ENTREVISTA EXCLUSIVA

Alejandro Dolina y la soledad durante la pandemia: "Cuando esas angustias golpean a mi puerta, pienso que podría haber muerto yo, o algún ser querido y me siento un privilegiado"

Alejandro Dolina y la soledad durante la pandemia: "Cuando esas angustias golpean a mi puerta, pienso que podría haber muerto yo, o algún ser querido y me siento un privilegiado"

De cara al espectáculo En la pieza de Dolina 2 que presentará vía streaming, el escritor y conductor de La venganza será terrible habla de cómo vivió estos últimos meses casi sin ver a sus hijos, de la compleja actualidad política y de Notas al pie, la novela que está escribiendo  

"Lo que me inspiró fue un un video gracioso del partido de Espert. Tenía un inocente slogan que era ´Libertad sí o sí´. Y me pareció que era muy contradictorio y muy gracioso. Porque si la libertad consiste en elegir, eso es justamente lo contrario,” dice Alejandro Dolina acerca de por qué eligió la palabra “libertad” como eje temático de “En la pieza de Dolina 2”, el espectáculo vía streaming que presentará este sábado 14 de noviembre a las 21.30. “No es político, tampoco una crítica a Espert” –aclara- “se trata de pensar que la libertad es un tema espinoso, que tiene mucha paradoja porque cuando aparece el otro todo se complica. El otro no solamente con su propio derecho, su propia voluntad y su propio deseo, sino a menudo con su propia vulnerabilidad, con su propio amor... Porque incluso el amor es una forma de perder la libertad, es el riesgo de perder la libertad. Y ahí me puse a pensar un poco que podía dar lugar a algunas historias divertidas, como por ejemplo, que alguien reciba la orden tajante de ser libre. Eso ya es una paradoja. Pero que el tipo decida no cumplir con esa orden abre también otra colección de paradojas”.

Si bien explica que “así como yo voy a estar de un modo fantasmagórico en la casa de los demás, algunos invitados estarán de ese mismo modo en el streaming”, Dolina estará solo en la pieza. Un estado que ha cultivado durante toda la pandemia, aunque esta vez no como la búsqueda de una situación propicia para la escritura, la composición musical o el ocio individual, sino por prevención sanitaria. “Yo suelo decir que vengo bastante entrenado, que no he necesitado pandemia para estar solo. Muchas veces la soledad es voluntaria, pero acá está impuesta y uno necesita al otro. Y a veces fuertemente. Pero cuando esas angustias personales golpean a mi puerta, digo, bueno, son estas angustias y no la de haberme muerto, la de que se haya muerto un ser querido, la de no poder trabajar en absoluto o la de no poder ganarme el sustento. Entonces digo bueno, después, de todo soy un privilegiado, mejor será que me llame a silencio”.

-¿Y qué es lo que más extrañaste, qué libertad tuviste que ceder?

-Yo extraño a las personas. Aunque hablamos todos los días he visto poco a mis hijos (Martín y Ale) y a algunas personas muy queridas he dejado de verlas completamente. Y extraño también el teatro desde un punto de vista profesional porque nosotros nos ganamos la vida con la radio pero principalmente con las funciones teatrales, las giras que hacemos. Y no solo nos ganamos la vida, nos gusta mucho.

-¿Asumirías el riesgo de hacerlo si se llega a habilitar el teatro en todas sus formas?

-Prefiero esperar. Ya que esperamos tanto tiempo… Viene una vacuna, posiblemente los efectos del virus se aplaquen bastante.

-Para vos siempre fue muy importante la presencia del público, de hecho La vengaza será terrible tiene una estructura más teatral que radial. ¿Cómo viviste el hecho de hacer radio desde tu casa, y ahora también presentarte vía streaming?

-El teatro sin público es una lágrima. Y con la radio la ausencia es todavía peor porque ni siquiera estamos nosotros. Lo hacemos por zoom y no es lo mismo, no sale un discurso tan fluido. Por ahí dos de nosotros hablamos juntos, de pronto callamos por cortesía y como vemos que el otro no habla, volvemos a hablar y justo es el momento en el que el otro también lo hace. Cuando empezamos a sumar son 43 segundos de desencuentros que el público me imagino debe recibir con bastante incomodidad. El discurso pierde fluidez y se vuelve más torpe. Pero además, el público con su respuesta permite descansos. En el streaming de En la pieza de Dolina no están ni los compañeros para descansar en ellos, ni el público. Esa soledad tiene algunos momentos muy tensos. Si yo fuera humorista diría que la salida de un chiste, esos tres segundos posteriores que no tienen respuesta, son de un gran dramatismo. Con el público está el que se ríe, o por ahí se queda serio pero hay una referencia. Cuando estás solo es difícil saltar de un inciso a otro, a veces es un salto al vacío. Tiene solución, pero hay que adiestrarse.

