Mónica Ayos: “Hace dos meses le leí por primera vez a mi hijo Fede las cartas que su papá le dejó antes de quitarse la vida”

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Mónica Ayos: “Hace dos meses le leí por primera vez a mi hijo Fede las cartas que su papá le dejó antes de quitarse la vida”

Mónica Ayos: “Hace dos meses le leí por primera vez a mi hijo Fede las cartas que su papá le dejó antes de quitarse la vida”

La actriz reveló a Pronto que justo antes de la cuarentena compartió un delicado momento personal con su hijo mayor, que nació en medio de una relación marcada por la violencia de género que sufría Ayos por parte de su ex.

Radicada en México junto a su familia, Mónica Ayos (47) brindó una entrevista a Pronto a través de Instagram y se abrió a una charla reveladora. La actriz está pasando la cuarentena con su marido, el actor Diego Olivera (53) y su hija Victoria (16) en el Distrito Federal, mientras que su hijo mayor, Federico (27), vive solo a 10 minutos de la casa de su famosa mamá. Entre tantos otros temas, reveló por qué nunca aceptó participar del Bailando por un sueño, repasó su niñez con padres ausentes (“se la pasaban viajando por el mundo bailando tango”), ponderó la importancia en su vida de su abuela que la crió en Mar del Plata y dio detalles de su nuevo proyecto artístico, un thriller policial llamado El jardín de yeso, que si bien no es autobiográfico, tiene muchos pasajes clonados de la violencia de género que Mónica vivió en carne propia por parte del padre de su hijo Federico.

-Alguna vez contaste que nunca habías podido decirle “te amo” a tu mamá.

-Sí, definitivamente, me sigue pasando. La relación con mi mamá data de muchos años de desencuentros. Cuando era chiquita, estaba muy pegada a mi vieja y la cosa cambió cuando empecé a crecer, a ver la vida con otros referentes afuera y empecé a comparar. La mía era una familia disfuncional, yo viviendo mitad con mi abuela en Mar del Plata y mitad con mis viejos. Ellos tenían vida de artistas, no paraban nunca, cual circo, muy itinerante y yo dormía en camarines y tenía los horarios cruzados. Creo que de grande me despegué de lo que de chiquita me parecía lo correcto y después empecé a fijarme en el deber ser: ¿qué quiero ser y como quién? Me voy a despegar de esto y voy a armar mi propia historia, siendo yo, con mis valores y cuidándome. Ella estaba muy pegada a mi viejo, hasta el día que él se murió, en 2005. Cuando armé mi familia y tuve a mis hijos, me costó empezar a entender esa clase de maternidad que ella me había propuesto y que no es la que yo les propongo a mis hijos, claramente. Desde ahí gané porque lo hice al revés y ya está.

-Es una historia fuerte.

 -Sí pero igual no les quiero cargar este mochilón a mis viejos porque fueron lo mejor que pudieron y yo les debo mi carrera porque me crié entre patas de escenarios. El maestro Pugliese para mí era el viejito que tocaba el piano, ¡y era Pugliese! Los camarines de Tita Merello con sus anécdotas, Horacio Guarany comiendo asados en lo de Mariano Mores y yo jugando con Mariana (Fabbiani), Gabriel y Marcela, sus nietos. Tengo una infancia llena de esos personajes maravillosos gracias a ellos y amo la profesión desde un lugar muy profundo.

-¿Con tu mamá cómo es hoy el vínculo?

-Bien. Mi abuela murió en 2017 y mi mamá, que vivía con ella, vive pero dejó el baile. No volvió a formar pareja y conduce eventos de tango. Se dedica más a la locución y conducción. Nuestra relación está muy bien y con una sana distancia. Anoche la mandé a mi mamá algo que me pidieron hacer de un portal que se llama Tu libro del día sobre la poesía de Mario Benedetti No te rindas. Y cuando yo tenía 15 años y estaba en una época rebelde, mi mamá me la transcribió con su puño y letra, a mí me gustó mucho y fue una de las lecturas que en ese momento, en el que yo tenía sobrepeso, me tiró para adelante. Lo que conté es real pero, sin embargo, recuerdo cosas buenas de ella. Mi vieja es muy instruida e inteligente y tuvimos un buen diálogo hasta que yo empecé a mirar el mundo desde otra perspectiva y querer ser yo misma sin parecerme a nadie.

-O sea que entendiste que querías criar a tus hijos desde un lugar más apegado.

