A FONDO

Secretos y anécdotas del Tigre Romero, histórico productor musical: la mafia de la bailanta, cómo logró pegarla La Konga, las trágicas muertes de Rodrigo y Walter Olmos y quién es para él el número uno

Mitos y verdades de un universo atrapante, en boca de un empresario musical que conoció a todos y hoy está al frente de las noches de cumbia del legendario Pinar de Rocha

Escrito en ESPECTÁCULOS el

 Con una carrera que abarca más de cuatro décadas, Marcelo Romero ha sido una figura clave en el desarrollo y la popularización de la música tropical y el entretenimiento en la Argentina. Conocido por su capacidad para detectar talentos emergentes y por su habilidad para conectar con el público, el Tigre como lo llaman todos, ha jugado un papel crucial en el lanzamiento de numerosos artistas y grupos musicales. Ha trabajado con Ulises Bueno, Rodrigo, Leo Mattioli, Dalila, entre otros y hoy maneja las noches de los lunes en el mítico Pinar de Rocha. En diálogo con Alan "Nano" Monserrat para NM Trading en su "podcast financiero" habló de la industria y recordó anécdotas de las grandes figuras de la bailanta. "Empecé muy chiquito, por eso llevo más de 40 años en la Movida Tropical. Comencé a los 14 años con los bailes, y luego, cuando se acentuó la movida Tropical, me gustó tanto que me hice muy fuerte trabajando en lugares con mucha historia. Eso me atrapó en el mundo de la música, principalmente en la cumbia y el cuarteto", afirma.

-¿Cuál es tu emprendimiento? ¿Qué te hizo decidir ser emprendedor en lugar de ser empleado?

-Las ganas de producir cosas, el riesgo, el tratar de hacer algo diferente. Durante muchos años, trabajé para otra gente; de hecho, mucha gente creía que yo era el dueño de los lugares porque era el que aparecía en todos lados y atendía a la gente en la puerta de los bailes. Nunca tuve un lugar propio, pero siempre quise hacer cosas. Por ejemplo, durante la pandemia, encaramos una obra de teatro con vos y con tu papá, Alfredo, y con actores como Nancy Anka, Beto César, Gonzalo Urtizberea y Vale de Genaro. Aunque no tenía experiencia en teatro, había que emprender. Tengo a Nati, mi esposa, que siempre me impulsa a buscar n8uevos proyectos.

-Estás manejando el mítico Pinar de Rocha. ¿Cuántos años tiene ese lugar?

-Pinar de Rocha tiene 54 años de historia. Yo llevo 11 años allí. Es uno de los bailes más antiguos del mundo. En su momento, estaba el Club 54 en Estados Unidos, pero ya cerró. Pinar está desde el año 1962 o 1963. Es un orgullo formar parte de la historia de Pinar, donde han tocado artistas como Luis Miguel, Roberto Carlos, Gloria Gaynor, Sandro, Sumo, Soda Stéreo, Charly García, Palito Ortega, entre otros. Puedo contarte mil cosas, aunque algunas las toco de oído porque los fundadores son los que más saben, pero antes del baile cuando arrancamos hace 11 años teníamos un humorista para hacer la cena, la previa, que era cuando la gente entraba al baile. Ahí había un humorista que hacía juegos con la gente y a mí me contaban que las cenas en los años 70 las hacían por Porcel y Olmedo. 

-¿Cuál creés que es el secreto para que funcione Pinar de Rocha que abre casi todos los días?

-El secreto es que cada turno es diferente. Yo estoy con la cumbia los lunes, y en su momento había fiestas gay los martes, miércoles noches de rkt y cumbia 420, los jueves eróticos, los viernes Dreamland para chicos que preparan sus viajes de egresados, sábados clásicos y domingos con música electrónica. Cada turno tiene su propio enfoque y se renueva constantemente. Así, el público se renueva porque los géneros son distintos.

-Siempre se habló mucho de la mafia en la movida tropical. ¿Es tan así?  

