Julián Domínguez:

JULIÁN DOMÍNGUEZ, CANDIDATO A GOBERNADOR BONAERENSE

Julián Domínguez: "El cristianismo en el que me formé me llevó a descubrir el peronismo"

Julián Domínguez: "El cristianismo en el que me formé me llevó a descubrir el peronismo"

Amigo personal del Papa Francisco, estuvo a punto de ser cura hasta que se dedicó a la política. Fue intendente de Chacabuco, ministro de Agricultura de la Nación y presidente de la Cámara de Diputados. Hoy quiere gobernar la provincia para hacer una verdadera revolución que convierta al campo en una industria

Hijo único de una madre humilde que lo crió sola y estuvo a punto de ser cura. Así podría comenzar la biografía
de Julián Domínguez, este hombre nacido en Chacabuco hace 52 años que hoy disputa con Aníbal Fernández el puesto de gobernador por el Frente para la Victoria. A esto llega luego de ser intendente de su ciudad, ministro de Agricultura de la Nación y presidente de la Cámara de Diputados.

-¿Cómo fue su infancia?
-A los 8 años empecé a laburar, mi vieja era portera de una escuela, no teníamos donde vivir y yo ayudaba en casa. Mis padres se habían separado; mi viejo era alcohólico y murió cuando yo tenía 22 años. El se quedó solo.
El viejo tuvo una vida muy triste. Mi vieja hacía que yo lo fuera a ver todos los fines de semana.
Pero el estaba muy mal. Primero vendí helados, después lavé copas, paré palos de bowling, todos los laburos que podía tener. También repuse en un supermercado y barrí veredas. 

-¿Cómo empezaste a militar?
-A los 12 años, cuando empecé la secundaria y a trabajar en el estudio jurídico de Jorge Barrientos, y ahí comencé a militar en la parroquía con el cura Zaccardi, que me dio una beca en la escuela parroquial.
Así era que estudiaba a la mañana y trabajaba de tarde. Mi adolescencia fue una linda adolescencia. Aunque pasamos por un gran dolor: durante la dictadura mataron al cura junto a siete dirigentes de la parroquia, y quedamos a cargo de todo siendo muy chicos. Mi formación fue una formación vinculada a la teología
de la liberación y a toda la corriente latinoamericanista. Entendíamos que ese cristianismo y el peronismo estaban emparentados. Uno me llevó a descubirir al otro. En el 82, cuando terminé la secundaria, me tocó la Guerra de Malvinas.

-¿Dónde estuviste?
-Estuve en el teatro de operaciones del Atlántico Sur en Río Gallegos. En Piedrabuena. Fue un momento duro. Pero lo viví muy intensamente. Viví el momento límite de mi vida y entendí el valor de la vida. Llegó un momento en el que tuve ganas de ir a combatir porque no aguantaba más la simulación de operativos y de ataques. En el ‘83, después de terminar el servicio militar, me instalé en Buenos Aires para estudiar abogacía. La verdad era que no me alcanzaba la guita para pagar las pensiones y muchas veces tuve que dormir en una plaza o en alguna estación de trenes. Después un amigo me ofreció hospedaje, pude terminar el ciclo básico común y conseguí un trabajo firme. Y así pude militar y estudiar. Por las vueltas de la vida tuve que dejar de estudiar y recién en 2013 me recibí de abogado. 

-¿Te gustaba realmente la abogacía?
-Por mi vocación, mis dudas estaban entre hacerme cura o dedicarme a la política. Y al final elegí la política. También me gustaba la docencia. En cuanto a la abogacía la elegí porque podía servirme en la militancia. 

-Se dice que sos muy amigo del Papa Francisco y que siempre mantuviste tu vínculo con Jorge Bergoglio, aún cuando estaba peleado con el Gobierno.

-Mi relación era anterior, de mi época juvenil en la Iglesia. Y lo seguí viendo siempre. Una sola vez discutí con él:, el día que Bergoglio me dijo que veía sangre en Plaza de Mayo. Entonces me enteré que dos días antes había estado con Lilita Carrió. Así que le dijimos: “Usted está loco. Ella lo está volviendo loco”. Creo que después se dio cuenta de quien era Lilita y las cosas que decía. 

-¿Cuántos hijos tenés?
-Tengo seis chicos. Cinco de mi anterior matrimonio, uno de ellos adoptado, y mi señora tiene un hijo. Así que son seis. Julito tiene 18 años, Agustín 22, Florencia y Francisco 23, Tomás 24 y Sebastián 22. 

-Con Andrea, tu mujer, se casaron hace poco...
-Sí, nos juntamos cuando asumí como ministro de Agricultura en 2009. Yo estaba separado desde hacía bastante. Y hace dos años decidimos casarnos. 

