Agustina Lecouna: “Quería ser arqueóloga y viajar por el mundo descubriendo ruinas pero la actuación pudo más”

EL LADO B DE LA ACTRIZ

Agustina Lecouna: “Quería ser arqueóloga y viajar por el mundo descubriendo ruinas pero la actuación pudo más”

Agustina Lecouna: “Quería ser arqueóloga y viajar por el mundo descubriendo ruinas pero la actuación pudo más”

Pertenece a una familia emblema de la televisión argentina y hoy vive en Miami con su marido y sus tres hijas. Desde allí charló con Pronto de todo: su niñez en estudios de grabación, su fiesta de 15 en Telefe, el llamado de la vocación, el fenómeno de Verano del 98, su sueño frustrado de ser arqueóloga y el lado más difícil de la maternidad. “No tenía pensado tener hijos y ser mamá me sacudió por dentro y por fuera”, revela.

Se crió entre cámaras, reflectores y estudios de grabación puesto que pertenece a unas de las familias pioneras de las telenovelas en nuestro país. Su papá, Raúl Lecouna, es un reconocido productor televisivo que creó éxitos como Amor y Señor, Amándote, Celeste, Antonella, Celeste siempre Celeste, Perla Negra, Nano y Muñeca brava, entre otros fenómenos que trascendieron las fronteras de la Argentina y llegaron a distintos mercados del mundo. Su mamá, Celina Amadeo, es una ambientadora y decoradora también muy distinguida en su ámbito. De chiquita, Agustina Lecouna (42) comenzó a fantasear con ser actriz pero sus padres no la dejaron dedicarse sino hasta que terminara el colegio. A los 19 tuvo se debut a lo grande en Verano del 98 y desde entonces casi no paró: actuó en 12 obras de teatro, en más de 10 películas y en la tele se lució en ciclos como Cabecita, EnAmorArte, Mil millones, Jesús el heredero, Son amores, Historias de sexo de gente común, Doble vida, Lalola, Enséñame a vivir, Secreto de amor, Herederos de una venganza y Loco por vos. En el medio, se casó con el empresario Diego Belbussi, con quien lleva diez años de amor y tienen tres hijas: Violeta (6), Victoria (5) y Sofía (2). Actualmente, la familia está radicada en Miami pero previo a eso vivieron tres años y medio en Bruselas, Bélgica, y cuatro años en Santiago de Chile. Desde La Florida, la actriz tuvo un mano a mano con Pronto en el que habló de todo.

-¿Cómo estás, Agustina? ¿Cómo se lleva la pandemia por el coronavirus en Estados Unidos?

-Acá, en Miami, ahora está un poco más abierta la cosa que en la Argentina pero los últimos dos días hubo varios contagios y no sé cómo va a seguir. Se está reflejando en los números que subieron los contagios desde que abrieron así que no sé cómo va a seguir la situación acá. Mis hijas están en sala de 5 y en primer grado, así que sí o sí requerían de mi ayuda con las tareas del colegio. Van a una escuela pública y les mandaban las tareas online. Además, tengo una de 2 años y tengo que repartirme para estar con las 3.

-Son chiquitas y muy seguidas en edad tus hijas.

-Sí: tengo a Sofía de 2, a Victoria de 5 y a Violeta de 6. ¡Es una demanda absoluta! Conocí a mi marido, Diego, a los 35 y nos pusimos al día. Tuvimos a las tres niñas bastante seguidas: una nació en la Argentina, la otra en Chile y la más chiquita en Bélgica.

-¿A qué se dedica tu marido que lo trasladaron a Bélgica?

-En ese momento, trabajaba para la compañía cervecera Quilmes y luego él decidió asociarse con dos amigos y hacer una empresa propia de bebida de recuperación deportiva, por lo cual nos mudamos a Estados Unidos ya que les pareció que iba a ser mejor desarrollarla acá. Hace un año dejamos esa vida de expatriados acompañando una corporación y nos la jugamos por nuestro propio proyecto. Yo estoy en la parte de comunicación y márketing digital de la empresa y a la vez aprovecho a mover un poco lo mío. Hace poco tuve reuniones vinculadas con lo actoral, se hizo acá una feria de televisión y mi amiga Erika Halvorsen viajó y me presentó algunas personas de acá para trabajar tanto delante como detrás de cámara. Tengo permiso de trabajo y podría hacerlo aquí en Miami. Tomé clases de neutro y lo tengo intacto.

