UN GRANDE DEL DEPORTE

10 años sin Muhammad Ali: la vida del boxeador más grande de la historia y el recuerdo de sus picantes visitas a la Argentina

A 10 años de aquel 3 de junio que enlutó al deporte, recordamos la metamorfosis del joven Cassius Clay en el símbolo global de la resistencia. Entre títulos mundiales y su batalla final contra el Parkinson, Ali se erigió como un líder que prefirió el exilio antes que traicionar sus principios

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A diez años de aquel 3 de junio en que el mundo se detuvo, el eco de su voz todavía parece retumbar en los gimnasios de Louisville y en las selvas de Kinshasa. No recordamos hoy a un simple deportista, sino al hombre que, en un envase de un metro noventa y tres, convirtió la elegancia, la precisión y la contundencia en una marca registrada de la condición humana. Muhammad Ali no solo boxeaba; él habitaba el tiempo y el espacio con una arrogancia necesaria, recordándonos que el boxeo nace en las piernas, pasa por la cabeza y termina en los puños.

Todo gran mito tiene un génesis terrenal. El de Ali comenzó con una pequeña tragedia infantil: el robo de su bicicleta roja cuando apenas tenía 12 años. Entre lágrimas y promesas de venganza, un policía llamado Joe Martin le dio el primer consejo que definiría su vida: "Si quieres darle su merecido a alguien, primero tendrás que aprender a boxear". Sin embargo, su verdadera maestría no nació solo en el gimnasio, sino en el patio de su casa. Su hermano Rudy recordaba cómo Ali le pedía que le lanzara piedras; el niño Cassius las esquivaba todas, una tras otra, puliendo esos reflejos que años después dejarían a los gigantes del peso pesado lanzando golpes al aire. Ali aprendió a no ser golpeado antes de aprender a golpear, entendiendo que el boxeo era, ante todo, el arte de la defensa.

Muhammad Ali desafiante ante un Sonny Liston derrumbado. Una foto icónica

El cambio de su nombre

"Flota como una mariposa, pica como una abeja". Esa no era solo una frase publicitaria, era su declaración de principios en el ring, un estilo poco ortodoxo de manos bajas y bailoteo constante que desafiaba todas las leyes de la categoría. Pero su pelea más valiente no ocurrió bajo las luces del Convention Hall de Miami tras vencer a Sonny Liston en 1964. Ocurrió en su fuero interno cuando decidió que Cassius Clay —nombre que consideraba "de esclavo"— debía morir para que naciera Muhammad Ali. "Ya no soy más aquel negro de Kentucky. Pertenezco al mundo de la raza negra", sentenció, dejando claro que su identidad no estaba a la venta. Este acto de rebeldía lo llevó a tirar su medalla dorada de Roma 1960 al río Ohio después de que le negaran el servicio en un restaurante para blancos; de nada servía ser un héroe olímpico si seguía siendo un ciudadano de segunda en su propia tierra.

El silencio de un objetor de conciencia

En 1967, cuando estaba en la cima de su poder físico, Ali se enfrentó a un enemigo que no usaba guantes: el gobierno de los Estados Unidos. Su negativa a combatir en la guerra de Vietnam fue un golpe de KO a la conciencia social de su época. Con su lengua filosa, disparó la frase que lo condenaría al ostracismo deportivo: "No tengo problemas con los Viet Cong. Ningún Viet Cong me ha llamado nigger". Le quitaron su título, su licencia y sus mejores años, pero ganó una estatura moral inalcanzable. Durante ese exilio forzado, Ali no se quebró; se convirtió en la voz de los que no tenían voz, un líder social que entendió que su responsabilidad histórica iba mucho más allá de las cuerdas de un cuadrilátero.

Washington, febrero 11 de 1980. Ya retirado, Muhammad Ali, estrecha las manos con el presidente Jimmy Carter en la Casa Blanca.

El umbral de la muerte en tierras lejanas

Su regreso fue una odisea de carne y hueso. Desde la épica batalla contra el argentino Ringo Bonavena, que mantuvo en vilo a todo un país frente al televisor, hasta sus guerras fratricidas con Joe Frazier. Fue en Manila, bajo un calor insoportable de 40 grados, donde Ali admitió haber estado "lo más cerca de la muerte" que jamás estuvo. En Zaire, durante el "Rumble in the Jungle", utilizó la técnica del Rope-a-Dope para cansar a un George Foreman que parecía invencible, demostrando que su inteligencia era tan letal como su pegada. Ali recuperó la corona cuando el mundo ya lo daba por terminado, sacudiendo los cimientos del deporte una vez más.