-¿Tu mamá vive con vos?
-No, mi vieja viene un rato y se va. No le gusta acá. Ama Chacabuco.

-¿Extrañás el pueblo?
-Extraño. Cada vez que puedo voy. Casi todos los fines de semana. Menos ahora que estamos en campaña y hay que trabajar con todo. 

-Supongamos que uno elige a Scioli. como presidente ¿Por qué habría que votarte a gobernador y no a Aníbal
Fernández? 

Para gobernar se necesita tener capacidad de dialogo y conducir a las mayorías. Y esencialmente tenemos la capacidad de dialogo para sumar a todos los actores sociales Con Fernando (Espinoza, intendente
de La Matanza y candidato a vicegobernador) tenemos el coraje que hace falta para realizar los cambios que necesita la provincia. Como eje central tenemos la lucha contra el narcotráfico y, contra eso, se lucha con inteligencia organizada y decisión política. En materia educativa queremos avanzar en la doble jornada, una
estrategia muy intensa que es capacitar a los 20.900 directores de escuelas, trabajar en la capacitación de los inspectores y empezar un plan de capacitación de la educación que tiene tres ejes: Una visión emancipadora, democrática y productiva. Emancipadora en cuanto a la capacidad de desarrollarse de los chicos, integrarse y
crecer, y autonomía a la hora de tomar decisiones. Democrática porque vivimos en una sociedad plural y productiva que tiene que estar vinculada a la pata de desarrollo de producción del país. En salud, tenemos
un plan que reunirá la historia clínica de los 15 millones de bonaerenses, que podrán agilizar sus trámites con una tarjeta magnética; así tendremos la historia clínica de cada bonaerense sumando el sistema público, el privado y el mixto. Nuestros equipos vienen trabajando desde hace más de dos años con los rectores de las universidades de la Provincia de Buenos Aires y la comunidad académica en toda la innovación del futuro.

-De un tiempo a esta parte, había aflojado el conflicto con el campo. Ahora parece que hay asambleas y cortes de ruta, ¿creés que las elecciones van a llegar acompañadas de conflictos rurales?
-Quienes somos del Interior sabemos que el reclamo del campo es una actitud permanente. Si no hay reclamo no hay campo. Es natural. Forma parte de la idiosincracia. A veces hay que comerse la sequía, las dificultades del suelo y las cosechas que fracasan. El hombre del campo está luchando todos los días contra la adversidad.
Los cortes son expresiones de algunos sectores. No creo que vayamos a llegar a esa situación. Hay reclamos justos y cada sector utiliza los instrumentos que tiene para hacerse oír. Eso forma parte de una sociedad que está viva, que está despierta. Es una sociedad democrática que tiene reclamos. Y a nosotros nos corresponde tener la capacidad de escuchar. Y hay reclamos que pueden tener solución, particularmente el tema del trigo, como lo hubo. Y hay reclamos que son más complejos. Quien conduce debe garantizar el bien común.
El interés general. A mí no me preocupan los reclamos y en eso vuelvo a lo que dije antes, lo importante es la capacidad de escuchar y la visión innovadora. Lo que nos falta en la provincia de Buenos Aires y queda como punto pendiente en la Nación es la construcción entre los productores asociados en cooperativa, pequeños, medianos y grandes, de la mayor participación en el comercio exterior de granos. Si nosotros no avanzamos en un proceso de industrialización del campo, de generación de valor agregado, como se hizo en Villa María, Córdoba, donde se invirtieron más de 140 millones de dólares en el proceso de industrizalización del maíz y generaron un valor agregado tres o cuatro veces mayor al precio de origen, vamos a terminar en la misma historia de nunca acabar. Nosotros sabemos cómo hacerlo y tenemos a los hombres más preparados para llevar adelante el sector de acuerdo con las cooperativas que hoy manejan el 11 por ciento del comercio exterior del campo. Esto es otra diferencia con la otra formula, porque yo soy del Interior y conozco el Interior. 

-La izquierda critica al kirchnerismo porque durante estos doce años el gobierno dependió del monocultivo de la
soja y los latifundios no se modificaron. ¿Por qué no hay créditos para fomentar cooperativas que industrialicen el campo? Hasta cuando va a seguir siendo más negocio alquilar la tierra a los pooles siembra que trabajarla?

