Adela Montes: “Conozco a Goldy desde 1943 y tengo un dolor inmenso”

TRISTEZA INFINITA

Adela Montes: “Conozco a Goldy desde 1943 y tengo un dolor inmenso”

Adela Montes: “Conozco a Goldy desde 1943 y tengo un dolor inmenso”

La reconocida periodista de espectáculos mantenía un estrecho vínculo con Silvia Legrand e incluso habían hablado por teléfono la semana pasada. Su doloroso recuerdo.

A lo largo de los más de 70 años ininterrumpidos que lleva trabajando como periodista, Adela Montes (91) ha logrado entablar lazos personales muy estrechos con distintas figuras del mundo del espectáculo. Con Silvia Legrand, por ejemplo, se conocieron en sus años de adolescentes y nunca más perdieron el contacto. Por eso hoy Adelita no encuentra consuelo ante el fallecimiento de Goldy, tal como apodaban cariñosamente a la hermana gemela de Mirtha Legrand. La mujer tenía 93 años, estaba retirada hacía mucho tiempo de la actividad artística y murió el pasado viernes 1° de mayo mientras dormía la siesta en su casa de Martínez.

-¿Cuándo hablaste con Goldy por última vez?

-Hace pocos días. La semana pasada la llamé a Silvia porque daban El juego del amor y del azar, una película de Leopoldo Torres Ríos que Silvia protagonizó en 1944. Estuvimos hablando largo y tendido y por eso me quedé tan apenada con esta noticia. Todavía no lo puedo creer (Adela se emociona).

-¿Cuándo se conocieron?

-En el año 1943, que fue cuando empecé a pedir autógrafos y conocí a Silvia y a Mirtha en la puerta de Radio Splendid. Eramos chicas como ellas, todas muy jovencitas. Yo trabajaba en una fábrica por la mañana, luego iba a aprender taquigrafía a una academia y de ahí me iba a la puerta de Radio Splendid a conocer en persona a los artistas de la época que entraban o salían. Ese día, en esa audición propiciaron en club de Mirtha y Silvia Legrand, entonces todas las chicas nos hicimos socias del club de fans.

-¿Qué te pasó cuando las conociste? Tenían una belleza obnubilante.

-Eran hermosas. Eramos chicas, todas muy jovencitas y si bien tenían caritas lindas, todavía no estaban del todo definidas. La belleza la fueron teniendo con el tiempo pero sí: eran muy lindas, no con la cara lavada como la mía que es bastante impersonal. Ellas entraban, nos firmaban el autógrafo y seguían; no trabábamos mucha amistad pero sí nos conocíamos. Después, con el tiempo, nos empezamos a conocer más. Incluso cuando Silvia se casó, fui a la iglesia.

-¿Participaste de su casamiento?

-Yo ya trabajaba como periodista y fui a la Iglesia de la Merced, que es donde se casaban los militares, allí en el Microcentro sobre la calle Reconquista y ahí se casó Silvia. Cuando se casó, desapareció completamente y nos volvimos a ver cuando ella reapareció, que volvió a tomar otra vez el camino de los artistas. Siempre me atendió con un cariño inmenso y cuando hablábamos, me hacía notar que me había tenido siempre muy presente. A lo largo de los años, tuvimos una relación muy cordial y muy querida. Cuando ella se enteró que había muerto mi hermana, me llamó y siempre estuvo muy atenta.

-Quienes la conocieron coinciden en lo solidaria que era.

-¡No sabés! Solidaria y muy atenta, siempre pendiente de cada detalle. Muy generosa incluso con sus compañeros artistas. A mí me llamaba mucho para preguntarme cuando se enteraba que algún actor tenía un problema de salud. Cuando se enfermó la actriz Teresa Blasco, a quien luego internaron en un geriátrico, recuerdo que Silvina me escribió una cartita preguntándome si necesitaba algo y qué podía hacer por ella. También con Jorge Salcedo, que fue un galán maduro de aquellos, a quien internaron en un psiquiátrico donde luego murió y Silvia me escribió para ayudar y me preguntó si tenía contacto con su señora para darles una mano. ¡Imaginate si era solidaria! Siempre quería hacer algo o colaborar en lo que pudiera.

-La gran duda: ¿Es Goldie o Goldy?

-No, no: es Goldy, con Y. Muchos medios escribieron siempre Goldie pero está mal. Ella se hacía llamar Goldy e incluso tengo sus autógrafos donde firmaba Goldy.

-¿Se veían personalmente?

-Sí. Además de seguirla siempre por teléfono, también nos veíamos en la casa de Olga Zubarry, que solía hacer tés para cuatro o cinco personas. Yo siempre era abonada porque nos queríamos muchísimo con Olga y teníamos charlas bien de teatro y de épocas pasadas. Invitaba casi siempre a Silvia Legrand y nos veíamos cada dos meses con ella, Jorge Luz, Duilio Marzio y Elena Lucena. O en eventos, como cuando debutó en teatro Julieta Magaña y fueron Mirtha y Silvia porque se querían mucho con Angel Magaña. Goldy fue con la condición de que no le sacaran fotos, aunque estaba muy bien físicamente pero era más sencilla y quería mantener el perfil bajo.

-¿Alguna anécdota para recordar con Goldy?

-Tanto Goldy como Chiquita siempre fueron muy memoriosas y se entretenían hablando sobre cosas del pasado y recordando actores más de segunda línea que habían trabajado con ellas. Jugaban a ver quién recordaba más esos nombres y si a veces se trababan con alguno, Goldy me llamaba a mí por teléfono para preguntarme. La semana pasado, de hecho, la llamé para que viera su película que la iban a dar y me agradeció porque no la había visto desde que se estrenó. Fue la última película que hizo antes de casarse y como su marido era militar, se fueron al interior y allí no había cine.

-¿Cómo la vas a recordar?

-Ay, no, no tengo consuelo… Me deja tranquila saber que no sufrió y que se fue en paz, mientras dormía. Ella me contaba que el día que murió su hermano Josecito, ella estaba en lo de Chiquita, eran ya las 8 de la noche, se iba a ir a su casa pero sintió que tenía que pasar por el sanatorio. Fue a verlo al hermano y pidió tanto en la guardia que la dejaron pasar. Y el hermano murió ahí, al rato. No tenía consuelo y yo siempre pensaba: “Silvia no va a aguantar sin su hermano porque cada vez que hablábamos, ella no paraba de mencionarlo”. Hace poco, le mandé un montón de recortes de notas de Josecito y se lo envié con un chocolate. Me llamó para agradecerme y me dijo cosas tan lindas. Era una mujer muy cálida y ya te digo: siempre llamaba y trataba de averiguar cuando se enteraba que un actor estaba mal y trataba de ayudar, muchas veces a través de su hermana Mirtha, que tiene mucha injerencia en el Hospital Fernández como Presidenta Honoraria.

-Todos coinciden en el don de gente de Goldy

-Ay, sí, era un ser extraordinario. Como dice siempre Graciela Borges, era un ser de luz, fuera de serie. Tiene un montón de nietos y bisnietos y estaba pendiente de toda la familia, de sus amigos, de los artistas y de su hija que vive en Paraguay. La voy a recordar como un ser muy cariñoso y fuera de serie. Y le mando todo mi amor a Mirtha, que tuvo que despedir a su hermana de una manera diferente, sin poder ir al velorio por el coronavirus pero sé que siguió todo a través del Skype. Ya te digo, me consuela saber que Goldy tuvo un final sin dolor y es un poco la muerte que deseamos todos.

Por Nico Peralta

Adela Montes: “Conozco a Goldy desde 1943 y tengo un dolor inmenso”