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El eje temático de La pieza de Dolina 2, se ha dicho, es la libertad. Una categoría que durante la pandemia se ha vuelto reclamo de muchos que han visto en las restricciones que los gobiernos han impuesto, aquí y en el mundo, menos un intento de protección colectiva contra el virus que un socavamiento de sus potestades personales. Una exaltación de un individualismo que concibe la libertad como un “a mí nadie me va a decir lo que tengo que hacer”.

“Puede ser que también me haya inspirado eso” –afirma el escritor-, “ese extraño deseo que tienen todos de ser absolutamente libres cuando es, evidentemente, imposible. Vivimos tiempos que en términos de pensamiento atrasan un par de siglos. La libertad es una palabra que suelen usar las derechas liberales, si se me permite el oxímoron. Muchas veces, en nombre de la libertad han ocurrido sucesos políticos que más bien tenían el signo contrario, el mejor ejemplo es la Revolución Libertadora de 1955. Y sí, evidentemente hay grupos de derecha y de una derecha que hace mucho que no veíamos nosotros, de cuya existencia teníamos una idea más fantasmal. No eran grupos que salían a la calle ni que tenían espacio en la televisión ni que seriamente expresaban su pensamiento o lo que fuere. Estaban más bien ocultos en otros tiempos. Fíjense que a partir de cierto momento los partidos de derecha empiezan a eludir ese nombre, ningún partido se llama “Partido de derecha”. Hay sí, “Frente de izquierda”, “Federación de partidos del centro”, hasta ahí llegamos. Pero “Federación de derecha" yo no vi nunca… Quiere decir que flotaba en el aire una especie de sensación de que esa derecha era una cosa obsoleta, más bien destinada a restaurar principios de otros siglos. Ahora no sucede eso. La palabra derecha sigue sin aparecer pero en cambio las ideas que la conforman aparecen incluso con cierto glamour que nunca parecieron tener. Cuando yo era estudiante no era muy glamoroso ser de derecha y ahora parece que sí, que está bien. Yo no digo ni que esté bien ni que esté mal, digo que hay ideas que uno pensaba ya superadas por una cierta y lenta marcha de los cambios políticos. El cambio, como la entropía, señalan una dirección, un sentido. Uno cuando habla de cambio político está pensando en más derechos, más cercanía de los que menos recursos tienen con el poder y con esos recursos. Está pensando que los pobres cada vez sean menos pobres, que el que padece padezca cada vez menos y por el contrario, también está pensando que las monarquías resignen su poder absoluto, que la democracia se imponga, que los gobiernos sean cada vez menos autoritarios. Sin embargo, por ahí nos encontramos, no sólo en este país, con movimientos y con personajes que son un poquitín retrógrados.

-Hay un sentido común que se corrió un poquito para ese lado.

-Efectivamente, eso es lo más novedoso. Casi mayoritariamente, en muchos países sin el casi, la gente piensa en ese sentido. Estoy hablando de Bolsonaro, estoy hablando de Donald Trump.

-Es que aún siendo la democracia el mejor sistema posible a veces parece no dar respuesta a muchos problemas que sufren las sociedades y eso habilita la aparición de discursos como el de Bolsonaro.

-Particularmente en algunos aspectos, no ya en la mejora de la vida de los ciudadanos, sino más bien en temas como la seguridad. Cada vez que hablamos de seguridad hay gente que necesita expresiones contundentes, policías... 

-Y los movimientos progresistas o de izquierda, incluso el peronismo en nuestro país, no descuidan a veces esa agenda, cediéndole el tema de la seguridad a los gobiernos de otro signo político? ¿O incluso permitiendo que un valor como la libertad sea apropiado como mencionabas en el caso de Espert?

-Puede ser pero también hay que mencionar que en los países de la región los medios han tomado partido en esto. No han sido tan profesionales y no solo han tomado parte en este conflicto político sino que han formado parte. Han sido ellos mismos agentes políticos protagonistas de estos fenómenos.

 -Cuando empezó la pandemia surgió un discurso alentador que decía cosas como “de esto vamos a salir mejores”, basado en que íbamos a afrontar juntos como sociedad un problema del que todos éramos potenciales víctimas. Sin embargo, fue un momento fugaz de aplausos a los médicos y poco tiempo después se evaporó por completo y la grieta volvió incluso potenciada.

