Claribel Medina: “Una mañana me miré al espejo y vi algo en el claro de mi mirada que no me gustaba; esa no era yo”

UN MOMENTO CRUCIAL EN SU VIDA

Claribel Medina: “Una mañana me miré al espejo y vi algo en el claro de mi mirada que no me gustaba; esa no era yo”

Claribel Medina: “Una mañana me miré al espejo y vi algo en el claro de mi mirada que no me gustaba; esa no era yo”

La actriz vuelve al ruedo con una obra de teatro vía Zoom, llamada Mujeres en cuarentena. En charla íntima con Pronto dio detalles inéditos de su historia de amor con su pareja, Gustavo, y confesó cuál fue el click en su lucha contra la adicción al alcohol.

Siempre activa, Claribel Medina (58) se reconoce hiperkinética y en medio del aislamiento social, preventivo y obligatorio en la Argentina por la pandemia del COVID-19, logró reinventarse y este viernes estrena una nueva obra de teatro, vía Zoom. La pieza se llama Mujeres en cuarentena, comparte el cartel con Viviana Sáez y María Rojí y está entusiasmadísima con el nuevo desafío. En un vivo de Instagram con el periodista Nicolás Peralta para Pronto, Claribel se abrió a una charla íntima y más allá de hablar de la obra de teatro, reveló detalles desconocidos de su historia de amor con el músico Gustavo Quintero y ahondó sobre un tema doloroso que pudo revertir: su lucha contra la adicción al alcohol.

-¿Cómo estás transitando estos ya cuatro meses de cuarentena?

-He tenido momentos de creatividad maravillosos como también he tenido momentos de un terrible aburrimiento y ya no saber qué hacer. Me siento, dentro de esta circunstancia, una privilegiada porque vivo en una casa y al menos puedo subir a mi terraza y ver el cielo. Arriba tengo un pequeño vivero con cactus y orquídeas, que son mi gran pasión, pero en esta cuarentena las cosas que uno hace por placer en un momento ya dejan de ser divertidas. ¡Ya no me importaban las plantas en cierto momento porque solo quería salir y estar en otra actividad! Un poco aproveché la cuarentena para estudiar música y aprender a manejarme con las redes sociales, por ejemplo.

-¿Te metiste a estudiar algún instrumento particular?

-Uno de mis rituales es, a las 9.30 de la mañana, tocar la conga, el cajón y hacer percusión con instrumentos como maracas y el güiro, que a mí me encantan. Y ahora descubrí con otros compañeros que también podemos actuar escenas a través de Zoom. Así surgió Mujeres en cuarentena, un proyecto hermoso para el que me convocó Fabrizio Origlio junto con María Rojí y Viviana Sáez.

-¿Qué podés adelantar del proyecto?

-Cada actriz está dirigida por un director distinto: Fabrizio Origlio dirigió a María Rojí, yo trabajé con Pablo Razuk y a Vivi Sáez la dirige su marido, Osvaldo Laport. Son tres monólogos sobre mujeres en cuarentena. En mi caso, es una escultora que está encerrada en su casa y no puede ejercer la profesión de hacer y vender esculturas, entonces está desesperada.

-¿Cómo te resulta la experiencia de actuar vía Zoom?

-Es todo un desafío y un aprendizaje. Fue todo un taller, desde escribir el texto y que sea interesante hasta pensar cómo trabajar con una pequeña pantalla y poder transmitir cosas de una manera diferente al teatro, donde está el feedback inmediato con el público. En mi monólogo, experimentamos con la cámara diferentes posiciones e incorporamos elementos que suman a la historia. Debutamos este viernes a las 20.30, la entrada es económica, cuesta 250 pesos y se adquiere por Alternativa teatral.

-¿Cómo es Claribel Medina en cuarentena?

-Por momento, muy insoportable. ¡Pobre mi compañero! También soy paciente, me cuelgo con la naturaleza y con instrumentos naturales, como los sonidos del agua y el aire. Soy relajada pero reconozco que me pegó por la comida y fue espantoso. ¡La primera parte de la cuarentena cociné tantos panqueques con dulce de leche! Engordé más de lo que ya estaba. Hace 3 semanas, le dije a Gustavo: “Se terminó, ya está, acá no se come más”. Pasé a hacer una sola comida diaria y todo dietético para empezar a bajar.

-¿Habías subido mucho de peso?

-Sí, al menos subí 4 kilos de los cuales ya bajé dos. Y ahora por lo menos tengo que bajar 4 más. Creo que nos pasó a todos y de repente me encontré haciendo recetas impensadas, como un risotto con roquefort, ajo y cebollita de verdeo. Aprendí a cocinar muy bien pero paré la pelota y volvimos al pescadito y lo simple de vuelta.

-¿Cuánto hace que convivís con Gustavo, tu pareja?