-No sé si llamarlo mafia. Cuando empecé en discotecas y luego en la movida tropical, había una división clara entre diferentes sellos discográficos. Los artistas que pertenecían a un sello no podían presentarse en los eventos organizados por otros sellos. Era como estar en dos bandos separados. Recuerdo que era una época complicada; había empresarios que preferían no contratar a ciertos artistas si estaban vinculados a un sello rival. Había que elegir muy bien a qué eventos asistir. Por ahí en un baile llevaban a Green, Red, Antonio Ríos, a Malagata, todos artistas que pertenecían a un sello y en el otro estaba Sombras con Daniel Agostini, Rodrigo. Después quedaba en algunos empresarios llevar o no al artista cuando otro te los quería prohibir. Había dueños del boliche que te decían "si vas ahí, yo no te compro más." Pero había representantes de artistas que respondían "bueno, no me compres más, no importa, yo quiero ir a todos lados". De hecho, todavía sigue habiendo dueño de bailes que a veces te quieren prohibir los artistas. 

-¿Todavía hoy?

-Si, pero los artistas ahora tienen más independencia. Vos querés contratar, por ejemplo a La Conga para hacer Movistar arena y lo hacés directo con ellos. Nosotros, los productores, hoy en muchas cosas con algunos grupos fuertes ya vamos quedando de costado porque es como que le encontraron la vuelta y el artista lo quiere hacer en forma directa. Igual siento como que los que siempre hemos trabajado en bailes tenemos una ventaja por sobre el artista o el manager o quien maneje el grupo porque hay que saber cómo manejarse en un teatro o un estadio como el Movistar Arena.

El Tigre junto a Naty, su mujer 

-¿Cómo manejás el cuidado de los artistas?

-Hay que mimarlos. Hace muchos años alguien me dijo, "Tigre, siempre mimá al artista, por más de que el artista esté cansado o no sea tan simpático". Porque él va a tener ganas después de decir "che, voya ir allá con el Tigre porque me gusta". Yo aprendí mucho también de los artistas, de los grandes. Para mí el más grande de todos, sin que nadie se ponga mal, hace mucho que no lo veo pero hice muchas cosas con él, es Carlos Rufino Jiménez, la Mona. Es un tipo que me ha enseñado muchas cosas,. Yo lo iba a buscar adonde bajaba del avión privado y lo llevaba al hotel en el auto. Lo he visto a hacer cosas increíbles, paraba en los semáforos y se bajaba del auto a saludar a la gente. Por ahí había gente esperando el colectivo y aparecía la Mona y le daba un beso a una mujer. La Mona me decía, "la próxima vez que yo venga tenés que poner fotos mías en el camarín y yo me voy a sentir bien". Eso lo hice con todos los artistas después y dicen, "mirá qué pequeño detalle que hizo el Tigre para mí". Saber lo que toma, como lo recibís cuando llega, la seguridad. Todo suma porque si el artista no se siente cómodo por ahí te hace un show más corto.   

La Mona 

 -Debés tener mil anécdotas

-Si, claro. He visto artistas que han llegado a la puerta y llorando me decían "no puedo subir al escenario, tuve un problema personal", te pido disculpas no puedo y se iban. Y vos tenías el baile lleno. 

-¿Y ahí cuando se te cae un artista que hacés?

