Pete Doherty:

MÚSICA

Pete Doherty: "El mundo es un caos, pero aún así descubro lugares para escribir"

Pete Doherty: "El mundo es un caos, pero aún así descubro lugares para escribir"

El trovador rockero inglés, de paso por Buenos Aires donde mostró por primera vez la resurrección de su banda The Libertines en sendos shows en el Festival BUE y en M.O.D.

Se ve quieto pero nunca se detiene. Es apacible y parece no preocuparse por los cánones pre-establecidos, ni moverse acorde al reloj. Es amistoso y mantiene intacta la cortesía inglesa. Es, por fuera, como la calma antes del temporal aunque la tormenta esté ocurriendo en ese preciso instante dentro de su cabeza, donde las ideas no se someten. Pero es sobre el escenario donde Pete se transforma y esa aparente pasividad desaparece.

No quedaron dudas de eso después de la actuación de The Libertines, banda que lidera junto a Carl Barat, durante el BUE. Esa fue la primera vez, desde su formación en 1997, que el cuarteto pisó el país. Casi dos décadas después, la banda replica el mismo sonido rebelde, desprolijo y encantador que supo captar la atención en sus primeras grabaciones, y genera, en su público, una euforia que no es fácil de transcribir en palabras.

"Siento que estoy viviendo un sueño extraño", manifiesta con decisión el artista británico, como continuación de la entrevista que había comenzado el viernes en el último piso del hotel en que se hospeda y que se continuó el domingo en su jardín. Segundos después de contemplar esa suerte de deja vu, puntualiza: "es como si hubiese estado acá antes pero en realidad no conozco nada".

Tras el regreso de Barat, John Hassal (bajo) y Gary Powell (batería) a Inglaterra, Doherty decidió tomarse unos días de vacaciones y ofrecer -sobre la marcha- un par de conciertos acústicos en M.O.D. para la gente que no había podido verlo en Tecnópolis.

El show del viernes fue un festivo repaso por su carrera con The Libertines, Babyshambles, su proyecto en solitario y algunos homenajes a Pet Shop Boys, The Beatles y Neil Young; el del sábado fue similar, salvo que con una cuota de anarquía, algunas canciones inconclusas y desobediencia, condimentos que convirtieron la presentación en una reunión entre amigos.

"Me sentía un poco jodido porque no había dormido y no quería dar el concierto", confiesa sobre el recital del sábado. "Había disfrutado mucho del primer recital, la gente había sido genial. No te puedo decir qué fue lo que me hizo sentir así de perturbado. Pude tomármelo de otro modo cuando me dijeron que habían venido a verme de otras partes. Sabía que estaban de mi lado. No sé por qué me siento así con el público, no sé cómo explicarlo, porque lo que hago es lo que quiero hacer y esta es mí vida", se disculpa en parte como catarsis pero también como una suerte de análisis.

 "Tengo que encontrar un lugar donde pueda disfrutar sin estar en situaciones ridículas, porque al final me siento frustrado como artista y como hombre", desliza al desentrañar la última experiencia en vivo.

Se lamenta sobre el modo en que viven las sociedades, dice que no es propicia para el hombre que quiere ser, discute sobre lo increíble que pueden llegar a ser las redes sociales por su instantaneidad pero, en realidad, él prefiere la vida real, lo que está por fuera de uno, lo que no necesita de la virtualidad.

"Tengo todas estas ideas y la vida por la mitad. Libros que nunca acabaré de leer y lugares que no conocí, canciones que nunca terminé y no quiero más eso", postula mientras inspecciona un frasco con chimichurri y decide en qué trozo del sandwich de vacío lo vuelca.

The Libertines catapultó a Doherty a la masividad; tras el primer álbum, "Up the bracket" (2002) -cuya portada remite a los disturbios argentinos de 2001- la banda se consagró como una de las más prometedores de la escena británica.

"Para mí, la música no es una ecuación ni es multimedia, eso suena a basura. La música es parte de una abanico de posibilidades que tengo que usar porque no me considero necesariamente un músico", se describe Doherty.

