Un repaso por la vida y obra de Romina Yan, a 10 años de su partida

HOY SE CUMPLE UNA DÉCADA DE SU ADIÓS

Un repaso por la vida y obra de Romina Yan, a 10 años de su partida

Un repaso por la vida y obra de Romina Yan, a 10 años de su partida
Debutó en Jugate conmigo porque quería estar más cerca de su mamá, Cris Morena. Se consagró y alcanzó el reconocimiento internacional con Chiquititas. En Telefe conoció a su gran amor, Darío Giordano y fue mamá de tres hijos: Franco, Valentín y Azul. A los 36, una descompensación producto de un aneurisma se llevó su vida. Pero su legado sigue más fuerte con nunca en el recuerdo de su familia, sus compañeros de trabajo y el público .

Fue un 5 de septiembre, allá por 1974. Ese día, mágico e inolvidable, cambiaría para siempre la vida de la joven pareja que conformaban Cris Morena y Gustavo Yankelevich ya que llegaría al mundo su primera hija, Romina, a tan sólo 9 meses de su casamiento. En un pujo vino y en un segundo se fue. Así de simple, así de fuerte y complejo. Después de haber transitado un embarazo con algunas complicaciones, María Cristina De Giácomi –tal el verdadero nombre de Cris- dio a luz a su primogénita de una manera sencilla y casi no tuvo que hacer trabajo de parto: en un pujo vino. Tres años más tarde, el 12 de diciembre de 1977, llegaría su segundo y último hijo, Tomás, para completar el cuadro familiar.

Pero en un segundo todo cambió. El martes 28 de septiembre de 2010, a las 16:10 Romina se desvaneció en la calle a plena luz del día tras haber estado entrenando desde el mediodía en un gimnasio y, pese al trabajo de reanimación que le practicaron durante 50 minutos los médicos del Hospital de San Isidro, la artista falleció. Había sufrido una descompensación producto de un aneurisma y el diagnóstico clínico que emitió la Policía Científica de San Isidro y que entregó a los medios a la salida de la morgue horas después de la tragedia fue: “Paro cardiorrespiratorio no traumático”. La tristísima noticia recorrió el mundo y a Romina la lloraron miles de fanáticos de distintos puntos del planeta, que la conocieron y aprendieron a querer a través de sus entrañables personajes, sobre todo el de Belén Fraga, la dulce directora del hogar Rincón de Luz que se metió en el bolsillo el corazón de quienes seguían tarde a tarde Chiquititas por Telefe. Romina dejaba el mundo a los 36 años con tres hijos chicos: Franco, de 10 años, Valentín de 7 y Azul, de 4, producto de su matrimonio con Darío Giordano, a quien había conocido en Telefe cuando él era asistente de cámaras y con quien se casaría en 1997. 

En 2018, a 8 años de su partida y con motivo de su cumpleaños, Cris Morena decidió homenajearla a lo grande en el Gran Rex, el teatro en el que Romina batió todos los récords y que para ella era algo así como segunda casa. La celebración se llamó ViveRo y fue mucho más que el festejo de su cumpleaños: fue un musical que congregó a los artistas más prestigiosos y reconocidos del país para repasar los hits creados por Morena desde Jugate conmigo hasta Aliados, todos unidos por Romina y con un fin solidario: todo lo recaudado fue donado a la ONG Fundación Sí, que dirige Manu Lozano, para crear una residencia universitaria en el Impenetrable chaqueño y así darle la posibilidad a chicos de bajos recursos de poder completar su educación.

“Lo que estamos viviendo es muy fuerte. Es volver atrás muchos años y tocar cuerdas muy sensibles. Yo digo: ‘Pucha, no tengo que llorar porque es muy alegre todo esto, es alquímico, es transitar el dolor desde un lugar de vida, de servicio y de amor que es enorme’. Mirar las fotos y repasar nuestra historia me moviliza muchísimo pero a la vez es tenerla viva conmigo todo el tiempo. Me guío mucho por mis nietos, que lo han tomado con una naturalidad increíble y fue a los primeros que les pregunté si querían que hiciera algo tan poderoso. Esto mueve una energía muy grande: la siento todo el tiempo a Romina en mi piel”, confesaba por aquellos días Cris Morena a Verónica Lozano en el diván de Cortá por Lozano. Y ahondaba sobre la presencia diaria de su hija desde otro plano: “Todos sentimos su presencia y cada uno a nuestra manera sentimos las señales. Lo hablo mucho con mi nieta Azul, que me pregunta: ‘¿Pero cómo hago para ver las señales?’. Y le respondo: ‘Vos te las tenés que crear. ¿Para vos qué representa tu mamá?’. Me dijo que ve mariposas blancas y que para ella está su mamá en las mariposas blancas. Justo me lo preguntó en Mendoza y al día siguiente salimos a la mañana y estaba lleno de mariposas blancas. ‘Esto es una señal, sólo tenés que saber captarla porque ellos están todo el tiempo rodeándonos’, le expliqué”.

