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ENTREVISTA A FONDO

La increíble historia de vida de Leo Alturria, el novio de Lizy Tagliani, que trabaja de encargado en un edificio 

La increíble historia de vida de Leo Alturria, el novio de Lizy Tagliani, que trabaja de encargado en un edificio 
El cordobés de 32 años abrió su corazón y contó la historia de su padre ausente, su infancia con privaciones, y cómo nació su historia de amor con Lizy. "Soy un heterosexual que se enamoró de una chica trans", afirma 

El día exacto fue el 2 de julio del año pasado. Ese mediodía, Leo Alturria (32) fue a participar como una persona más a El precio justo, el programa de entretenimientos que conduce Lizy Tagliani (49) de lunes a viernes a las 11.30 por Telefe, sin imaginarse que iba a terminar encontrando novia. Después del programa en vivo, intercambió unos mensajes privados vía Instagram con Lizy, esa misma noche se encontraron, se dieron el primer beso y al poco tiempo ya estaban formalmente de novios. A Leo la vida le cambió de la noche a la mañana y pasó de ser anónimo a tener 300 mil seguidores en Instagram, por ejemplo. Pero no modificó sus hábitos ni su rutina y todas las mañanas a las 7 se lo puede ver baldeando la esquina de Palermo donde está ubicado el edificio donde Alturria trabaja como encargado. “Acá trabajo y vivo: estoy de 7 de la mañana hasta el mediodía y luego de 17 a 20 en la portería”, cuenta el cordobés oriundo de la localidad de Embalse de Calamuchita y por primera vez se abre a una charla íntima con Pronto.

-¿El aislamiento obligatorio modificó tu trabajo?

-Como vivo en el mismo edificio en el que trabajo, sigo haciendo mis actividades pero con muchos recaudos. La limpieza es más profunda, con más lavandina desde el piso hasta los picaportes y me vivo poniendo alcohol en gel. Ayudo a algunas personas mayores, que son pacientes de riesgo, y como no están autorizadas a salir ni a recibir visitas de sus familiares, yo les hago las compras en el supermercado chino que está a media cuadra. Y a las otras personas, que piden delivery, yo se los recibo y les dejo las cosas en el palier.DestacadosHorizontal (1)

-¿Con Lizy no se están viendo?

-No nos vemos desde que se decretó la cuarentena obligatoria. Hablamos todos los días y cada tanto metemos alguna videollamada pero por lo general son más mensajitos de texto vía Whatsapp. Nos extrañamos mucho y esto nos agarró sin ninguna despedida porque estábamos cada uno en nuestras casas cuando se tomó la medida y ahí nos quedamos.

-Ella volvió a la tele y confesó que está desesperada por verte.

-Sí, la escuché. Por suerte, pudo volver a trabajar y en algún momento se le cruzó por la cabeza venir a visitarme pero la frené porque la mejor manera de cuidarnos es estando aislados y con el menor contacto físico posible. “Menos mal que frenás porque si no voy de una”, me dijo. El otro día participé de su programa por Skype y transmitimos lo que cada uno sentía a la distancia.rugby

-Hablemos de una de tus pasiones: el rugby.

-Ahora no estoy jugando por razones obvias pero amo el rugby. Cuando pase todo esto, volveré a jugar. Entreno en Vicente López con los chicos de Etecuba Rugby, que es el equipo de la Escuela Técnica de Villa Lugano. Antes jugábamos para la USAL y cuando cerró el programa de rugby universitario, nos pusimos a jugar en Etecuba. Juego hace casi tres años ahí.

-¿De chico también practicabas rugby?

-No, la primera vez fue ahora, con el rugby universitario. Antes jugaba al fútbol, todos los días hacía el mismo recorrido y un martes que se suspendió el partido porque habían faltado muchos, vi en una plaza a un grupo de chicos jugando al rugby. Me pareció copado y un martes que tenía libre, fui a verlos entrenar, me acerqué al técnico y me explicó: “Esto es rugby universitario y si no jugaste nunca, te invito a que te quedes a mirar el entrenamiento de hoy. Si te gusta, el jueves arrancás”. Así fue: llegué con mi bolsito y tuve que ir al gimnasio para fortalecerme un poco más. Dejé el fútbol momentáneamente porque entre el rugby y el gimnasio ya era demasiado desgaste físico.