Cuando surgió The Libertines, Doherty estaría a cargo de la composición mientras que Barât comandaría la guitarra, pero los planes cambiaron de rumbo y Barât decidió enseñarle a su coequiper a tocar la guitarra: "Éramos jóvenes y snobs. Estábamos orgullosos de no saber leer música", se indigna.

El segundo álbum del cuarteto, "The Libertines" (2004), aparece en medio de los excesos y, tras su lanzamiento, la banda se disuelve. Sin embargo seis años después, los músicos anunciaron el regreso y en 2015 publicaron su tercer registro discográfico su sólido "Anthems for Doomed Youth".

 "Esto una continuación de todo lo que teníamos y de todo en lo que creíamos. Haber escrito el álbum junto a Carl en Tailandia (donde Doherty hacía su tratamiento para desintoxicarse), fue demasiado para nosotros. Ya no salimos juntos y ahora tenemos un espacio acordado para vernos, como un padre al que la justicia le marca un tiempo para estar con su hijo. Es una persona diferente", sostiene y anticipa que probablemente a fin de año comiencen a componer nuevamente.

Sin embargo, reitera que no quiere volver a los viejos tiempos porque para él es sinónimo de etapa de oscuridad y de sufrimiento. "Carl ahora es feliz. Nosotros tenemos la música, la banda y nos necesitamos. La única forma de volver a aquellos tiempos es si un día aparece y dice: 'me divorcié, mis hijos no quieren verme, volvamos a sufrir en un sótano'".

Cuando The Libertines decidió tomarse un respiro, el artista británico se embarcó en una serie de proyectos que no solo contemplaron su faceta musical, en la que dio luz a su proyecto solista y en paralelo a Babyshambles, sino también se dio espacio como escritor, pintor, actor y modelo.

Tras cambiar de manager, debido a algunos asuntos legales, dinámica de trabajo y discrepancias musicales, Doherty se encamina a presentar su segundo trabajo en solitario, "Hamburg Demonstrations", sucesor de su gran "Grace/Wastelands" (2009), a fin de año, aunque ya hay algunos vídeos promocionales en Internet.

¿Cómo encontrás la belleza entre tanta vorágine?

Me creé una especie de fantasía y no puedo permitir que la realidad me asuste porque de ese modo estaría jodido, entonces pretendo no preocuparme. Las canciones tratan sobre eso. En los últimos días, además de los conciertos, me pasé horas mirando mi nuevo grabador y escuchando discos de folclore y tango, es un mundo de ensueño.
La charla se interrumpe con un mate. Lo agarra animado, manifiesta que es la primera vez que lo prueba y empieza a revolver la yerba con la bombilla. Con seguridad, es el primer mate de su vida. Lo toma, observa la bombilla con cuidado. Parece agradarle.

¿Es otra forma de escapar de la realidad?

Me tengo que alejar de la realidad porque crecí dentro del ejército, de acá para allá. Mi padre uniformado, hombres en camiones, hombres con armas, hombres, hombres, hombres… Estaba interesado en la poesía, en la música y la ropa extraña y mi padre me preguntaba constantemente de dónde había salido.

¿Te afectó de algún modo tener una vida nómade?

Disfrutaba mudarme. Un nuevo lugar, una nueva escuela, y de nuevo la fantasía. Podía ser quien quisiese. Con mi hermana, Amy Jo, éramos muy unidos y todo era risa, teníamos un gran problema con el mundo pero aún así era muy fácil divertirnos. Hubo un tiempo en el que todo era mágico. No puedo compararlo ni siquiera con las drogas.

Y ahora que lo mencionás, ¿cómo manejas el tema de los excesos?

Desafortunadamente las drogas tienen una gran parte de mi vida, desperdicié mucho tiempo. En un momento, mi relación con las drogas era como mi relación con los libros y la guitarra, una escapatoria de la realidad. La mayoría de las veces lo manejo bien. Hay otras personas que no pueden manejarlo, otras personas que se preocupan por mí y otras que se preocupan por cómo son las cosas; eso se convierte en una preocupación para mí. Estaría mintiéndote si te digo que no es una lucha pero tengo otros estímulos y cosas que me interesan en la vida.

Fuente: Télam

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