Hoy, lunes 28 de septiembre de 2020, se cumplen 10 años de la partida de la inolvidable Romina. Por supuesto que es un día de muchas emociones encontradas tanto para la familia como par sus miles de fanáticos de todo el mundo, que siguen cantando sus canciones y llorando su ausencia física. Su mamá, Cris Morena, compartió en sus redes sociales un video en el que se ve un corazón gigante dentro del cual se van sucediendo distintas fotos de su entrañable hija, que acompañó con unas cálidas palabras: "Ro, tu corazón late eternamente, junto a nuestros corazones. Vive Ro. Te amo tanto, hija".

En días de muchísima emoción, vale la pena recordar su historia, su vida y su exitosa carrera actoral. Bisnieta, nieta e hija de una dinastía del mundo del espectáculo y los medios de comunicación, se crió y dio sus primeros pasos adentro de un estudio de televisión. Su bisabuelo, Jaime Yankelevich, nació en Bulgaria en 1896, fue pionero en el universo radial –era dueño y director de Radio Belgrano- y está considerado el padre fundador de la televisión argentina ya que fue el responsable de la primera transmisión oficial, el 17 de octubre de 1951 desde Plaza de Mayo para los festejos del Día de la Lealtad Peronista. Su hijo, Samuel Yankelevich, fue factótum de los canales 7 y 9 y estuvo trabajando junto a Jaime en la primera transmisión nacional, que la tuvo a Eva Duarte como protagonista. El mapa genético familiar continuó con el padre, Gustavo Yankelevich, exitoso productor televisivo y teatral y gerente de programación de Telefe en los ‘90 –lugar que luego ocuparía su hijo Tomás en la década del 2000- y con su madre, Cris Morena, ex modelo, actriz, conductora y luego productora de los ciclos infanto-juveniles más reconocidos no sólo en la Argentina sino también en Israel, Europa del Este y Latinoamérica.

La infancia de Romina transcurrió entre estudios de televisión y lejos de lo que muchos puedan pensar, no se crió en un ambiente de lujos y opulencia: si bien estudió en el exclusivo colegio Bayard, en Barrio Parque, en su casa no sobraba el dinero. Durante su niñez, Cris era una ama de casa que estudiaba teatro y tenía un pequeño emprendimiento de venta de ropa para niños y Gustavo representaba a artistas e incursionaba de a poco en el mundo del espectáculo como productor. “Ro jugaba de chica con una muñeca de trapo hecha por su madre que, en definitiva, era la única que podía tener. Por eso la cuidaba y la trataba con mucho celo y precaución”, cuenta el periodista Pablo Méndez Shiff en el libro Cris Morena: la mujer que transformó la adolescencia argentina. “No nos sobraban las cosas. Para que entiendas, mis amigas iban al colegio con sus zapatillas Nike o Reebok y yo iba con unas de canje que le daban a mi viejo en Mesa de noticias, que eran horribles y encima el perro me había comido la parte de atrás. Iba con la espuma de goma al aire pero yo no decía nada porque la mano venía ajustada y cuando mi viejo entró a Telefe, cambió la situación”, reveló Romina en una entrevista en Clarín en febrero de 2010.

Pronto, el esquema familiar comenzó a modificarse y la niña se tuvo que empezar a acostumbrar a que los fotógrafos siguieran a su madre cuando, en 1984, Cris ingresó en Mesa de noticias. Los paparazzi empezaron a rondear cada vez con más frecuencia la esquina de Billinghurst y Juncal, donde vivía la familia, y el boom llegó en 1991 con Jugate conmigo, el primer gran éxito a nivel masivo de Morena. El año anterior, su papá había asumido la gerencia de contenidos de Telefe y tanto Gustavo como Cris estaban cada vez menos en su casa debido a sus compromisos laborales. Así fue como un día a Romina se le ocurrió presentarse de incógnito en un casting abierto para el staff de Jugate. Sin decir quién era, fue pasando las distintas instancias y quedó elegida. “Agarré Jugate porque quería estar cerca de mi mamá. Esa fue la excusa. Quería compartir tiempo con ella y aparte era un programa que me parecía fascinante, vi cómo se armaba, toda la garra que le ponía Cris y tenía ganas de participar. Pero también quería ganarme mi lugar y pasé todas las pruebas hasta quedar, sin que nadie supiera que era la hija de la conductora”, confesó la actriz muchísimos años después.