-Sí, más cercano, más presente, más de acompañarme. No me los llevé puestos pero les dije: “Esta es la mamá que les tocó, nos vamos a vivir a tal lado, anclamos acá” y desde ahí que ellos encuentren todas sus riquezas y herramientas pero junto conmigo. Para mí hubiese sido mucho más fácil dejarlos con otro pero no era la idea, no hubiese podido. No estaba en mí. Antes de llegar a eso claro que pifié un montonazo, eh. No me arrepiento de nada porque todas las cagadas que me mandé me sirvieron para ser lo que soy hoy. Con mis 47 años, entiendo dónde estoy parada, no me creo mil, tengo un ego muy domado, muy tranquilo y sé que esta profesión va y viene, te ponen arriba, te ponen abajo, estás, no estás. Para acompañar a mi compañero de ruta y dejar los dos Martín Fierro a los que estaba nominada, el Cóndor de Plata y todo lo que me estaba pasando en la Argentina, fue porque entendí que era su momento, que estaba bueno acompañarlo a él porque teníamos una hija juntos y estaba bueno pensar y apostar los dos por esta familia a futuro. Hice eso porque tenía el ego domadísimo, ¡sino no hay manera!

-¿Llegaste a ese lugar gracias a la terapia?

-Terapia hice siempre, hasta que encontré a mi terapeuta, Laura, que tengo hace más de 14 años. Siempre volví a preguntarme y repreguntarme, pasar por caminos ya transitados y ver qué cosas me quedaron pendientes. Siempre estoy analizándome y me parece muy necesario para personalidades como la mía, que puedo derrapar en 2 segundos. ¡Mi vida puede cambiar en 2 segundos! Sigo siendo rebelde y por eso le digo que no al Bailando todos los años. ¡Es para no cambiar así mi vida, con un simple chasquido de dedos!

-¿Te siguen llamando del Bailando? ¿Todos los años te convocan?

-Sí, claro, sí, sí. Yo los amo, los adoro y todos los años les digo que lo veo, que consumo, que me gusta el programa e incluso el momento de las performances me gusta más que lo demás. Pero no. Justamente porque soy cagona y hay que tener mucha espalda para bancarse y cambiar el modo en el que estoy ahora, que estoy muy cómoda, que estoy bien. Y eso que yo salgo del área de confort. Encontré un espacio que me gusta y estoy produciendo una ficción, no en este momento que está todo tan difícil, pero tengo un proyecto que fue gestado por mí y que me tiene muy entusiasmada.

-¿Hablás de El jardín de yeso?

-Sí. Es un policial que hicimos el teaser aquí en México, viajó Facundo Arana para acá y estuvo menos de una semana, grabó todas sus escenas y se volvió porque estaba haciendo teatro él.

-¿Cómo se dio ese encuentro con Facundo Arana?

-¡Fue una locura! Yo me hablaba siempre por teléfono con él, lo último que hicimos juntos fue Sos mi vida y siempre nos hablamos por teléfono. Le conté que estaba armando algo: “Contraté un equipo de cine alucinante, con unas cámaras espectaculares, que se te va a ver el grano que te va a salir la semana que viene…”. Se me ocurrió una historia porque hacía poco había estaba en PH, había sido el Día de la Mujer, ahí contado ahí la experiencia con el papá de mi hijo, la violencia de género de aquellos años, rebotó mucho lo que conté en esa mesa, la gente me empezó a escribir muchísimo y me fui de Buenos Aires con muchos sentimientos encontrados. Acá saqué de mis diarios íntimos y mis historias algo que no iba a hacer porque contar mi biohistoria sería un plomo, pero sí poner algunas escenas clonadas de lo que me había pasado a mí dentro de un policial.

-Eso no lo sabía. ¿Tenés anotado en diarios íntimos de aquella época todo lo que te iba pasando cuando sufrías violencia de género?

-Sí, claro y más que un diario era como una agenda en donde me quedaron muy pocas páginas porque la verdad es que hice un asado con un montón de cosas mías hace un par de años atrás. Eran muy malos recuerdos y yo tenía todo en clave porque, viste, si me lo leían… (hace el gesto de que le pegaban). Tenía guardadas las cartas y un montón de material. Escribí el policial, contraté dos guionistas argentinos para poder desarrollarlo un poco más y lo presenté en Cannes, Francia, en la convención más importante de formatos. Cuando lo terminé de escribir y hablé con Facu Arana, le conté que lo estaba haciendo acá en México porque mi hija estaba en la escuela y no me podía ir a otro lado. “Pero me está fallando esto”, le comenté y como vi que él estaba interesado y me preguntaba, de repente Facundo me escribió una canción, me la tocó en el piano y me dijo: “Tomá, te la regalo para tu policial”. Es un tema alucinante que va a ser el tema del policial. “No podés tocarme el piano y mandarlo así como si nada, ¿vos vendrías?”, le pregunté y me respondió: “Obvio”.

-¿Y viajó de una?