-Vayamos para atrás, a tus inicios. Debutaste en la tele a lo grande, con el exitazo de Verano del 98.

-Sí. Yo tenía 19 años y al día de hoy la gente me recuerda como Tere, la de Verano del 98 que murió en el motorhome trágicamente en manos del personaje que hacía Mario Pasik, que quería matar a Dolores Fonzi y me termina matando a mí, que era su hija. Yo siempre había querido actuar y en el colegio me anotaba en todas las obras que había. Tomaba clases y mis padres me dijeron que recién podía empezar una vez que terminara el colegio si es que me quería dedicar a esto profesionalmente.

-¿Cómo entraste en Verano del 98?

-Iba a volver Jugate conmigo y Cris Morena armó una escuela para reclutar chicos y, como hace ella, entrenarlos en actuación, canto y baile. La conocía a Cris por mis papás y como tenía acceso a ella le pedí por favor si podía entrar en esos talleres. Como la vuelta de Jugate conmigo no se hizo y surgió Verano del 98, aprovecharon y nos tomaron casting a todos los que estábamos en esa escuela. Así quedé.

-Imagino que te habrá cambiado la vida.

-Sin dudas. Verano duró 3 años y fue un programa que fue un exitazo. Empezar en un proyecto tan exitoso fue buenísimo y a mí me re divertía porque me estaba adentrando en una profesión que me apasionaba y de la mano de Cris Morena, rodeada de gente de mi edad y con unas locaciones en el Tigre que eran espectaculares. Costa Esmeralda se hacía en unos decorados de exteriores maravillosos, aprendí mucho y fueron años hermosos. A la par, seguía estudiando teatro y como al tercer año de la tira planteé que quería empezar a estudiar en la facultad Comunicación Social, salí de la novela.

-¿Te recibiste?

-Sí. Pero fue así: entré en la Di Tella a estudiar Relaciones Exteriores y a los tres meses me di cuenta de que había demasiadas materias con números, Algebra y demás, y dejé. No era lo mío y me fui a la Austral a estudiar Comunicación Social, que fue una carrera que me apasionó hacer. Cuando planteé que quería ir a la universidad, murió Teresita y dejé Verano del 98. Fue tan fuerte ese fenómeno que me siguen hablando de la novela.

-¿Los adolescentes de hoy también?

-No, ellos no tienen ni idea pero me van hablando de otros programas. En Lalola hice a una concheta de Zona Norte muy divertida y la pasé espectacular con Luciano Castro y con Carla Peterson. Hace poco hice Loco por vos con Juan Minujín y Julieta Zylberberg, así que el público que me habla depende del proyecto. Cuando hice Loco por vos, me quedé en la Argentina grabando sola con mis hijas pero mi marido estaba en Bélgica y aunque estaba fascinada con el personaje, fue muy difícil estar lejos.

-¿Cómo lo resolviste?

-Fue complicado. Estaba chocha con el personaje de Vero porque era una solterona que estaba con medio mundo, estaba sola y era bastante bipolar pero por otro lado estaba con mis dos hijas chiquitas, quedé embarazada de la tercera cuando terminé la primera temporada, y mientras grababa las nenas se quedaban con mi mamá. Diego estaba en Bélgica, viajaba cada tres semanas a verlas y Victoria, la del medio, empezó a manifestar que algo no le estaba gustando. Comenzó a tartamudear y a tener dificultades en el habla, que después se solucionó gracias a Dios. Ahí nos dimos cuenta de que estaba somatizando tener al papá lejos y tomamos la decisión de no separarnos.

-¿Y tu mudaste a Bélgica?