Mientras las luces y la fama golpeaban su puerta, sin quererlo Romina ingresaba a uno de los capítulos más oscuros de su existencia, marcado por la alta exigencia que se ponía a sí misma. “Sentía la presión de tener que demostrar quién era más allá de ser la hija de Cris y Gustavo. Tenía tantas miradas puestas en mí... Sabía que era el talón de Aquiles de mis viejos y que si querían lastimarlos a ellos, me iban a criticar a mí. Todo eso hizo que me sintiera mal”, reconoció en un reportaje en Para Ti brindado en 2008. Allí mismo tocaría un tema delicado: su lucha contra la anorexia, que la llevó a tener notorias oscilaciones en su peso durante largos años. “El peor momento fue en la época de Jugate conmigo: tenía 15 años, iba a un colegio de doble escolaridad, trabajaba hasta las 3 de la mañana y me levantaba a las 7. Era demasiado y descargué mis angustias en mi cuerpo. Todo ese año la pasé mal y comencé a sufrir anorexia. No comía nada porque estaba obsesionada con que tenía que ser perfecta. Durante toda mi vida descargué mis miedos, inseguridades y angustias con la comida. Esa fue mi forma de boicotearme”, expresó a corazón abierto.

Romina entró en Jugate cuando estaba en tercer año del secundario y allí vivió su primera historia de amor con Gaspar Teverovsky, uno de los galancitos de la banda que completaban Luciano Castro, Hernán Caire, Octavio Borro, Coraje Avalos y Eric Grimberg. “Esa relación venía para casorio pero éramos muy chicos y nos invadimos mutuamente”, contó la actriz años más tarde. Y agregó: “Primero pensé que lo mío era el baile pero después le tomé el gustito a la actuación y me acerqué a tomar clases de teatro con Raúl Serrano”. Sus primeros pasos actorales fueron en la novela Quereme (1993), junto a Cris y Juan Palomino y al año siguiente le dio vida a Lorena Picabea, la mejor amiga de Cecilia Dopazo en Mi cuñado (1994). El mayor éxito lo tuvo en 1995 con el protagónico de Chiquititas, que la tuvo en la piel de Belén Fraga durante cuatro imbatibles años y con tres galanes que se sucedieron uno tras otro: Gabriel Corrado, Fernán Mirás y Facundo Arana, en el doble papel de Manuel y Alejo. Allí, Romina se consagró a nivel internacional y batió todos los récords en diferentes latitudes: Turquía, Rumania, Perú, Brasil, Chile, Portugal, Israel, Colombia, Italia y muchísimos países más. Con Chiquititas, la artista se llevó dos premios Martín Fierro, año tras año agotó funciones en el Gran Rex y llegó a vender 500 mil discos sólo en 1998, año en el que llamativa mente y en plena cresta de la ola decidió poner un stop en su carrera.

Tras cuatro años de estar abonada a un éxito arrollador, pensó que lo hecho hasta el momento había sido más que suficiente y que estaba lista para su nuevo desafío: formar una familia. El 28 de noviembre de 1998 selló su historia de amor con Darío Giordano con un “sí, quiero” en la Parroquia San Patricio de Belgrano, para lo cual Romina tuvo que convertirse al catolicismo y tomar la Primera Comunión. Con Giordano habían sido amigos durante cuatro años hasta que se pusieron de novios en una fiesta de fin de año de Telefe. “Esa noche nos besamos y supe que me casaría con él. Empezamos a salir el 16 de julio del ‘97 y a fines de agosto lo llamé por teléfono y le pregunté qué planes tenía para el 28 de noviembre del ‘98. Me respondió que ninguno y le dije que ése sería el día de nuestra boda”, reveló la actriz en una nota.

