Mejor conocido como "Sandro", Roberto Sánchez supo robarle el corazón a muchísimas mujeres a lo largo de los años con su particular vestimenta y sus románticas letras. El ínterprete de "Rosa" se posicionó como uno de los más grandes ídolos de la música argentina. Pero su destino quebró fronteras y el artista trascendió a nivel mundial.
Nacido el 19 de agosto de 1945 en la Maternidad Sardá de la Ciudad de Buenos Aires, en varias oportunidades, el músico contó que sus padres quisieron llamarlo "Sandro" pero que el Registro Civil se negó rotundamente. Este nombre tan curioso derivaba de Sandor, otro nombre gitano que remontaba a los orígenes de su familia paterna.
“Nosotros vivíamos en una pieza y compartíamos con los vecinos del conventillo la cocina, la pileta del patio y el baño. Claro que éramos pobres", contó años atrás en una entrevista.
Antes de saltar a la fama, el galán tuvo diversos trabajos que nada tenían que ver con el mundo artístico: repartió damajuanas con su padre, hizo repartos en una carnicería, trabajó en una farmacia y también fue tornero. Empezó en su adolescencia a participar en concursos de canto junto a su amigo, Enrique Irigoytía.
Roberto Sánchez fue uno de los precursores del rock en español en América Latina pero su espíritu inquieto hizo que se le fueran abriendo un abanico de posibilidades dentro de otros géneros. Supo cantar boleros y también tangos. "Yo me nutrí con el rock. Gracias al rock dejé las calles, las navajas y las cadenas, y agarré una guitarra. Dejé la campera de cuero y las pandillas. El rock me salvó. Me salvó de que fuera quizás un delincuente", expresó años atrás.
Su amplia trayectoria se traduce en cifras sorprendentes: Lanzó 52 álbumes y vendió más de 20 millones de copias y 11 de esos discos fueron de oro. Llenó 40 Teatros Gran Rex entre los años 1998 y 1999. Por otro lado, el artista tuvo su veta actoral, filmó 13 películas y hasta llegó a dirigir algunas de ellas.
En sus años dorados fue donde comenzó su perdición. Fumador compulsivo, comenzó a padecer un enfisema pulmonar crónico por lo cual, en 2009, tuvo que ser internado en Hospital Italiano de Mendoza. Allí, se sometió a un doble trasplante de corazón y pulmones. Un rayo de esperanza vislumbraba en la vida de "El gitano", que se fue apagando poco a poco. El corazón de Sandro dejó de latir un 4 de enero de 2010, a sus 64 años, en su Mendoza querida.