: Columbia Pictures. Muhammad durante la conferencia de prensa, previa a la filmación de la película basada en su vida. Pulseando con Lee Majors, estrella de la serie televisiva El hombre nuclear.

Su visita a la Argentina
 

En 1979, Buenos Aires fue testigo de una imagen que parecía arrancada de un Olimpo de guantes y sudor. En el mítico cuadrilátero del Luna Park, la "Catedral del Boxeo" argentina, Ali no subió a pelear, sino a recibir la rendición incondicional de un pueblo que lo había adoptado como propio mucho antes de verlo llegar. Allí, rodeado por una guardia de honor compuesta por nuestros propios dioses —Nicolino Locche, Víctor Galíndez, Horacio Accavallo y Miguel Ángel Castellini, entre otros—, el hombre que había "sacudido al mundo" se dejó abrazar por el afecto porteño bajo la mirada atenta de Tito Lectoure. Fue un pacto de caballeros: el reconocimiento de las leyendas locales al monarca que, años antes, había protagonizado contra Ringo Bonavena aquella batalla neoyorquina que paralizó al país con un rating casi irreal de 79,3 puntos.

En su visita a la Argentina, presentado por Tito Lectoure.  A su lado, campeones argentinos como Nicolino Loche, Víctor Galíndez, Miguel Castellini y Horacio Accavallo.

Fuera de las luces del estadio, Ali mostró esa faceta humana y lúdica que lo hacía irresistible. Se lo vio en la televisión argentina, en un encuentro entrañable con Hugo "El Loco" Gatti, donde el campeón del mundo de los pesados se permitió jugar con el pequeño hijo del arquero, Lucas, demostrando que su ferocidad en el ring era solo el envase de un hombre capaz de una ternura absoluta. En esas calles de Buenos Aires, Ali no era el "oso feo" que provocaba a sus rivales, sino un embajador de la paz que, incluso con el peso de los años empezando a asomar en su cuerpo, seguía flotando con la gracia de quien sabe que su legado ya no pertenece a un solo país, sino a la historia misma de la humanidad.

La vida personal de Muhammad Ali fue, según las fuentes, tan intensa y compleja como su carrera en el ring. Se lo describe como un hombre "superinestable" en lo sentimental, que a pesar de haber tenido numerosas esposas e hijos, terminó sus días sintiéndose un hombre muy solo.

Muhammad Ali junto a Cherquis Bialo que le hizo una recordada entrevista

Durante su visita a Buenos Aires en noviembre de 1971, Muhammad Ali participó en el programa de televisión "Los doce del signo", conducido por el astrólogo Horangel, quien le planteó un dilema que puso a prueba su perspectiva sobre la moralidad y la raza. Ante la pregunta de a quién elegiría entre dos personas buenas, una blanca y otra negra, o entre una persona blanca buena y una negra mala, Ali respondió con contundencia a través de su intérprete: "si las dos son buenas, elijo a la negra; si la negra es mala, me quedo con la buena persona". Esta respuesta, que evitaba favorecer a ambas personas buenas por igual y omitía mencionar el color de la "buena" en el segundo caso, reveló a los espectadores la compleja y dura experiencia racial que el boxeador arrastraba de su vida en los Estados Unidos.

Alí junto a Horangel

 

 

Sus cuatro matrimonios y sus hijos

  • Sonji Roi (1964-1966): Fue su primera esposa, una camarera a la que conoció solo un mes antes de casarse. El matrimonio fracasó rápidamente debido a las objeciones de ella hacia las costumbres musulmanas que Ali había adoptado. No tuvieron hijos.
  • Belinda Boyd (luego Khalila Ali) (1967-1977): Se casaron tras la conversión de ella al islam. Con ella tuvo cuatro hijos: Maryum (1968), las gemelas Jamila y Rasheda (1970) y Muhammad Ali Jr. (1972). 
    Muhammad Ali posa con su esposa Belinda Boyd y sus hijos a las afueras de su campo de entrenamiento en Dear Lake, Pensilvania..

     

  • Veronica Porsche (1977-1986): Ali comenzó su relación con esta actriz y modelo mientras aún estaba casado con Belinda. De esta unión nacieron dos hijas: Hana y Laila. Esta última, Laila Ali, seguiría los pasos de su padre convirtiéndose en boxeadora profesional en 1999, a pesar de que Muhammad Ali se oponía públicamente al boxeo femenino.
  • Yolanda "Lonnie" Williams (1986-2016): Fue su última esposa y amiga desde la infancia en Louisville. Juntos adoptaron a un niño llamado Asad Amin cuando este tenía cinco meses de edad.
  Filadelfia 1/29/70. Ali se afeita en su baño en su casa en Filadelfia.