-Cuatro años. Nos repartimos las actividades hogareñas y con los años aprendí a no esperar que el otro haga algo sin que se lo pida. Ese es un error. En lo cotidiano las cosas se distribuyen de una manera más natural pero en la cuarentena cambió todo. Apareció la paciencia porque si uno no tiene ganas de hacer nada, no lo hace. La que sale a hacer las compras soy yo porque a él no le gusta hacer la cola con distancia en los supermercados. Hago la lista de lo que necesitamos y voy una sola vez a la semana así me arriesgo lo menos posible.

-¿A tus hijas, Antonela y Agostina, las viste en todo este tiempo?

-Sí. Cuando había más permisos, las chicas han venido alguna que otra vez a comer a casa. En la primera etapa de la cuarentena, pasó un mes sin vernos y cuando hubo permisos, las traje a comer a casa. Las fumigué de arriba a abajo cuando entraron, les preparé sus cuartos y nos quedamos 4 días juntas, en los que nos reímos con antes, jugamos al scrabble, vimos series, cocinamos y la pasamos muy bien. Después pasamos a vernos los domingos para comer y ahora hace 2 semanas que no nos vemos por el rebrote que hubo y el endurecimiento de la cuarentena.

-¿Quién es Gustavo Quintero, tu pareja?

-Gustavo es músico, estamos en pareja hace 4 años y además tocar el bajo, la guitarra y hacer percusión, se dedica a la edición de música y tiene su banda que se llama Los inadaptados. Y fuera de eso, su trabajo oficial con el que gana dinero es la construcción y la pintura. Va a una casa, la decora de arriba abajo, la pinta, la reforma y te la entrega enterita. Empezó ese trabajo cuando era muy chico con su papá, que tiene una compañía de pintura y es un apasionado, tanto de la construcción como de la música. El es rockero y yo soy re de la salsa y los boleros.

-¿En qué momento de tu vida apareció Gustavo?

-Yo estaba por hacer la obra Los Corruptelli en Carlos Paz y a la vez tenía mi banda musical, con la que estaba por armar un show privado en mi casa. Resulta que se me rompió el equipo de música y una amiga me dijo: “Tengo un amigo que tiene un equipo de música, ya te lo llamo y te lo resuelve”. Vino a mi casa, solucionó el problema, me instaló el sistema de sonido y en un momento del show, tuvimos un cruce de miradas. Cuando terminó el show, saludé a la gente en el patio de mi casa y no me preguntes por qué pero nos abrazamos con Gustavo. Se fue a su casa y al día siguiente me invitó a ver una película al cine y pasó lo que pasó.

-¿Sabía quién eras?

-¡No! Al día siguiente, él me preguntó: “¿A qué te dedicás?”. No ve nada de televisión, no tenía idea de nada. Le dije que era actriz y me preguntó qué había hecho. “Los Roldán…”, le dije. “¿Vos estabas en Los Roldán?”, insistió. “¡Sí! También hice Por amor a vos, Cuestión de peso…”. Me preguntó si era conductora y pensó que lo estaba cargando. “Sí, qué se yo, soy conocida”, le respondí y mucho tiempo después él me reconoció que pensó: “Bueno, esta piba se piensa que es conocida y no le voy a llevar la contraria, que lo piense”. Para que me entiendas: salimos 3 días y me fui de temporada a Carlos Paz. El 31 de diciembre, Gustavo me llamó y me dijo que estaba yendo a verme.

-¿Y qué pasó?

-Cuando llegó y se bajó en la estación de ómnibus de Carlos Paz, dice que vio un cartel gigante con Graciela Alfano, Fabián Gianola, Noelia Marzol y todo el elenco, entre ellos yo. “Ah, esta piba es conocida de verdad”, pensó y dice que se quería matar. Entró avergonzado a mi casa y me pidió perdón. “No veo televisión”, se excusó y yo le respondí: “¡Lo único que te faltaba era que me dijeras Catherine Fulop!”.

-¿Te enamoró un poquito más que no supiera quién eras vos?

-¡Total! Eso me encantó. Me gustó que él decidiera conocerme a mí. Ese día que hablamos de la vida, el amor, los defectos, los problemas, las alegrías y las dificultades, y era un nivel de honestidad y de relajación que no había que decir más nada porque todo fluía con muchísima naturalidad. Esa cosa relajada le sacó todo peso a la historia. Pasamos fin de año arriba de un cerro, recibimos el amanecer ahí y se quedó conmigo 5 días más. En marzo, cuando terminaba la temporada, me fue a buscar para ayudarme a volver con los perros y todas mis cosas, y al llegar a casa me preguntó: “¿Cómo sigue esta relación ahora? ¿Somos novios o qué somos?”.

-¿Qué le respondiste?

-“¿No lo sé, que se yo, cómo hacemos?”, le dije. “Bueno, vemos”, dijo él y ese “bueno, vemos” significó que no nos separamos nunca más. Nos empezamos a ver todos los días y seis meses después nos fuimos a vivir juntos.

-¿Qué te enamoró tanto, Claribel?