-Creo que la grieta es una maniobra estratégica que favorece a la oposición y no al gobierno. La grieta favorece esta manera de establecer agenda: nos levantamos a la mañana, vemos qué hizo el gobierno y nos ponemos automáticamente en contra. Así encontramos una serie de acciones variopintas, algunas francamente contradictorias si uno se fija bien. El gobierno trae una vacuna, no nos gusta esa vacuna, hubiéramos preferido otra; el gobierno indica una restricción como la cuarentena, no nos gusta, somos libertarios; el gobierno abandona la cuarentena, bueno, “el gobierno fracasó en esto del cuidarnos”; el gobierno negocia con el Fondo, no debería negociar el gobierno; si no negocia con el fondo, no es capaz de hacerlo. Es una estrategia que surte efecto, si usted tiene los recursos para fogonoearla no ya con argumentos sino con acciones y acciones de desgaste. Por eso digo que cualquier acuerdo, cualquier disminución de la virulencia opera a favor del gobierno. En cambio, a mayores contradicciones, la oposición encuentra mejor su papel y quiénes siguen a la oposición se sienten o más representados o sienten una tendencia natural a estar en contra.

-¿Pero pensás que es una dinámica de esta oposición o en general algo que pasa en nuestro sistema político?

-No, es una dinámica particularmente de esta oposición. Y creo que operan inteligentemente aunque es una inteligencia nefasta. Personalmente creo que se puede zurcir el precipicio. Hay que trabajar también en eso. No creo tampoco en la síntesis hegeliana de cualquier cosa, “yo digo que usted me robó 1000 pesos, usted dice que no me robó nada y acordamos en que me robó 500”. No es precisamente una síntesis pero sí a lo mejor podemos encontrar foros, terrenos, en los que se puede colaborar. Incluso en lo personal yo veo que hay muchas familias distanciadas, muchos amigos que han dejado de compartir reuniones, y yo creo que en ese caso es más sencillo encontrar puntos en común, en que podamos disfrutar de nuestra presencia, de la dicha de compartir pensamientos... Bueno en lo político también podríamos hacer el intento de compartir pensamientos o disidencias pero encontrando el placer de esa disidencia. Hace un tiempo, saludándolo al presidente de la nación le he dicho: "Ha sido un placer disentir con usted”. No está mal encontrar un poquito de decoro en esa disidencia.

-Hoy parece no estar permitido ni siquiera un matiz. Cualquier opinión a uno lo pone en un lugar o en el otro de la grieta. La dialéctica necesita disensos para llegar a la síntesis pero no si son permanentes y sistemáticos.

-Los matices son propios de la inteligencia. La criatura inteligente es la que mejor los distingue. Cuando renunciamos a los matices, estamos renunciando a la agudeza, a la inteligencia. Yo insisto, y lo digo desde el pesimismo, no creo que haya puntos medios entre el neoliberalismo y el estado intervencionista. Es como el cuento de los 500 pesos que acabo de contar. Pero si creo que podemos ponernos de acuerdo, por ejemplo, en quién gobierna. Y tratar de que los privilegios que haya que fatalmente quitar a algunos sean lo menos dolorosos posibles, y tratar de que los pocos beneficios que se le puedan dar a otros sean lo más contundentes posibles. Estoy hablando de una manera que yo mismo detesto porque no soy optimista al respecto. Pero por lo menos hacé el intento. 

 

60090683_439953573487683_2762836469179888645_n-crop(Junto a sus hijos, Martín y Ale)

El imperativo del aislamiento le permitió a Dolina dedicarse con más minuciosidad a su faceta de escritor, tal vez la que más lo complace como artista. Al menos cuando la obra está consumada, porque así como suele decir que “a mucha gente le gusta más haber leído que leer”, admite que le gusta más “haber escrito que escribir”. Y lo explica señalando la gran diferencia entre hacer una canción y urdir una novela. “Cuando yo empiezo a componer y toco el piano, empiezo a divagar. Eso ya es placentero, disfruto, la paso bien. Escribir no es así. Uno no encuentra tan rápido la relación entre las cosas que está escribiendo. Cuando uno piensa que son 500 páginas y no estás pudiendo salir de tres renglones, tenés la sensación de que es imposible. Salvo cuando uno está muy cerca del final, la mayoría del tiempo el libro parece inviable.”