Hijos extramatrimoniales

Las fuentes también registran que Ali tuvo otras dos hijas reconocidas de relaciones fuera de sus matrimonios: Miya y Khaliah. En total, se le reconocen nueve hijos: siete mujeres y dos varones.

El trasfondo familiar de su infancia

Su propia infancia estuvo marcada por un hogar complejo. Su padre, Cassius Marcellus Clay Sr., era un pintor de letreros descrito como un hombre "fiestero", alcohólico y "complicado", que solía llevar otras mujeres a la casa, lo que generó un ambiente familiar difícil para el joven Ali. Su madre, Odessa Grady, era ayudante del hogar y, a diferencia de su esposo, era una mujer devota que se encargó de la educación religiosa de Ali y su hermano menor, Rudolph "Rudy" Clay.

 Muhammad Ali y el actor Ernest Borgnine (interpretando a Angelo Dundee, el entrenador del boxeador) en el set de la película de 1977, Yo, el mejor.

El hombre de las mil facetas y el fuego final

Detrás del mito, habitaba un hombre complejo, a veces inestable y profundamente humano. Sus cuatro matrimonios y su numerosa descendencia retratan a un ser que buscaba constantemente afecto y pertenencia, a menudo sintiéndose solo a pesar de la multitud que lo rodeaba. Su caída fue dolorosa de ver; ese último combate contra Larry Holmes, donde su antiguo sparring lloró al castigar a un ídolo ya lento y sin reflejos, fue el triste preludio de su batalla más larga: el Parkinson.

Sin embargo, Ali nos regaló una última imagen de gloria eterna en Atlanta 96. Con las manos temblorosas pero la mirada firme, encendió el pebetero olímpico ante la ovación más desgarradora de la historia del deporte. Fue el perdón de una sociedad que alguna vez lo persiguió y el reconocimiento final al "más grande". A diez años de su partida, recordamos que Muhammad Ali no murió aquel junio de 2016; simplemente terminó de convertirse en la leyenda que siempre supo que sería. Como él mismo dijo alguna vez con esa humildad imposible que solo los genios poseen: "Soy el mejor. Lo dije incluso antes de saber que lo era".

Logros en la etapa Amateur

Medalla de Oro Olímpica: Alcanzó la gloria internacional a los 18 años al ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma 1960, en la categoría de peso semipesado.

Títulos Nacionales: En Estados Unidos, obtuvo seis títulos del Golden Gloves de Kentucky, dos campeonatos nacionales del Golden Gloves y un título de la Unión Atlética Amateur (AAU).

Récord Amateur: Cerró esta etapa con un historial sobresaliente, registrando aproximadamente 100 victorias y solo 5 derrotas (aunque existen recuentos que varían ligeramente).

Logros en la etapa Profesional

  • Campeón Mundial Indiscutido: Fue el único boxeador en conquistar en tres ocasiones el título de campeón indiscutido de los pesos pesados (1964, 1967 y 1974).
  • Campeón Lineal: Se convirtió en el único en ganar tres veces el campeonato lineal (1964, 1974 y 1978).
  • Hito Histórico (WBA): Fue el primer boxeador en conquistar cuatro veces un título mundial de peso pesado de la Asociación Mundial de Boxeo (en 1964, 1967, 1974 y 1978).
  • Récord de Victorias: Finalizó su carrera con 56 victorias (37 de ellas por nocaut) y 5 derrotas.
  • Defensas del Título: A lo largo de sus tres reinados, realizó un total de 19 defensas exitosas de su corona mundial.
  • Grandes Batallas: Derrotó a 10 campeones del mundo y protagonizó combates legendarios como el "Rumble in the Jungle" contra George Foreman y la trilogía contra Joe Frazier, incluyendo el épico "Thrilla in Manila".
  • Reconocimientos y Distinciones
  • Deportista del Siglo XX: Recibió este título por parte de la BBC y Sports Illustrated.
  • Boxeador del Año: Es el único boxeador nombrado "Luchador del Año" en seis ocasiones por la prestigiosa revista The Ring.
  • Salón de la Fama: Fue ingresado al Salón Internacional de la Fama del Boxeo en 1990.
  • Rey del Boxeo: En 2012, el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) lo declaró oficialmente como el "Rey del Boxeo".