Su historia es de lucha y resiliencia. De caerse, tocar fondo y volver a renacer. A los 32 años y luego de un tiempo alejada de la exposición pública, Erika Mitdank volvió a salir a flote. Una vez más. Viene de pasar meses muy difíciles ya que la muerte de su mamá, Lidia Esther Zurakoski, la sumió en una profunda depresión y gracias a la ayuda de un profesional de la salud -pasó por ocho psiquiatras-, hoy la modelo recuperó la sonrisa.
La lucha es diaria, nadie dice que sea sencilla pero ella es el testimonio vivo de que se puede salir. En diálogo con Pronto y después de muchos años sin dar una entrevista -incluso no lo hizo cuando murió su ex, Ricardo Fort-, Mitdank habló de todo en un mano a mano imperdible con el periodista Nico Peralta.
"Mi mamá murió en 2021 y todo fue demasiado traumático: cómo nos enteramos, cómo recibió ella la primera quimioterapia, cómo se desencadenó todo”, arrancó la mujer que saltó a la fama cuando tenía 20 años luego de presentarse a un casting en el que quedó elegida para ser pareja de Ricardo Fort. Después de eso le llegaría la fama, el Bailando por un sueño, las temporadas de teatro en Mar del Plata y Carlos Paz, su debut como modelo gráfica y publicitaria y mucho más.
-¿Qué fue lo que pasó?
-A finales del 2020, en plena pandemia, me la llevé a mi mamá a vivir a mi casa y ella empezó a deteriorarse. No sabíamos qué tenía y cambiamos de médico. A ella la atendía Melchor Rodrigo, el neurólogo que falleció en el episodio de Felipe Pettinato. El era su neurólogo y era un médico increíble, que la atendía muy bien y la ayudó muchísimo. Era una eminencia y hacía cosas que ningún otro médico había descubierto. Iba a mi casa re seguido a verla a mi mamá y yo estaba en otra relación de pareja, en ese momento.
-¿Dónde y con quién vivías?
-Vivía en Nordelta con mi ex novio y mi mamá y la atendía 24 horas a ella. Incluso tenía una camarita con la que la miraba todo el tiempo. La absorbía demasiado yo y en el último tiempo estaba muy pegada a ella. Eso me empezó a afectar porque no solamente era su enfermedad mental sino verla cómo se iba deteriorando siendo tan joven y sin saber por qué. No caminaba, ya usaba pañales y uno no espera eso de su mamá a los 63 años.
-O sea que a ella se le sumó el cáncer a su esquizofrenia de base.
-Exactamente y aun no sabíamos que era cáncer. Fue así: ella cumple años en noviembre, a fines de ese mes me separé de quien era mi novio, Matías Eurnekian, después de cuatro años juntos y todo este tema de mi mamá afectó bastante en la convivencia. Reconozco que descuidé la relación. Meterla a ella en la casa fue duro y él también había perdido a su papá. Fue todo un combo tremendo, sumado a la pandemia. Nos separamos en noviembre de 2020 y ahí, en noviembre, fue el último cumpleaños de mi mamá. Si bien no sabíamos qué tenía, ya presentía que se estaba yendo. Soy muy de presentir cosas que después terminan pasando.
-¿Intuiste entonces que era su último cumpleaños?
-Sí. Lo pasamos juntas, obviamente y con mis hermanos. Luego pasaron las fiestas y en enero nos enteramos de que era cáncer de Hodking. Hace unos años, ella había tenido una operación previa de tiroides y le sacaron un tumor, aunque no pudieron quitarle todo porque estaba muy metido en el pecho, adentro de los pulmones. Tenía que hacer un tratamiento de radiación y tenía que estar sola diez días. Pero por su condición, no podía estar ni un rato sola porque dependía al ciento por ciento de otras personas para comer, vestirse, ir al baño y hacer todo. Entonces, no pudo hacer ese tratamiento y con el paso de los años, ya estaba tomada por todos lados. En enero de 2021 nos enteramos el diagnóstico, en febrero le hicieron la primera quimio y entró en terapia intensiva.
-¿Directamente por la quimioterapia?
-Sí. Estaba muy débil, era un palito, no podía ni caminar, usaba pañales, se manejaba en silla de ruedas y teníamos que higienizarla sentada. Nunca le dijimos que tenía esa enfermedad. Su cuadro era complicadísimo y creo que ella sentía que se estaba yendo. No sabía qué tenía realmente pero sí sabía que estaba mal. Jamás se lo dijimos y al ser esquizofrénica, su cabeza era como de una criatura. Entonces, había que ver bien cómo hablarle y cómo cuidarla. Era un bebé grande. Pero en realidad era mi mamá.
