durante su visita, la española ya había elogiado a Lali en distintas entrevistas. “Lali me encanta, me parece icónica. Sobre todo la amo como persona”, había confesado, ubicándola entre sus referentes dentro de la música argentina.
Como broche de oro, días después la propia Judeline confirmó en la red social X que logró recuperar su teléfono, aunque sin dar detalles. Así, entre música, risas y un celular perdido —y recuperado—, su paso por el país terminó siendo tan caótico como inolvidable.