De ahora en más, las cáscaras de cebolla y de ajo no se tiran, ya que pueden adicionarse a la sal, ya sea gruesa, fina o marina, y obtener una sal rica en nutrientes super beneficiosos para la salud... que además es deliciosa. Sin grandes inversiones, podemos obtener un condimento más sano y que va a sumar más sabor a las comidas.
La propuesta llega de la mano de nutricionistas y cocineros en las redes sociales, y esta avalada por la ciencia.
¿Qué contienen las cáscaras de cebolla y de ajo?
Las cáscaras contienen sustancias que también están en las pulpas en sí, pero en una concentración muchas veces más alta. En el caso de la cebolla, las cáscaras son ricas en quercetina, un flavonoide y antioxidante que ejerce una acción protectora cardiovascular y antiinflamatoria. Las cáscaras de ajo también contienen esta sustancia y además, fenilpropanoides.
Estos compuestos, que se encuentran en las plantas, pueden inhibir la oxidación del LDL y la agregación plaquetaria, dos procesos que aumentan el riesgo de ateroesclerosis y trombosis.
¿Cómo se prepara la sal de cebolla y ajo?
Según la nutricionista argentina Sonia Peverelli, este es el procedimiento.
Para preparar sal con cáscaras de cebolla deshidratadas, primero lava bien las cáscaras externas de cebolla (pueden ser moradas o blancas) y déjalas secar al aire o en horno bajo (aprox. 60–80?°C) durante 1–2 horas, hasta que estén completamente crujientes. Luego, colócalas en un mortero o procesador y tritúralas hasta obtener un polvo fino o ligeramente grueso, según preferencia.
Mezcla este polvo con sal marina, gruesa o fina en proporción 1 parte de cáscara por 3 a 5 partes de sal, ajustando al gusto. Guarda en frasco hermético y usalo en tus platos preferidos.