EMOCIONES

La dura infancia de Paz Martínez: carencias y el día que su papá le dio un beso, saltó una pared y desapareció

El artista que nunca pasa de moda abrió su corazón para dar detalles de cuando era chico: "Me ocultaron muchas cosas, pero uno va deduciendo".

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El Paz Martínez es uno de los intérpretes que más hizo por la música en sus 50 años de trayectoria. No solamente por cantar melodías vinculadas a las historias de amor y todo lo que trae acarreado con esa dulzura única que le imprime, sino por esa capacidad de componer. Es tal su dedicación a la hora de escribir, que no solo hace sus letras, sino que numerosos artistas le pidieron letras.

Sin embargo, detrás de esta persona que supo alegar a millones, no solo en el país, sino cruzando fronteras, se esconde un hombre que no pasó una buena infancia. Vivió situaciones complejas y hoy, a los 74 años, son puertas que no cerró. Un gran rompecabezas que fue armando de apoco, sin ayuda de nadie, por intuición. Ante esto, claro, le faltan piezas que seguramente nunca entrará.

Nacido en Tucumán, en una charla con Teleshow habló de cuando él tenía 6 años y su familia dejó la provincia para instalarse en Buenos. Ahí aparece su nebulosa porque faltaron charlas con antepasados que ya no tendrá. “No tengo mucha información de eso, me ocultaron muchas cosas, pero con los años uno va deduciendo que pasó”.

Luego contó la historia de su papá, esos instantes previos a que conozca a su mamá. “Mi viejo, David Gurvitch, era de Villa Crespo, judío, gráfico y muy de izquierdas, de los que se paraba en la salida de las fábricas a arengar a los obreros. Aparecía la ley y el orden y lo metían en cana dos o tres días, se llenaba de piojos y lo soltaban, hasta que un día apareció en Tucumán. Allí la conoce a Fortunata Martínez Paz, mi mamá, que prefería que la llamen Fortuna, y de donde viene mi nombre artístico. Ella era una modista de alta costura, había estudiado dibujo, pintura, cocina; de ahí saqué la cosa musical”.

“Con el tiempo papá puso una imprenta de diarios en San Miguel de Tucumán y se hizo radical, lo que no era fácil en una provincia muy peronista. Y evidentemente no tenía una buena opinión con el gobierno de turno. Un día estábamos con mi hermano en el fondo de casa, pasó corriendo, nos dio un beso en la cabeza, saltó una pared y desapareció”, agregó el cantante.

“Para encontrar a mi viejo me iba a un ropero a oler su ropa…”, comentó sobre lo que repetía a diario para no olvidarlo. “Al poco tiempo llegó a casa una encomienda con revistas, un tarro de cacao y una carta que mi mamá leyó en silencio mientras lloraba. Nunca le pregunté a la vieja por qué, pero estaba muy claro. Un día puso la poca ropa que teníamos en dos valijitas, cerró la casa, cerró la imprenta que estaba adelante. Nos tomamos el Estrella del Norte y en Retiro estaba mi papá esperándonos”.

Recuerdo ese día como un  gran recuerdo más allá de que atrás quedaron amigos y vivencias. Encontrarse con él provocó que pasara una infancia con sobresaltos. “Siempre faltaba, porque David tenía algunos hobbies interesantes: le gustaban las carreras de caballos y esas cosas”.