-Exacto. Quedé embarazada de Sofi, hice la segunda temporada de Loco por vos hasta que pudimos esconder la panza y a los 4 meses de embarazo, me volví a Bélgica y nos instalamos allá. Sofía nació en Bruselas y vivimos en Bélgica casi tres años y medio. Antes había vivido en Chile 4 años y medio y en el medio estuvimos con Diego en Argentina durante un año y medio, que fue donde nació Victoria. Tengo mi corazón repartido entre los 3 países.

-Con tantos viajes y mudanzas, ¿tu carrera actoral quedaba relegada?

-A veces, sí. En Bélgica, por ejemplo, no pude hacer nada actoral pero como estaba grabando Loco por vos, estuve repartida entre los dos países. Ya después, cuando me instalé en Bruselas para que naciera Sofía, me dediqué a otras cosas y estudié francés y pintura. Aproveché para recorrer mucho de Europa porque allá todo queda cerca y Bruselas es una ciudad muy central y de ahí tenés a París a una hora y media de tren, a Londres a dos horas, Amsterdam a otras dos. Conocí mucho, recorrí museos y ciudades medievales, aprendí el idioma y aunque Bruselas es complicada con el clima, lo disfruté mucho.

-¿Había días sin ver el sol?

-Sí. No solo hace frío y llueve mucho sino que podés pasar hasta 20 días prácticamente sin ver el sol. A las 4 ya se hacía de noche y con las niñas era difícil porque no podíamos salir mucho pero por suerte en todos los países en los que viví logré hacerme amigos. Tengo mis amigas preciadas en Bélgica, Chile y en Argentina. Acá en Miami también venía todo bien hasta que nos agarró la pandemia.

-¿Estás buscando actuar en Miami?

-Sí: me empecé a mover, a buscar trabajo y me puse a escribir un proyecto propio con mi madre sobre mi mirada sobre el mundo de las telenovelas. Hace rato que quiero hacerlo y es una ficción que iba a ser un unipersonal pero comenzó a mutar y está tomando otra forma. El de las telenovelas es un mundo fascinante y fue un universo muy rico que marcó mi infancia. Las novelas se grababan en mi casa: yo llegaba del colegio y estaban Arnaldo André y Luisa Kuliok grabando en mi casa. Mi habitación era una oficina y con mis hermanos nos teníamos que esconder en el baño hasta que terminaran de grabar las escenas.

-¿Podés contar alguna anécdota?

-¡Hay tantas! Por ahí llegaba el sodero a mi casa y capaz necesitaban a un cartero para alguna escena, entonces le ponían un traje de mi papá y lo hacían actuar al sodero, já. En mi casa se filmaban todas las telenovelas antes de exportarlas y eran producciones muy independientes, con grandes actores pero que se hacían muy a pulmón. Mi abuela era escenógrafa, mis padres luego tuvieron Sonotex, lo que hoy es Viacom Telefe y ahí fue mi fiesta de 15.

-¿Festejaste tus 15 en Telefe?

-Sí. Era Sonotex y ahí fue la fiesta, en los estudios. Recuerdo que estaban Grecia Colmenares, Gabriel Corrado, Andrea Del Boca y todos los que en ese momento estaban trabajando con mis padres. Todas las estrellas de las novelas de los 90. Recuerdo que la fiesta fue en el estudio 4, que es el primero entrando por Fleming. Para mí, estar en los estudios de las telenovelas era como estar en casa. Mis padres eran productores, mi madre además hacía unas escenografías increíbles y con mis hermanos nos paseábamos por los pasillos y veíamos que en los decorados de Celeste o de Amándote estaban objetos nuestros, de nuestra casa. Era un universo muy nuestro.

-Lo contás como algo muy natural, pero no es lo normal para un chico criarse en ese mundo tan particular.

-Es que mi infancia y mi vida transcurrieron allí. Mis padres hicieron más de 50 novelas, que luego exportaron al mundo y vendieron más de 5 mil horas al exterior de ficción nacional. Fueron años de mucho trabajo y conozco a todo el mundo en Telefe desde chiquita. Para mí, era un universo de ensueño y ahí se me despertaron las ganas de actuar porque vivía entre historias, relatos y actores que comenzaron en mi casa y que siguieron en los estudios del canal.