-¿Cuánto hace que trabajás como encargado de edificio?

-En éste llevo cinco años pero antes estuve en otros edificios. Soy de la provincia de Córdoba y me vine a vivir a Buenos Aires a los 21 años porque acá tenía amigos a los que cada tanto venía a visitar. Me encantaba salir a recorrer y bailar en Capital, lo cual es muy diferente a la movida que hay en mi pueblo, Embalse de Calamuchita. Mi pueblo tiene 12 mil habitantes; es chico.pORTERO

-¿Naciste en Embalse?

-No: nací en Río Cuarto y viví hasta los 6 años en un pueblito que se llama Holmberg, a 120 kilómetros más o menos de Embalse. Mi papá, Reinaldo, laburaba de empleado en una estación de servicio en Embalse, viajaba mucho y por eso nos mudamos para ahí. El tema fue que mis papás se separaron cuando yo tenía 10 años y lo sufrí mucho. Lo sentí bastante porque al ser el mayor de cuatro hermanos, tuve que asumir ciertas responsabilidades. Me siguen Jésica (31), Lorena (28) y Emanuel (25). Mi mamá, Susana, se dedicaba a cuidar a gente mayor y de hace un tiempo se dedica a la repostería y vende pastelitos, alfajores de maicena, pan casero y lo vende en Embalse.

-¿A qué responsabilidades te referís?

-A que tuve que trabajar de chico para ayudar en mi casa. A los 10 años, embolsaba la mercadería en un supermercado de mi pueblo a cambio de propina. Era una forma de ayudar a mi vieja y de pagarme el secundario. Iba a un colegio técnico a 25 kilómetros de mi casa así que de lunes a viernes estaba pupilo ahí y los fines de semana volvía a Embalse y trabajaba embolsando mercadería.

-Cuánto sacrificio, Leo.

-En esa época para mí era normal pero ahora que soy grande y lo veo desde otro ángulo, siento que hay etapas que no cerré de la infancia. Ahora de grande me puse a coleccionar autitos y hace poco me compré un tren en una juguetería, lo armé y me puse a jugar un rato. De chico no tuve todo eso y si bien no soy de contar mucho todo esto, reconozco que tuvimos necesidades. No quiero recordarlo porque me hace mal y me daba mucha vergüenza salir a pedir. Por eso, quizás mis hermanas pedían ayuda y yo me quedaba más lejos porque me daba vergüenza.

-¿Sufriste bullying? Venís de un pueblo chico.

-No, jamás, pero era yo el que automáticamente sentía que se iban a reír de mí. Nunca me discriminaron, al contrario, pero yo estaba bastante a la defensiva. Ahora de grande la gente reconoce el esfuerzo y la educación que nos dio mi vieja. Yo se lo valoro a ella de por vida.

-¿Tu papá estaba presente?

-No tanto. Muy poco. Al separarse de mi vieja, se volvió a Holmberg y hubo una etapa en la que no tuvimos contacto con él. Mi vieja renegaba con la cuota alimentaria que no le llegaba y le insistía a mi viejo para que nos viniera a visitar pero él no lo hacía. Yo nunca me enojé pero tampoco lo sentía. Al día de hoy, la frialdad que tengo y esta cosa de ponerme una coraza y ser bastante duro creo que viene de la infancia. Me tuve que armar una coraza para que no me entren las balas y a la vez soy frágil porque si veo algo emotivo en la televisión, se me caen las lágrimas. Soy duro pero con la emoción a flor de piel.

-¿Actualmente lo ves a tu papá?

-Ha pasado algo muy loco con él. El laburaba en un desarmadero, se cayó del techo de un tinglado y con ese accidente que sufrió, al estilo de lo que le pasó a Sergio Denis, quedó muy mal. Tuvo conmoción cerebral, se fracturó el hombro y la cadera, le pusieron una prótesis que su cuerpo rechazó, se le infectó una pierna y antes de que le agarrara gangrena, se la tuvieron que amputar. Quedó inválido el año pasado y mi vieja, que tiene un corazón de oro, decidió llevarlo a vivir a su casa. A pesar de que estaban peleados hacía 25 años, lo llevó a Embalse y lo cuida en su casa.