-Los créditos están, lo que falta es que las cooperativas participen más en el comercio exterior de granos. Algo que no sucedió hace diez años, cuando la renta era muy importante y muchos prefirieron alquilar los campos. Pero eso, no era genuino y con la baja de los precios iban a terminar cayéndose. Lo genuino es y será cómo se
industrializa el campo. Por eso, digo que lo importante es agregarle valor. La industrialización es el desafío. La industralización del campo es lo que va a dar valor agregado como plantea Daniel Scioli. Esa es otra diferencia con la otra formula, porque la capacidad de dialogo va a ser central para lograrlo. Y las universidades son las que están preparadas para incorporar las nuevas tecnologías al sistema de producción. 

-Esto es lo que siempre se promete a la hora de las elecciones para bajar la superpoblación del Conurbano y apostar a ciudades con mejor calidad de vida... Pero después nadie más habla del tema.
-Pero no está bien, porque es uno de los graves problemas de la Argentina y sus dirigentes. Como dejamos de mirar al país, como dejamos de mirarnos a nosotros mismos, poco nos importó lo que pasaba adentro. La política de desconcentración, el “buen vivir”, es central. Debemos desconcentrarnos y generar condiciones en el
Interior y así dificultar la concentración en los grandes centros urbanos. Pero esto no puede ser la tarea de un gobernador, ni de un municipio. Porque todos los municipios van a pelear para generar industrias. Esto tiene que ser una política nacional y en esto sí le vamos a pedir al presidente Scioli para que la industrialización vaya al Interior y no sea sólo se de Buenos Aires.

-Cuando se habla del productor del campo, ¿sus organizaciones tienen en cuenta la contaminación por fumigación, que a veces terminan con muertes por cáncer, como Ituzaingó en córdoba y San Salvador en Entre Ríos?
-Sí, hoy forma parte de la agenda de las grandes organizaciones. Tienen conciencia de que se pueden envenenar. Por eso muchas provincias están votando normas y protocolos de fumigación, que es lo que
hay que hacer, y hacerlo cumplir. Determinada fumigación aerea tiene que tener determinada distancia de los poblados. Lo contaminante es la practica inadecuada.
Hay estudios de la UBA que lo dicen. Nadie quiere perjudicar a la población. Nosotros podemos decir con satisfaccion que, en materia de biotecnología, con la semilla de soja resistente a la sequía le ganamos una batalla a Monsanto. Lo que es importante en la política agropecuaria es no tratar por igual a quienes son diferentes. Hay un error cuando se trata igual al pequeño, al mediano y al grande. No es así. 

-En cuanto a la inseguridad, ¿cómo va a ser la inversión en tecnología y en personal para la prevención del delito?
-En la política de seguridad el primer error es policializar todo. O sea de 209 mil instrucciones penales preparatorias, el 50 por ciento se cae porque están mal hechas, es decir, no tienen imputados, hay fraudes
en los procesos, y demás. Por eso es necesario la creación de la Policía Judicial, que permita la más rápida intrucción. Por otra parte, de los 3000 mil pibes de entre 16 y 18 años que están bajo regimen de medidas judiciales, 500 están presos, 2500 con medidas de seguridad fuera de la cárcel. Ahora viene lo importante porque los datos son que el 35 por ciento no terminó tercer grado, el otro 25 por ciento no terminó el septimo grado viejo, el otro 34 por ciento no terminó el tercer año y sólo el 1 por ciento terminó la secundaria. El
comportamiento del delito está directo vinculado al tipo de contención y educación escolar. Por eso es importante avanzar en la doble jornada. Hasta ahora se llegó al 10 por ciento, en la próxima década hay que
llegar al total de la doble jornada. Dicho esto, la Policía comunal y la de la provincia sigue existiendo con su sistema como tal, a las comunales, en cambio, hay que darle su creación por ley. Y el tercer componente es
la planificación estratégica de la lucha contra el delito. No podés combatir al delito si no se tiene información. El gran problema es pensar que la política de seguridad se construye con improvisación. Se construye a partir del análisis de comportamiento y ahí juegan un papel central los centros de monitoreo que tiene que tener cada municipalidad, coordinado con la región. El otro componente es el control social. Los foros de seguridad fueron un lugar interesantisimo de participación social. Este es un proceso de síntesis de los últimos 30 años en la provincia, se consolidó la Policía Comunal, que era un reclamo de hace muchos años. Ahora hay que profundizar la capacitación, controlar la evaluación y establecer una clara línea divisoria de control social: Al buen policía, estimulo y premio; al mal policía que utiliza la ropa para robar, delinquir afuera o lucrar, castigo. En
eso hay que ser muy rápido. Porque la resolución del problema de la inseguridad, es de todos, por eso tiene que estar el Concejo Deliberante y la sociedad en su conjunto. Si un pibe cruza el umbral del delito, se perdió la batalla. La estrategia es la prevención.

Julián Domínguez: "El cristianismo en el que me formé me llevó a descubrir el peronismo"