-¿Cuándo definiste la vocación?

-Tendría 12 años, en mi casa había muchos libros porque a mi mamá le encanta leer y recuerdo que un día agarré un libro que se llama La dama del alba, me puse a leerlo frente al espejo y empecé a sentir que por ahí, en esa expresión, brillaba más. Me expandía, me sentía mejor, era feliz y entendí que me gustaba expresarme de esa manera. Me gusta leer y contar historias, jugar a ser otra y así se disparó todo.

-¿Podrías trabajar detrás de cámaras también?

-Claramente. De hecho, lo hice. Después de Verano del 98, trabajé como productora en Aventura National Geographic, que conducía Eduardo De la Puente, y hacía la producción de los documentales y el piso. Me apasiona porque como comunicadora social que soy también, esa parte me interesa y también investigar para poder comunicar. Mi hermana, Delfina, es productora y mi hermano, Nacho, es director. En algún punto todos hemos visto todas las tareas que se hacen en la televisión y el detrás de cámara más que nada. Me gusta mucho escribir y generar contenido.

-Si no la pegabas como actriz, ¿tenías un plan B?

-Sí: quería ser arqueóloga y viajar por el mundo descubriendo ruinas. Pero era demasiado volado ese proyecto. También quería ser música y probé con todos los instrumentos pero no. Probé con saxo, piano y guitarra pero soy malísima. Me apasiona la música y ahora en la pandemia estoy haciendo un curso sobre la historia de la música. Escucho a Martha Argerich y digo: “Qué ganas de ser una pianista tan grosa”.

-¿Quiénes son tus amigos del medio?

-Isabel Macedo es una de mis mejores amigas. Nos conocimos en Verano del 98, ella entró a hacer un personaje, nos conocimos y pegamos onda. Nos hicimos íntimas y no nos separamos. También soy amiga de Violeta Urtizberea, a quien admiro profundamente y nuestra amistad se profundizó cuando hacíamos Enséñame a vivir, en Pol-ka. Aparte de talentosa, Viole es culta, divertida y me interesa su mirada sobre las cosas porque tiene mucho criterio y sentido común. Otra gran amiga es Malena Solda, con quien hablo mucho y tenemos planeado en algún momento volver a trabajar juntas. Bueno y a Benja Amadeo, que es primo mío, lo quiero un montón. Ese es otro que ligó mucho talento: es actor, músico virtuoso, toca un montón de instrumentos, compone e imita como los dioses. ¡Es muy gracioso! En las reuniones familiares, nos descostillamos de la risa con él.

-A tu marido, ¿cómo lo conociste?

-Es el mejor amigo de mi primo Eduardo Amadeo, hermano de Benja, y fuimos al mismo colegio pero no nos registrábamos. Un verano en el que yo estaba soltera, coincidimos en Uruguay y empezamos a salir. Llevamos 10 años juntos. Cuando lo conocí, él estaba trabajando en Chile y viajaba todos los fines de semana para verme. A fin de ese año, 2010, me propuso casamiento y me mudé a Santiago con él. Volvimos a Argentina para casarnos pero ya estábamos instalados en Chile y yo viajaba a Buenos Aires a grabar Herederos de una venganza y a filmar una película. Lo más importante de Chile fue que ahí descubrí el lado materno.

-¿Cómo es eso?

-Tuve a mi primera hija a los 35 años y fue un gran sacudón en mi vida. No era muy Susanita, no fantaseaba con la idea de tener hijos y acá me ves, ¡con tres niñas! La maternidad me trajo mucha ternura, amor y una mirada muy inocente de la vida, cosas que sentía que me faltaban. Estaba parada en un lugar más a la defensiva y estas tres niñas me enseñaron a ser más bondadosa y a mirar con mucho más amor todo.

-¿Te costó aprender a ser mamá?