-¿Cómo está tu padre hoy?

-Primero perdió la memoria, no sabía dónde estaba ni quiénes éramos nosotros porque lo íbamos a visitar y no tenía registro de quiénes éramos, y un día se quiso levantar de la cama, se cayó y se golpeó la cabeza contra un calefactor que había a un costado. Le tuvieron que hacer seis puntos para coserle le herida en la frente y parece que ese golpe le acomodó las ideas: empezó a hablar, a modular, a reconocernos a todos. Está mucho mejor que antes aunque anímicamente no está fuerte. Quedó discapacitado, no trabaja ni hace nada pero al menos vive. Aunque no están en pareja, mi mamá se hace cargo de él y la ayudan mis hermanos que están ahí también. Yo lo veo cuando voy o si no hacemos videollamadas. Siempre se le cae una lágrima cuando me dice: “Uy, negrito, yo quería ir a visitarte y se me dio esto, la puta madre”. Verse así es muy frustrante para él.

-Volvamos a tu historia. Dijiste que estudiaste en un colegio técnico.

-Sí. Estudié en un colegio técnico y ahí aprendí sobre soldadura, tornería y todo lo relacionado a la industria metalúrgica. Cuando terminé el secundario, mi intención fue estudiar ingeniería mecánica pero la vi muy pesada a la carrera y dejé antes de comenzar. Me achiqué y me metí a trabajar en un taller de tornería que había en Embalse. Hacía la parte mecánica de las piezas, hacía engranajes y demás actividades como un taller mecánico. Entré con lo que había aprendido en el colegio y mi jefe me enseñó un montón. Ahí había llegado recomendado por mi anterior jefe.

-¿Cuál había sido tu trabajo anterior?

-Laburaba en una empresa que hacía cordones cuneta para la Municipalidad: cavaba zanjas y hacía sangrías, que consiste en poner piedras en un pozo gigante para que vaya ahí la materia fecal y el agua servida para que eso se drene a la tierra. Era un laburo muy pesado porque los pozos que cavábamos eran muy grandes y teníamos que llenarlos con piedra. Igual siempre me gustaron los trabajos físicos, de hacer fuerza. Laburaba ahí hasta que me pasé al taller: comencé barriendo y un día que faltó otro empleado, me dieron la tarea de rebajar un eje para calzar el rodamiento de un motor. Me salió bien, mi jefe empezó a confiar en mí y fui haciendo trabajos del estilo hasta que pasé a trabajar en una fábrica de desmalezadoras.

-¿Qué hacías ahí?

-Era una fábrica más grande y entré como armador de máquinas de pasto. Como tenía experiencia en soldadura, pasé a esa área y arreglé una máquina un día que se rompió. Por mi experiencia en tornería, el dueño empezó a comprar máquinas y me quedé en la parte de tornería. Y a los 21 me vine a Buenos Aires. Cuando venía a visitar a mis amigos a Capital, charlaba con los encargados de los edificios hasta que me salió la posibilidad de hacerle una suplencia a uno que conocía. Eso me contactó con otro, fui haciendo suplencias y hace 5 años quedé fijo acá en la portería. Soy simpático, servicial, atento, le abro la puerta a la gente cuando llega con las bolsas cargadas.

-¿Cambió el vínculo con los vecinos desde que te hiciste conocido?

-No. Bah, lo que pasa ahora es que por ahí me reconocen y me saludan un poco más que antes. Me saludan por mi nombre personas que no conozco pero yo saludo a todos amablemente. Lizy viene seguido y le gusta pasar momentos conmigo acá. Bueno, ahora no por la cuarentena pero en una situación normal miramos películas, yo le cocino o salimos a comer acá a la vuelta. A veces, se queda a dormir.

-Antes de conocerla a Lizy, habías estado en otros programas.