-Sí. Pusimos todas sus escenas juntas en dos o tres días, así que vino, lo hizo y se volvió porque en Argentina él estaba haciendo teatro. Es una miniserie, yo escribí la idea y los guionistas lo armaron en formato de cortometraje, largometraje y ahora seriado, con un arco dramático de tres temporadas diferentes. Se llama El jardín de yeso y es la historia de una mujer viviendo en plena violencia de género con su marido. Es el único embarazo que logró llevar a término, está por parir, él la caga a trompadas y ella lo mata accidentalmente en defensa propia. Ella es escultora, entonces lo entierra en su jardín, le pone el yeso arriba pero lo entierra sin saber que estaba vivo  y se escapa a parir. Ahí entra en escena el policía que compuso Facundo, la encuentra en medio de la ruta y emprenden un viaje juntos de ida. Es un thriller policial, hace dos años que estoy dando vueltas con este proyecto y veremos dónde la metemos.

-Si bien no es tu propia historia, tiene muchos puntos en común: embarazada de tu hijo Fede sufriste violencia de género y contaste detalles tremendos.

-Sí y esos detalles están ahí, en el policial. Al ser una ficción con mucha historia que a mí no me pasó pero otra tanta que sí, reviví los peores momentos, que no es poca cosa. Son momentos aislados que no me los contaron: son absolutamente clonados, los viví en primera persona y fueron tal cual, de principio a fin. Fue muy difícil y el physique du role del actor que elegí para hacer del golpeador, Jean Paul Leroux, lo hizo tan bien y está tan parecido en lo físico a mi ex que a mí me sirvió muchísimo. Rememoré mi historia pero la actriz afloró y me concentré en lo que iba a contar en ese momento. Estoy más grande y lo pude afrontar; si me lo decías hace 20 años atrás, no iba a poder hacerlo seguramente. Esta historia data de 28 años atrás, lo tengo digerido, se puede salir adelante y también es un canto a la libertad que uno tiene cuando le encuentra la vuelta a salir de ese círculo vicioso de la víctima y el victimario para poder pedir ayuda. Hoy las voces se escuchan mucho más que en el año 92.

-¿En el 92 no pudiste pedir ayuda?

-Sí, pedí pero cuando hacía la denuncia, yo misma la levantaba. El pasaba una noche en la comisaría de Belgrano o la zona donde teníamos al altercado y después yo misma levantaba la denuncia. Por miedo, porque le creía que iba a cambiar, porque estaba embarazada. Pero también hay una familia detrás. Hoy él no está entre nosotros, se suicidó en el año 96 y ya no vivía en Argentina sino en Chile. Hay una familia detrás a la que yo conozco.

-¿Fede está en contacto con la familia paterna?

-Estuvieron en contacto un tiempo, ahora ya no. Claramente esto es muy doloroso para ellos y a mí me gustaría mucho acercarme desde otro lugar y no desde este pero bueno, es lo que me tocó vivir. Es muy doloroso y nadie quiere que esto aflore. Lo entiendo, aparte es una persona que ya no está entre nosotros y que no se puede defender pero cuando él sí estaba entre nosotros y se podía defender, yo también lo decía. No es algo que empecé a decir ahora. Sí estuvimos en contacto mucho tiempo, después se cortó un poco todo por problemas de salud de la familia, porque se mudaron, porque se fueron más lejos. Fede se crió bastante distante de toda esa historia y no lo vio nunca a él. Solo tenía 4 meses cuando yo me separé de su papá.

-¿No tiene recuerdos vívidos de su padre?

-No. Tiene algunas fotos y videos, e incluso fuimos a Chile a dejarle una flor al cementerio. Fue cuando Fede tenía tres años, el año que pasó lo que pasó. Ellos me avisaron y después de eso, cuando Fede cumplió 9 años, fui a buscar a Chile a su medio hermano, que su mamá muy gentilmente confió en mí y lo trajimos a Carlos Paz a la única temporada que hice en Carlos Paz porque todas fueron en Mar del Plata. Pasaron el verano juntos.

-Alguna vez contaste que antes de quitarse la vida, el papá de Fede le escribió a unas cartas a él y que las tenés vos. ¿El leyó alguna vez esas cartas? ¿Se las pudiste dar o todavía no?

-Mirá, cuando me lo preguntaron la última vez, no las había leído él. Ahora que me lo preguntás vos, tengo que decir la verdad: no pasó hace mucho, pasó hace dos meses atrás, un poquito antes de que empezara esta cuarentena. Se las leí, sí, finalmente se las leí. Se movió un poco el tema y al moverse, en una de las situaciones de familia… No se las di, son de él pero no se las di.

-¿Por qué?