-Muchísimo. Cuando la tuve a Violeta, en Chile, empecé a tener arritmias. Los temblores literales que hay en Chile me sacudieron la estantería tanto por fuera como por dentro. Si no hubiese sido por mis amigas de ese entonces, no sé qué hubiese hecho. Yo iba con el holter colgado para todos lados, me habían hecho 800 estudios del corazón y una amiga, Vicky Salguero, me presentó a una psicóloga que habla mucho de maternidad: Laura Gutman. Recuerdo que ella me dijo: “Nadie cría a su hijo solo, es importantísimo poder pedir ayuda. Pediles a tus amigas que te ayuden a maternar, a tu madre, a una tía o a quien sea, como hacían las tribus antes que se ayudaban entre ellas a maternar”. Ahí me di cuenta de que tenía que salir de esa cápsula en la que estaba, con mi hija recién nacida y solas en un país distinto. Mi marido trabajaba de sol a sol y yo estaba todo el día pegada con Violeta.

-¿Qué fue lo más difícil de esa etapa?

-Mirá, no es fácil ser madre primeriza y más cuando estás a tantos kilómetros de tus amigos y tu familia. De repente, necesitaba una mano para que me ayude con las chicas o simplemente para que te escuchen o salir a dar una vuelta. Es difícil estar afuera y en Bélgica me costó mucho también porque solo se habla francés y flamenco. Tuve que aprender el idioma para sentirme más o menos segura y hasta para ir a parir porque el médico me hablaba en flamenco. El corazón te bombea más fuerte cuando tenés un hijo y aprendés a amar más y a tener más paciencia. La maternidad te reestructura por completo. En cada país en el que estuve necesité el holter porque siempre se me disparaban los nervios. Igual ser mamá es una aventura que vale la pena.

-¿Supiste de dónde venían esas arritmias?

-Sí, de miedos e inseguridades. Me hice estudios en todos los países en los que estuve y en Bélgica, con Sofía recién nacida, iba volando en el auto a buscar a sus hermanas al colegio, con el holter siempre colgando, en eso agarré a la beba, casi se me cae, los nervios se me dispararon y yo pensaba: “Mañana el médico va a ver este aparato y me manda a operar directamente”. Son cosas que te pasan cuando te sentís solo en otro país y te ponés nervioso. Es el lado B de vivir afuera. Pero también está la parte linda: conocés lugares, personas, idiomas y hoy mis hijas tienen amigos japoneses, rusos, dinamarqueses, belgas, americanos, venezolanos, colombianos y ven el mundo como un lugar multicultural y sin estereotipos.

-¿Tenés la familia que siempre soñaste o vas por el varón?

-¡No! Así ya estamos perfecto. Me hubiese encantado tener más hijos porque al final me fascinó la maternidad pero ya tengo 42 años y ya está. Tengo mucho trabajo que hacer con ellas y conmigo también.

-¿Con qué soñás a nivel laboral?

-Me gustaría desarrollar algún contenido sobre alguna mujer argentina. Ayer estuve hablando sobre Victoria Ocampo, por ejemplo. Amaría armar una serie para Netflix desde la parte de atrás y por qué no también actuar. Quiero crear una serie sobre alguna mujer valiente argentina, que puede ser Victoria Ocampo o Martha Argerich, no sé. Hay muchas mujeres maravillosas por descubrir. Además, quiero terminar mi proyecto sobre las telenovelas y poder escribir esta ficción que te digo para Netflix.

-Si te tuvieras que definir, ¿qué dirías? ¿Quién es Agustina Lecouna?

-Uy. Es difícil definirse y más hablar en tercera persona, como Maradona. Te podría decir que Agustina es un ser que busca disfrutar de la vida a cada momento, multiplicarse en amigos, en amor y en lo que le gusta hacer. Agustina es actriz, lectora y una mujer ávida de conocimientos. Ahí sale a la luz la arqueóloga que quedó en el camino y que me hubiese encantado ser. Amo aprender cosas del mundo, de la vida, leer y tener amigas en cualquier punto del planeta. Creo que ese es mi objetivo: expandirme como ser humano y seguir creciendo.

Por Nico Peralta

Agustina Lecouna: “Quería ser arqueóloga y viajar por el mundo descubriendo ruinas pero la actuación pudo más”