El 25 de julio de 1995 moría Osvaldo Pugliese. No fue solo un maestro del piano y una figura clave en la historia del tango. Osvaldo Pugliese también fue un ejemplo por su fuerte compromiso con la lucha por los derechos de los músicos, intérpretes y compositores. Desde su partida, entre los músicos argentinos existe la creencia -para muchos es certeza- que invocarlo es la mejor manera de derrotar a la mala suerte.
Según cuentan el mito de Pugliese como talismán antimufa nació en un recital de Charly García, a comienzos de la década de 1990. El sonido no funcionaba y los técnicos no encontraban la manera de solucionarlo rápido y bien. Desesperado alguien del equipo intentó hacer una prueba con un disco del Maestro Pugliese. Como por arte de magia el problema se solucionó y Charly dio su show. A partir de ahí, nació el mito de la buena suerte que traía invocar al músico. Los memoriosos aseguran que la primera edición de la estampita de San Pugliese se repartió cuando se inauguró el Festival de Tango de Buenos Aires, en 1997, a dos años de la muerte del legendario maestro tanguero.
La fama de Pugliese como antimufa es tan grande que músicos como León Gieco o Javier Calamaro reconocen públicamente que la sola invocación de ese apellido les sirve como escudo protector antes de actuar. Ante cortes de luz, amplificadores averiados, instrumentos perdidos u otros imprevistos que pueden padeceder durante los conciertos o presentaciones, la cábala Pugliese parece estar siempre presente. Por eso, no son pocos los artistas que pegan una de sus fotos en un rincón del camarín.
Pero hay más. Gieco incluyó el mito en su tema Los Salieris de Charly cuando asegura “¡Siempre mencionamos a Pugliese!". Ya existió un festival "¡Pugliese, Pugliese, Pugliese!". Buenos Aires tiene un bar con su nombre y hasta filmaron un documental San Pugliese. Antes de iniciar un show, de grabar un disco o, simplemente, previo a iniciar el día, músicos y músicas invocan al santo protector con tres resonados “Pugliese, Pugliese Pugliese”
Mientras Pugliese vivía, los músicos ya con que trabajar con él era una suerte, aunque por un motivo más tangible. Era el que mejor pagaba. Esa leyenda viva del la radio y el tango que es Héctor Larrea lo comprobó. Como contó en La Nación “En su orquesta todos cobraban por su actividad. Cada uno tenía su puntaje: director, músico, arreglador. Y algunos meses, Osvaldo llegó a ganar menos que algunos de sus músicos [los que cobraban por dos tareas]. Él escuchaba los tangos de sus músicos, les pedía arreglos. Esa es una demostración de lo que era, un hombre desinteresado en la acumulación de dinero. La base de su vida era la ética, la estética, la calidad de lo que hacía y la importancia del público. Tenía un gran respeto por el público. Ensayaba hasta tener la sustancia íntima del género. Si no estaba absolutamente logrado, no terminaba un ensayo, que a veces duraba cuatro o cinco horas. Los he presenciado”.
A tres décadas de su partida casi no existe estudio de grabación, oficina o estuches de instrumentos, donde no asome una imagen de Osvaldo Pugliese, una estampita, un cuadro, todo lo que sume para marcar presencia y protección del santo antimufa. En 2000, cinco años después de la muerte de Pugliese, el músico Alberto Muñoz escribió una plegaria para rezarle al santo patrono tanguero. Esa plegaria dice:
"Protégenos de todo aquel que no escucha. Ampáranos de la mufa de los que insisten con la patita de pollo nacional. Ayúdanos a entrar en la armonía e ilumínanos para que no sea la desgracia la única acción cooperativa. Llévanos con tu misterio hacia una pasión que no parta los huesos y no nos dejes en silencio mirando un bandoneón sobre una silla. En el nombre de Osvaldo Pugliese".