-No sé, tampoco me las pidió. Se las leí y fue un momento difícil para los dos porque él reconoce muchísimas cosas en esas cartas. Fede era muy chico y es un pedazo de actor que esta bendita profesión le sirvió para canalizar un montón de cosas de él y es el pedazo de actor que es por la historia que tiene sobre su espalda. Uno puede ser un buen actor y no tener esta historia detrás también pero en este caso particular, Fede pone toda su energía ahí.

-Fuiste mamá y papá porque lo criaste sola, saliste sola adelante, eras muy chica. Fede te ama, ¿pero qué le pasa con la historia del padre? ¿Puede tenerle un poco de compasión?

-Sí, por supuesto. Porque yo nunca le pinté un monstruo, le dije la verdad y muy de a poco, a cuentagotas. Ni se lo puse en un pedestal para tener que matarlo o bajarlo de golpe, ni tampoco lo fui endiosando o santificando porque estuviera muerto. Lo que tuvo fue dosis de verdades hasta que fue adulto y pudo entender. Sabemos que Mario tenía un montón de cosas muy buenas, era un artista de la ostia y tenía un talento que desbordaba, pero su alma estaba muy triste y eso ya es una historia de él y no me puedo hacer cargo ni victimizarlo porque si yo empiezo a entender que lo que él hacía era porque también a él le pasó, entonces no salgo de ese círculo nunca. Yo tenía que velar por la vida de un hijo que había traído al mundo y por la mía. Entonces, lo entendemos hasta cierto punto.

-Y pudiste salir.

-Sí. El también pedía perdón y quería volver pero iba a seguir haciendo daño. Me decía: “Volvamos, volvamos, volvamos”. Por una vez en la vida entendí que no tenía que volver, porque antes había vuelto todas las veces que me había pedido que volviéramos. Así me volvía a pegar, estando incluso embarazada. Ahí entendí que no había que volver y fue cuando mi abuela me prestó plata, le saqué a él un pasaje a Chile y se fue engañado, pensando que iba a volver. Yo no era famosa, me pude ir y gracias a que Franco Bagnato aun no estaba con Geste que busca gente, pude desaparecer de la faz de la tierra. Pude criar a mi hijo tranquila, mejor y sin que alguien pare el taxi con el brazo y yo haga así por miedo a que me pegue. Pasaba eso: él paraba un taxi con la mano y yo estaba así (se acurruca). No se podía vivir de esa manera.

-¿Y tu autoestima estaba destruida?

-Sí, claro. Hay un tema de autoestima y de familiares alrededor, que algunos no se dan cuenta y otros sí pero no saben qué hacer. Amigos y gente con la que te ves y confiás, y te ven la nariz medio torcida o el ojo marcado y no son boludos, se dan cuenta. Hay cosas que uno trata de no decir pero también hay gente con la que uno se dice todo. En ese momento, yo tenía una amiga con la que nos escribíamos. Yo vivía en un monoambiente separado por un placard y mientras él miraba televisión, mi amiga me preguntaba cómo estaba yo y en mi agenda le contaba y le marcaba con la mano mientras en voz alta hablábamos de cualquier otra cosa. Hablábamos en código, yo tenía 19 años y pensaba que me merecía eso. “Esta debe ser la vida, ¿es esto, no?”, pensaba. Después, cuando salís al mundo te das cuenta de que no lo merecés. Mi familia estaba toda desparramada y por eso hoy soy una agradecida del lugar en el que me encuentro. Toda mi locura pasa a mis personajes y las actuaciones. O poder ayudar con mi historia si es esperanzadora para muchas minas que me escriben.

-¿Te escriben mucho?

-Sí. Me escriben y me dicen: “Me está pasando esto”. Hoy hay muchos lugares para poder ayudar y enseguida las derivo a muchos lugares con números de teléfono, páginas web y lugares físicos que te reciben. En esa época era distinto. Los policías se te reían un poco y ¿cómo no se iban a reír si al día siguiente iba a levantar la denuncia? Ya no te dan pelota pero en muchos otros casos hay negligencia. Eso también se cuenta en El jardín de yeso: la mina después se convierte en una vengadora y hace justicia por mano propia, sin hacer apología del delito, hasta que la para la policía y tiene que pagar por lo que hizo. La ley la tiene que poner el juez, no vos. El mensaje es esperanzador porque en mi caso ven que soy una mina común, no es que estoy siempre emperifollada y divina; la pasé para el orto, la autoestima estaba destruida y no había glamour ni mucho menos: a veces no había ni para comer. Después ven que esta misma mina armó una familia, que parece una mujer normal y no se le ven secuelas. Yo paso mi experiencia pera cada historia y cada contexto es un mundo.

Por Nico Peralta

Mónica Ayos: “Hace dos meses le leí por primera vez a mi hijo Fede las cartas que su papá le dejó antes de quitarse la vida”