-Tengo una anécdota increíble para contar. En una oportunidad, un lunes en Pinar, tenía que cantar El Pepo, y mi hijo estaba en la puerta y me dice que no viene el Pepo porque no se siente bien, le duele mucho la garganta. Entonces, yo estaba en el camarín, no tenía señal. Digo, 'Uy, Dios, ¿qué hago ahora?' Increíblemente, Pablo Lescano estaba de visita, porque venía a visitarme muchas veces. Entonces le digo a Pablo: '¿Sabes qué me pasó?' Y él me dice: 'Una cosa, que toque esta bandita y yo en el medio del show me voy a subir al escenario, agarro el teclado y toco unos temas.' Y así lo hizo. Pablo Lescano se subió al escenario, hizo el show, y la gente se volvió loca. Otra que me pasó fue con  la Sonora Escándalo de Mexico, salieron de Tropitango, venían para Rescate de San Martín, volcó la camioneta y murieron dos. Había 8000 persona esperando, me salvó que tenía una pantalla con la señal de cable. Imaginate a la gente le decís que el artista que están esperando no va a tocar. Pero puse la señal de Crónica y vieron las imágenes del accidente y se calmaron. Por eso digo que siempre hay que estar ahí, sentado en la banqueta. Para las felicitaciones y para los cachetazos. 

-¿Cómo está el Pepo?

-Está muy bien, en estos días hizo una gira por Colombia. Lo fui a visitar muchísimo en todo el periodo de esto que le pasó. Una cosa muy curiosa, el día que tuvo el accidente fue un día del amigo, y llamé a distintos artistas. Yo esa noche estaba trabajando, y el único que no me respondió fue él, cosa que me llamó mucho la atención. Cuando llegué a casa me enteré de lo que había sucedido. Al otro día, viajé con mi hijo hasta Chacabuco, que era donde él estaba. Al principio no nos permitieron verlo, pero por lo menos le hice saber que yo estaba allí. Yo iba a la casa, tomaba mate, comía empanadas, y hoy, gracias a Dios, todo se aclaró y le dieron la libertad para que él pueda empezar a trabajar. Me pone muy contento porque yo no justifico a nadie, pero a cualquiera nos puede pasar. Nadie está exento, y a veces la portación de un nombre o ser una figura pública te lleva a todas esas cosas.

-¿Qué similitudes y diferencias ves entre Ulises y Rodrigo?

 -El amor por la música, el profesionalismo y la sangre los unen. Los generos musicales eran distintos. Rodrigo era angelado, tenía algo. Yo conocí pocas personas a las cuales vos mirabas a los ojos y tenían un brillo especial en la mirada. Rodrigo pasaba por un lugar y dejaba estela. Iba a los canales de televisión y era una cosa de locos, no solamente por la facha que tenía, sino por cómo era. Yo me acuerdo un día que fue a los premios Clave de Sol vestido de rojo con un tapado de piel.  Ulises, en cambio, tenpia un perfil más bajo. Empezó a cantar de una forma diferente, con un guante negro, barba larga, anteojos oscuros, era un rockstar mezclado con un cantante de cuarteto. Él trabajaba de chiquito, tengo fotos de él con Beatriz Olave cuando murió Rodrigo, y cantaba los temas de su papá pero es como que faltaba esa cosita, siempre querer pegarlo con Rodrigo es como que iba detrás. Pero después creció y se decidió a ser Ulises. La gente lo empezó a conocer más con su estilo nuevo. Lo llevamos al Tornado, metimos 300 personas, regalamos entradas porque la gente no conocía mucho al nuevo Ulises. Pero cuando empezamos a darle manija en la radio y en los bailes, la gente empezó a escuchar sus temas. Así, Ulises se hizo un nombre y no paró más. Hoy está en un gran momento. Yo lo vi, estuve con él hace poquito. El encuentro con su hija, a quien no había visto durante mucho tiempo, lo ayudó mucho también a ver otras cosas.

-¿Qué mirada tenés sobre lo que pasó con Rodrigo?