-Claro: participé en la tribuna de Guido cantando e imitando a Rodrigo y luego estuve en Minuto para ganar, con Marley. Antes de jugar, tuve que ir al canal a practicar los juegos y en ese momento estaban armando El precio justo, que todavía no había salido al aire. Lizy andaba por ahí y ella me cuenta que ahí me fichó por primera vez. Luego me vio por la tele en el programa de buscar parejas de Nico Occhiato, Todo por amor.

-¿Por qué ibas a los programas? ¿Buscabas fama o qué?

-No, simplemente me divertía. Desde mi pueblo miraba mucha tele y siempre me preguntaba cómo sería ese mundo por dentro. Cuando me vine a vivir a Buenos Aires y tuve la oportunidad de ir a un casting para Lo mejor de la familia, con Guido Kaczka, me presenté. Canté un tema de Arjona, fue mi primera aparición en televisión y si bien estaba nervioso, lo disfruté mucho. Asistía a los programas para divertirme, pasarla bien y ganar un premio con suerte. A mis amigos les gustaba verme y el año pasado, el 2 de julio, fui a participar a El precio justo.

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-¿Qué pasó ese día?

-Participé y después del programa, Lizy me escribió por Instagram y me puso: “Bombonazo, estuviste bárbaro hoy, la pasé muy bien, sos un amor, espero que tengas muchos éxitos en la vida y te vaya bien”. Le respondí: “Gracias, Lizy, sos un amor de persona, muy simpática y yo también la pasé bien. Espero cruzarte en algún otro momento”. Al toque, bien a su estilo, me contestó: “Cuando quieras”. Ahí empezamos a hablar y ese mismo día nos encontramos en persona. ¿Si me había fijado en ella anteriormente? No porque la veía muy lejana. Nunca tuve prejuicios. De hecho, le dije que para mí es una mujer y siempre la vi así.

-¿Habías estado en pareja previo a conocerla?

-Sí. Había tenido una sola novia, a quien conocí en Córdoba y la relación siguió en Buenos Aires. Estuvimos dos años y medio juntos, fue mi única relación estable y la única vez que estuve de novio. Se cortó porque nos mató la convivencia. Por mi personalidad, me empecé a sentir ahogado o encerrado y nos separamos. A Lizy le gustó de mí la libertad que tengo. Somos independientes, cada cual tiene sus espacios y así nos manejamos.

-¿La gente cómo ve su relación? ¿El afuera es prejuicioso?

-Hay de todo. Estoy de novio con una chica trans, que además es famosa pero no me importa el qué dirán y se lo dejé en claro a ella. “Lo que pasa entre cuatro paredes es nuestro y que no nos afecte el exterior”, le dije porque al principio ella tenía miedo de mostrarse conmigo. Tuvimos una pequeña crisis, que duró un día nomás pero salió en todos lados, y esa crisis se dio porque ella quiso protegerme a mí de todos los comentarios malintencionados y que criticaban mi pasado mediático.

-Se dijo que te habías acercado a Lizy por interés y que eras un oportunista.

-¡Se dijeron tantas cosas! No te voy negar que fue muy hiriente al comienzo porque imaginate que no tengo maldad y que salgan a opinar sin conocerme, me dolió. Después me fui acostumbrando y entendí que no me tenía que hacer cargo de un tema que no era mío sino del resto. “Con el tiempo, la gente me aceptará o no pero eso ya no depende de mí”, pensé.

-Encima apareció un tuit de tu mamá (decía “ellos sabrán qué habrán acordado”) y dejó entrever que tenías un arreglo con Tagliani.

-Eso fue una malinterpretación de la gente que leyó el mensaje. Mi mamá lo escribió con el fin de protegerme y para que la gente no me atacara más. El problema fue que mi madre utilizó la palabra “arreglo” y esa palabra hizo explotar todo. Puso algo así como que nos dejaran ser felices y que solo nosotros sabíamos el arreglo que teníamos. Pero ese arreglo no se refería a algo comercial o económico sino al acuerdo de pareja, que era nuestro y de nadie más.

-¿Lo aclaraste con tu mamá?