-García Márquez dijo una vez que los libros no se terminan de escribir, que se abandonan. Como una forma de escapar a la tentación de que siempre se puede mejorar algo.

-Si, a veces como dicen algunos “lo sobreescribe”. Arturo Capdevila decía que lo bueno de publicar las obras era librarse de las correcciones.

-La gente cuando piensa en vos como escritor el libro que más recuerda o menciona es Crónica del Angel Gris pero vos por ahí preferirías que fuera por el último, Cartas Marcadas, ¿verdad?

-Objetivamente me parece que Cartas marcadas es un libro más complejo, más interesante. El otro… debe tener algún encanto. Ultimamente, he resuelto admitir ese encanto. Antes me enojaba y decía “¿cómo les puede gustar más este libro, que es un ejercicio juvenil, está lleno de errores, de macanas?”. Pero puede ser que tenga virtudes que ahora no me interesen tanto. Ahora si me preguntan cuál es el que prefiero, creo que es Bar del infierno, una obra mejor terminada. Igual no sé si es una virtud esa terminación en el sentido de pulido. Miguel Angel se quejaba de los artistas, de los bagatelistas decía él, que hacían obras demasiado bien terminadas porque él mismo era un artista tan grandioso que no terminaba bien sus obras. Bueno, a mí me gusta la bagatela, el pulido… por ahí Cartas marcadas es un poco más brutal.

-¿Y el que estás escribiendo ahora?

-Es un libro de cuentos y es al mismo tiempo una novela. Son cuentos póstumos de un artista ficticio. Vidal Morosov es un cuentista, un pensador que ha muerto hace mucho, trágicamente. Entonces publican sus cuentos póstumos anotados y prologados por su principal discípulo. Al principio esas notas son más espaciadas y eruditas pero conforme avanza se vuelven más frecuentes y personales. Y el lector se va dando cuenta de que hay un odio tremendo por parte del que va anotando los cuentos hacia el autor. Se llama Notas al pie.

-Hace unos días en una encuesta espontánea en twitter, se planteó cuál había sido el mejor programa radial de la historia en la Argentina. Y ganó La venganza será terrible. Imagino que debe ser un orgullo para vos.

-Claro que es un orgullo, me lo comentó Patricio Barton (junto con Gillespie, su compañero de programa). Me puse contento, tampoco me fijé a ver si era cierto... Por ahí la hacen mañana y gana cualquier otro…

-Es un programa que ha hecho pensar y ha hecho reír. No es poco.

-Ha hecho muchas cosas y tratamos de seguir haciendo algunas otras. A veces, modificándonos a nosotros mismos sin darnos cuenta. No es que un día decimos, “a partir de hoy cataclismo, cambiamos todo”. A veces algunos temas que estaban fuera de nuestro alcance forman parte de ese pequeño sistema solar del programa y otros han sido abandonados. Esa clase de modificaciones artísticas están bien, uno debe trabajar en ese sentido. ¿Cómo? Estudiando.

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(Con Patricio Barton y Gillespi, sus compañeros en la radio)

-Tu primer programa con el último mucho no se deben parecer.

-En nada. Yo no soy el mismo tipo que antes. Las cosas que lo emparentan a este programa de hoy con el de hace 30 años son pocas y básicas. No son tan consistentes. Hoy hacemos otra clase de cosas. Está bien que las cosas se modifiquen porque nos modificamos nosotros, no porque mañana cambiemos el horario, estemos a las tres de la tarde y el Sordo Gancé en vez de estar al final está al principio. Los verdaderos cambios son más profundos. Uno empieza a conocer asuntos que antes ni sospechaba. Cuando yo empecé a hacer el programa no tenía la menor idea de lo que era el estructuralismo. Yo no voy a hablar del estructuralismo en el programa pero por ahí sí, alguna cosa que yo pueda usar para explicar algo o para encontrar algo gracioso, lo puedo hacer, es un instrumento que tengo y no lo tenía antes. El programa me obliga a estudiar porque todos los días hacemos una pequeña cuestión con la historia, la literatura, el arte. Tengo que andar sacando libros, estamos con Nico Tolcachir que me ayuda muchísimo con eso. De ese trato, de ese saqueo de cada día, nace una mejoría. Yo podría ser todavía peor de lo que soy…

Haciendo reír. Haciendo pensar. No podía terminar de otra manera, el maestro Alejandro Dolina.

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Alejandro Dolina y la soledad durante la pandemia: "Cuando esas angustias golpean a mi puerta, pienso que podría haber muerto yo, o algún ser querido y me siento un privilegiado"