-Su humor. Tiene mucho humor, su franqueza y que dice lo que piensa como lo siente y como es. No muestra nada que no sea real. Es honesto y si viene muy cansado de trabajar, porque sé que la construcción cansa mucho, me dice: “Perdoname Clari pero no puedo ni caminar”. Sé que ese día no existe y está todo bien. Porque cuando yo estoy creativa, tampoco existo. Tenemos una manera de compartir el desayuno maravillosa que se dio naturalmente y nos dedicamos a conversar de lo que sea en la mañana. Luego cada cual parte a hacer lo suyo y tenemos otro encuentro en la cuarentena que se da alrededor de las 8 de la noche.

-¿Cómo te acompañó cuando decidiste hacer pública tu lucha contra la adicción al alcohol?

-Es que se lo dije a los dos días de que nos conocimos. No sé por qué salió la conversación. Estábamos hablando de la vida, le comenté algo de mi terraza y le dije: “Mira, vos  sabés Gustavo que a mí me pasa esto, esto, esto y esto”. Nos sentamos y fue charlado desde el minuto cero. Eso me parece fundamental. Imposible que yo comience una historia con alguien si no le planteo de entrada algo que le puede disgustar más adelante o decidir decir: “Mirá, con vos no quiero compartir porque a mí de vez en cuando me gusta tomar vino”. Estar con una persona que tiene esa adicción, es también decidir no beber. Más allá de que a él no le gusta y no toma ni una copa de vino, estas cosas tienen que estar claras.

-¿Te escriben por Instagram pidiendo ayuda o una orientación?

-Sí, todo el tiempo. Por las redes y también por la calle. Las reuniones son discretas y anónimas y cuando me encuentro con alguien en estas reuniones, me dice: “Yo te escribí por Instagram y vos me diste las direcciones”. Me sigue pasando. Me tomo el trabajo de leer una por una y doy direcciones adónde deben y pueden ir. Me llegan muchos pedidos y el resultado es recontra positivo y absolutamente humano. Uno imagina que nadie se atreve a decir que tiene una dificultad y lo vive con mucha culpa. Entonces, poder acariciar a una persona y decirle: “Es una enfermedad, mi amor, empezá por aceptarla y tranquilizarte; empezá por reconocerlo, buscar ayuda y llenarte de paz y que tu mañana empiece con un gracias, un Padrenuestro o en quien sea que creas”. Eso es fundamental para que no pienses que el mundo se te viene encima y nada es personal. Las cosas no son personales y nadie tiene nada contra vos ni te mira para hacerte daño. Entonces, empezá por reconocer eso, tranquilizarte y vas a ver que todo empieza a ir bien. Y ya después es una decisión personal de cada uno.

-¿Te costó mucho aceptar que tenías una enfermedad?

-Sí, al principio sí pero una vez que me sentí muy incómoda conmigo misma, ya no. Primero pensaba que era una cuestión social y punto. Cuando me di cuenta de que ya en mi caso no pasaba por ahí, no me costó reconocerlo. Tengo un camarín en mi cuarto, una mañana me estaba mirando allí y no me gustó mi mirada. Me quedé un rato largo mirando mi mirada. Fue muy loco porque soy una apasionada de la actuación y detrás de todos los personajes y máscaras que tenemos, vi en el claro de mi ojo algo que me tocó el alma y me pregunté: “Si eres una buena persona, si tenés éxito, si a vos te gusta lo que hacés, la vida te acompaña y tenés cosas hermosas, ¿por qué lo hacés?”. Vi eso en mis ojos y luego pasó a mi cuerpo, a mi ser. Esa mañana me estaba mirando al espejo y en lo más profundo de mi mirada vi algo que no me gustaba. Eso no era yo: no era la Claribel niña que conocía, la Claribel alegre, optimista, la Claribel que va para adelante y le gusta trabajar.

-¿Eso te angustió?

-No. Al toque hice un llamado telefónico y me metí de lleno con el asunto. Entré en estos grupos de ayuda que son anónimos y le agradeceré eternamente a la persona que me llevó a esos grupos. Conocí gente hermosa ahí. Seres humanos alucinantes, gente realmente gloriosa. No son mis amigos porque no se trata de eso; es un acompañamiento. Somos como una red mundial de contención.

-¿Seguís yendo?

-Ahora no se puede por la cuarentena pero hasta que se decretó el aislamiento, estaba yendo. Y ahora nos encontramos por Zoom. Es un compromiso y una responsabilidad que asumís a conciencia. Cuando empezás a trabajar a nivel espiritual profundamente para saber lo que te pasa y el por qué, te relajás. Hoy yo en mi caso lo llevo con mucha tranquilidad. Voy más porque siempre está bueno devolver en agradecimiento lo que te han dado. Es una red de ayuda y cuando llega alguien nuevo, es muy importante estar ahí para dar el testimonio.

Por Nico Peralta

Claribel Medina: “Una mañana me miré al espejo y vi algo en el claro de mi mirada que no me gustaba; esa no era yo”