Del matrimonio nacieron tres hijos: Franco, Valentín y Azul, hoy de 20, 17 y 14 años respectivamente. Entre el nacimiento de Franco y Valentín, Romina filmó la película de Chiquititas en Villa La Angostura, protagonizó la novela Provócame con Chayanne y Araceli González y dio sus primeros pasos como conductora infantil en el ciclo Playhouse Disney. Tras el nacimiento de Valentín, actuó en Abre tus ojos con Iván Espeche y encabezó con Damián De Santo la sitcom Amor mío. El embarazo de Azul la obligó a terminar antes con las grabaciones y una vez que nació la nena, se tomó un tiempito para volver y protagonizó Bella y bestia, nuevamente con De Santo, uno de sus grandes amigos en el medio. “La prioridad siempre fue y es mi familia. No necesito de las luces ni de la fama. No sé qué es lo que se ve de afuera pero soy una persona de súper perfil bajo. No voy a ningún evento porque antes que eso elijo mil veces estar en mi casa con mi marido y mis hijos. Así que no me molesta parar en mi carrera y si después de eso no me vuelven a llamar, me dedicaré a otra cosa”, expresó de manera tajante en una entrevista de tapa con Pronto, en 2005. Allí se atrevía a contar una intimidad de alcoba: “Las dos abuelas de mis hijos son divinas. Mi suegra, Susana, es una genia que casi todos los sábados se los lleva para que yo haga vida de novia con mi marido. Y mi mamá, cuando no está viajando con Floricienta, se los lleva los viernes. Con Darío casi siempre tenemos dos noches por semana para nosotros. Es una de las claves para que la pareja funcione”.

¿Qué cosas tomaba Romina de su mamá y qué cosas no en referencia a la maternidad? Ella lo explicó así: “Hay cuestiones que son inevitables. Por ejemplo, cuando estoy con los chicos, trato de no mezclar, de pasar inadvertida para que ellos no sientan esa cosa de ‘mi mamá le pertenece a todo el mundo’. Aunque los míos todavía mucho no entiendan, a mí me pasaba que a los 7 u 8 años no me gustaba cuando venían y le pedían autógrafos a mi mamá, o se le tiraban encima diez chicos y yo quedaba ahí parada a un costado. No se puede evitar siempre, aunque trato. Los preservo bastante de la exposición, por más que muera por mostrarlos porque estoy orgullosa de mis hijos. La que eligió la carrera fui yo y no es justo exponerlos por esa elección mía”. Su último trabajo televisivo fue en 2009, en la tercera temporada de Casi ángeles, novela a la que entró sólo por 5 capítulos -convencida por su madre- pero se terminó quedando hasta fin de año. “Mi mamá me dijo que iba a ser sólo una participación y por eso acepté. ¡Me terminaron enganchando!”, explicaba con una sonrisa. El 22 de octubre de ese año se la vio también en cine en un trabajo muy distinto a lo que había hecho hasta el momento. En el estreno de Horizontal/Vertical, donde compartió elenco con Mike Amigorena, Carlos Portaluppi y Darío Grandinetti, declaró: “Espero que la película sirva para que la gente del medio me vea de otra manera. No es que haya prejuicios pero a veces se hace difícil el tránsito de un lugar a otro”. Pocos meses después, en enero de 2010, se subió al escenario del Teatro Picadilly para hacer Algo en común, una obra del neoyorkino Harvey Feirstein, dirigida por Santiago Doria y con FabiánVena, Viviana Saccone y Ricky Aiello.

Parecía que 2010 iba a ser un año sabático para ella en cuanto a la televisión pero en realidad estaba gestando un programa que pensó y pergeñó en silencio durante años: un ciclo para niños de uno a seis años, una franja de edad sin espacio en la pantalla chica. Se iba a llamar Doña Disparate y se proponía combinar música, cuentos y recetas pensadas para niños. El programa iba a ser producido por Darío Giordano y la novedad era que por fin Romina iba a mostrar las primeras canciones de su autoría. También tenía escrito un musical infantil para llevar al teatro durante 2011, combinado con algunos de los hits televisivos de su mamá, quien le había cedido los derechos para que los utilizara en un teatro de la calle Corrientes. Trabajaba día y noche soñando en grande con sus propios proyectos y como siempre, estaba muy presente en la crianza de sus tres hijos. Los llevaba a diario a la escuela, luego se iba a entrenar y, en el medio, había comenzado un curso de repostería en el instituto de gastronomía Mausi Sebess, en Vicente López. Enamorada y con la familia que siempre había soñado, trascurría los días con total plenitud y alegría, regalándole esa sonrisa enorme de dientes blancos perfectos a quienes se la cruzaban por la vida. Hoy, a 10 años de su repentina partida, Romina Yan sigue más presente que nunca a través de las canciones, los videoclips, las novelas y los recuerdos de quienes la nombran a viva voz una y otra vez cuando recuerdan que ella formó una parte importantísima en la infancia de tantas generaciones. Su legado, enorme, rico y valioso, es eterno y perdurará por siempre en nuestros corazones. Hoy y siempre: ViveRo.

Un repaso por la vida y obra de Romina Yan, a 10 años de su partida