-Sí. Le dije que no se metiera en la relación y que no opinara porque el mundo de la televisión es así y que van a agarrar cualquier cosita para darla vuelta. Le dije que si me veía feliz a mí, que ella también lo disfrute porque es mi mamá y se tiene que alegrar por mi felicidad.

-¿Dónde fue la primera cita con Lizy?

-En su casa, el mismo día que nos conocimos en el programa. Después del intercambio de mensajes por Instagram, pasaron cuatro o cinco horas y le escribí. Jugaban Argentina y México y le pregunté si le gustaría mirar el partido conmigo. “Sí, dale. ¿Dónde querés que lo veamos: en mi casa o en un bar?”, me preguntó. Acordamos ir a su casa para estar más tranquilos y no exponernos. Nos pasamos el Whatsapp, fui a su casa, comimos a la vuelta de su casa y miramos el partido. Ahí se dio el primer beso; esa misma noche.

-¿Qué te pasó con ella?

-Fue algo inesperado y siento algo muy fuerte por ella. Se me cruzaron mil cosas por la cabeza y sabía que iba a ser fuerte estar a su lado porque es una figura pública pero nunca me importó el qué dirán. A ella la quiero a mi manera, ella se sintió querida desde un principio y por eso la relación prosperó. Sentí su cariño de entrada y fue muy sincera e incondicional conmigo. Le puse primera y arrancamos.

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-¿En qué momento se pusieron de novios?

-Hasta que pasó lo de la pequeña crisis que tuvimos, íbamos y veníamos todo el tiempo. Ella sí quería estar de novia desde un principio y yo dudaba un poco hasta que le mandé un mensaje yo y le dije: “Lizy, me gustaría tener algo formal y serio con vos. Quiero estar de novio con vos para saber realmente qué es lo que yo quiero, qué nos puede pasar y qué sentís vos por mí. Definámoslo para saber qué quiere cada uno con su vida”. Cuestión que nos pusimos de novios, nos empezamos a mostrar más, salimos a comer, vamos de la mano por la calle.

-Tus redes explotaron, tenés 300 mil seguidores, ¿eso te afecta?

-Puede ser que en algo me haya modificado pero no le saco rédito y no sé hacer canjes, por ejemplo. No lo exploto, no hago chivos y mi vida sigue normal, aunque seguramente por el costado me están pasando oportunidades que sigo sin verlas. Mi economía no cambió, sigo viviendo con mi sueldo en el mismo departamentito de siempre y cuando salimos a comer con Lizy, un día paga ella y otro día pago yo. Nos manejamos así y cuando puedo, le hago algún regalito.

-Lizy juega con su condición de chica trans, pone la voz gruesa para hacer chistes y se ríe de ella misma. ¿Vos cómo lo vivís?

-Me encanta, me río con ella y me encanta. De hecho, nosotros en la privacidad siempre jodemos con eso y yo le hago bromas también. Un día, estábamos comiendo en uno de esos restaurantes que te ponen el mantel de papel con crayones para dibujar, yo estaba inventando firmas y ella me dijo: “Cuando tengo que firmar algo así nomás pongo Lizy Tagliani y si es más importante pongo Luis Edgardo Rojas”. ¡Me maté de la risa! Nuestras charlas son fluidas y no tengo mambos porque sé quién es ella, siempre con su picardía y sus ganas de jugar constantes.

-¿Tuviste dudas con tu sexualidad?

-No, porque sé qué quiero. Tiempo atrás estuve en pareja con una chica y en mi pensamiento el amor no tiene género: acá me enamoré de una persona y ya. Por eso no vive este amor con prejuicio y nunca me generó dudas. Igual entiendo que en la sociedad hay muchos prejuicios y hay personas que no entienden esta relación porque fueron criadas de otra manera y con otra estructura. Las nuevas generaciones de a poco van aceptando que el amor no tiene género y que cualquiera se puede enamorar de quien quiera. Yo soy un pibe heterosexual que se enamoró de una chica trans y ya. Lo nuestro es una historia de amor que se dio de forma natural.

-¿Proyectan convivir?