-Qué duro.
-Es inexplicable toda la situación. Cuando me pongo a recordar, es inevitable llorar. Y no tengo problema en decirlo. Siento que perdí a la mamá que nunca tuve pero que era la mamá que conocía. Y a vez siento que perdí a mi bebé porque mi mamá era como un bebé. La cuidaba todo el tiempo y para todo dependía de mí.
-¿Vivían las dos solas?
-Cuando empezó a empeorar, se vino a mi casa y como empezó a desmejorarse rápidamente, eso me afectó mucho a la cabeza. En eso, me separé de Matías y cuando nos enteramos de que era cáncer, la pusimos en su casa con una cuidadora 24 por siete. Y nosotros estábamos todo el tiempo encima de ella. Mamá rechazó la primera quimioterapia, entonces los médicos nos reunieron a los hermanos y nos dijeron: “Podemos hacer una quimio más y probar si la soporta o no. Hay posibilidades de que la soporte y también de que muera en la próxima quimio. O tienen la posibilidad de firmar un papel y hacemos un tratamiento paliativo, que es dejarla morir en su casa con calidad de vida”. Todo era demasiado duro.
-¿Qué decisión tomaron?
-La segunda. Firmamos ese papel y dejamos que ella se vaya con calidad de vida. Más o menos le daban seis meses. Eso fue en febrero y unos días antes de mi cumpleaños, ella ya no daba más. Estaba en una cama ortopédica, tenía respirador artificial y en el medio de todo eso tuvo covid pero lo pasó. Ahí la cuidé yo y no me importaba nada lo que era el covid. En esa etapa sí estuvimos las dos completamente solas. Pasó el covid, yo no me contagié lo cual fue rarísimo pero verla en ese estado me hacía demasiado mal. Por eso, los últimos días me alejé un poco. No podía verla así. Y dos días antes de su muerte, volví a la casa y me quedé ahí, con todos mis hermanos. Sabíamos que eran sus últimas horas.
-¿Murió en su casa?
-Sí y fue dolorosísimo. No es que murió en un hospital, vino un médico a comunicarnos la noticia y vas y la despedís ahí, dormida en una habitación. Bueno, todo eso no pasó. Ella falleció en nuestros brazos, en su casa, rodeada de todos nosotros. Estaba con su respirador artificial, había un enfermero presente, dejó de respirar, entonces empezamos con un respirador manual a ayudarla, uno de mis hermanos bombeaba y yo no paraba de gritar de la desesperación. “Mamá, respirá, mamá respirá”, le gritaba y ella me miraba. Estaba tan conectada con ella, le pedía que respire, que abra los ojos una vez más y te juro que se fue por un minuto, que fue eterno. Al final, abrió los ojos, hizo un respiro, me miró, la miré, le dije: “Mamá te amo” y aunque a ella no se le escuchaba nada, movió los labios y todos leímos que intentó decir: “Yo también”. Después de eso, dejó de respirar, no podía más y a los minutos se fue.
-Qué traumático y doloroso lo que contás.
-Sí, fue muy fuerte. Encima, era la época en la que no dejaban velar a nadie y por eso hicimos todo en casa: la vestimos, la perfumamos, la preparamos entre los familiares y ahí la despedimos. Fue todo un proceso el que hicimos muy triste y no le corresponde a un familiar hacer eso. Vinieron sus hermanos también a despedirse, se la llevaron y elegimos cremarla. Tengo una parte de ella en una urnita en mi casa. Es una cajita musical en forma de corazón muy linda. Después de eso, yo caí en la depresión. No lo podría ni explicar; no sabés lo que fue.
-¿Cómo fue? ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas cayendo en la depresión?
-Es fuerte lo que te voy a decir pero creo que me di cuenta cuando estaba todo el tiempo pensando y craneando cómo morirme, cómo irme de este mundo. La extrañaba tanto a mi mamá que me quería ir con ella. Estaba todo el tiempo pensando en la forma y en no fallar. He pasado por estados en los que era como una planta: me hablabas y no reaccionaba de lo medicada que estaba. Pasé por siete psiquiatras. Me medicaron, me intoxiqué, subí de peso, aumenté 20 kilos, me dieron remedios que me hicieron muy mal y en un momento casi no podía caminar. Me pasaron muchísimas cosas.
La entrevista completa con Erika Mitdank está en la edición digital de abril de revista Pronto, se puede descargar y leer de manera gratuita haciendo click en este link