-Por el momento, no. Soy responsable de mi trabajo y vivo acá, donde laburo. Ella tiene sus perritos y su casa en otro lugar ya armada pero si bien no convivimos, pasamos mucho tiempo juntos. Hace a que no estemos tan distanciados y dormimos acá o en su casa en Hudson. Le tengo miedo a la convivencia, no quiero que se rompa nada.

-¿Y casarte?

-Desde mi punto de vista, no siento que tengamos que casarnos para demostrarnos el amor que nos tenemos. Un papel no cambia en nada nuestra relación. Por una fiesta no vamos a ser ni más ni menos. Y ser papá nunca fue un plan en mi vida. De chico, sufrí la separación de mis viejos y mientras mi mamá salía a laburar, yo me tenía que quedar a cuidar a mis hermanitos, que eran mucho más chicos que yo. Esa etapa de hacerme cargo de otras personas la viví en el pasado y no quiero revivirla ahora. Estoy cerrando etapas de mi vida que habían quedado inconclusas y al comprarme autitos, por ejemplo, siento que recupero un poco de la infancia que me robaron porque en vez de jugar a la pelota estaba embolsando mercadería a cambio de propina.

 AUTITOS

-¿Qué otro lujo te podés dar ahora?

-Cuando puedo, me escapo a jugar al golf, algo que también hacía de chico. En Embalse teníamos un abogado amigo al que le gustaba jugar al golf y me llevaba de caddy. Cada tanto me dejaba pegarle a la pelota y era muy feliz. Cuando puedo voy a jugar a Costa Salguero o en la cancha de golf del campo de la Ciudad. Voy y practico o me meto en torneítos amateur.

-¿Cuándo fueron a Embalse con Lizy por primera vez?

-En octubre pasado, para el cumpleaños de un amigo mío. Paramos en un hotel, nos quedamos ahí por el fin de semana y el domingo nos volvimos. Estuvimos poco en mi casa pero después volvimos en diciembre, para la Navidad. Como Lizy tuvo una semana de vacaciones, nos fuimos a Córdoba: anduvimos por Carlos Paz y estuvimos en Embalse con mi familia.

-¿Cómo la recibió tu familia?

-Antes de viajar, le hice un panorama de la situación en mi casa y Lizy se adapta a todo. Mis viejos estaban encantados de recibirla porque Lizy es muy simpática y querida por todos lados. La primera vez había sido una charla en el cumpleaños de mi amigo y en Navidad tuvimos más intimidad: cenamos en casa y compartimos esa noche en familia.

-¿Lizy se adaptó bien?

-Se trata de adaptar lo que más puede porque es un mundo nuevo para ella. Está acostumbrada a otra vida, más solitaria y con otras amistades. Su vida es más a las apuradas y va del canal a su casa y de su casa al canal, siempre corriendo. En Embalse hicimos sobremesa, con otros tiempos. Cuando ella se junta a comer con sus amigos, comen, pum pum pum y cada cual rápido a su casa o a hacer sus cosas. Además, es tímida aunque no lo parezca.

-Perdón, ¿Lizy tímida?

-Sí, te lo juro que sí. Le cuesta entrar en confianza si no te conoce y con mis amigos yo sentía que ella no terminaba de encajar del todo. Con mi familia sí se sintió bien porque la aceptaron e integraron desde un principio. Yo a mi familia no le había contado nada que estábamos saliendo. Es más, mi vieja se enteró que estaba de novio con Lizy porque lo vio por la televisión. Soy bastante reservado con mis cosas y con mi familia no hablo tanto en profundidad. Cuando mi vieja se enteró, me preguntó si era cierto y le dije: “Sí, estamos de novios”. Y me respondió: “Mirá qué bien”.

-Si te tuvieras que definir, ¿qué dirías?

-Diría que soy una persona sencilla, humilde, laburante, no me gusta la gente que habla mal del otro sin conocerlo. Soy sociable, me gusta hacer amistades y soy un chico divertido que vive sin prejuicios.

La increíble historia de vida de Leo Alturria, el novio de Lizy Tagliani, que trabaja de encargado en un edificio