-Fue una cosa muy rara. Yo creo que Rodrigo, Dios, y esas personas, son los únicos que van a saber siempre la verdad. Nosotros podemos tocar de oído. Dicen que había algunos problemas contractuales con una empresa; que había que hacerle pegar un susto, se les fue la mano, perdió el control de la camioneta en la autopista, volcó, y ahí perdió la vida. Es lo único que nunca me animé a preguntarle nada ni a Flavio ni a Ulises ni a la propia Betty. Hay cosas que uno a veces no quiere indagar, por una cuestión de respeto. Me pasó muchas, muchas veces. Pasó con el Chino de La Nueva Luna, pasó con Rodrigo, pasó con Walter Olmos que yo lo tenía en Rescate de San Martín el viernes de la tragedia. Teníamos entradas vendidas, todo, y bueno, se puso a jugar a la ruleta rusa en la habitación del hotel. En ese momento lo manejaba un amigo, a quien hace mucho que no lo veo, Juan Manuel Fornasari, hoy gran empresario de artistas de YouTube, Instagram y demás. Bueno, me llama Juan Manuel y me dice: “No sé si te enteraste”. Le digo: “No, no". Había venido a la radio, había estado probando sonido, antes se usaba mucho hacer notas en la radio o que el artista venga en la semana a la radio para tocar el fin de semana, y vos le dabas manija. Habíamos estado con Walter, probó sonido a la tarde, con un pañuelo en la cabeza, divino. 

Con Rodrigo

-¿Cómo surgió Walter?

-Walter estaba justamente en la banda con Rodrigo. Tenía una carrera impresionante. Se enamoró mucho de una mujer, muchísimo. Y bueno, es como que se le nubló, se le mezcló mucho el corazón con su cabeza. Esa chica después ya no quería estar más con él. No pudo asimilar esa situación y, bueno, pasó lo que pasó. Algunos lo toman de una manera, otros de otra. La vorágine del trabajo, a veces, el no tener el apoyo de tu familia porque cuando estás en Buenos Aires y tu familia está en otra provincia, a veces necesitas una persona con quien hablar o que te contenga, con quien llorar. Esta profesión tiene esas cosas. He visto, no voy a dar nombres, pero he visto en un camarín a un artista rezándole a una virgen antes de salir al escenario y del otro lado de la puerta estaban contando los billetes a ver cuánto habían ganado. Y a veces pasa eso, los artistas necesitan esa contención, esa palabra. Una vez le dije a Pepe Gozalo, el Gallego: “Pepe, ¿por qué lo dejaste manejar a Rodrigo la camioneta esa noche?”. Dijo: “Mirá, Tigre, cuando el artista se convierte en una figura, ya es prácticamente inmanejable”. Pasó con Diego Maradona y con Cóppola. ¿Cómo le decís “no manejés”? Leo Mattioli, muchas veces, terminado el show, iba a Córdoba, por ejemplo, y quería recorrer la montaña. Estaba fusilado y agarraba la camioneta e iba por las Altas Cumbres. Le decía: “Anda a dormir”. “No, no, quiero conocer”. No sé, lo protegió Dios porque venía cansado. Bueno, todos sabíamos que Leo tomaba su whiskola en pleno show,  y capaz metía cinco shows se había tomado cinco whiskola. Y el tipo después... bueno, cómo lo parás. Es difícil. La estrella es estrella, ya no le hace caso a nadie.

Walter Olmos

-¿Por qué crees que se hace esto de, no sé, capaz que ahora no se hace tanto, de hacer siete shows por noche?

-Hoy cambió mucho. Hasta los artistas nuevos, más chicos, ya opinan. Antes no opinaban, subían a una camioneta y no le decían ni dónde iban ni cuántos shows tenían. Ahora, en la semana ya se habla y ya se graban los saludos, o si no tiene ganas el cantante de grabar saludos porque está cansado, se pone en redes sociales. ¿Y sabes por qué no se pueden hacer tantos shows hoy?  Eso quedó como un mito porque antes los bailes abrían a las 10 de la noche. Entonces, el artista arrancaba a las 10 de la noche o a las 11 en un lugar y terminaba a las 7 de la mañana. Hoy no. La noche es cada vez más corta. Hoy, un artista no puede tocar en un baile antes de las 2 de la mañana. Entonces podés hacer tres shows en una noche, si la banda es rápida, aceitada y chica, como el caso de Damas Gratis. Ahora, si tenés un cordobés, podés hacer uno o dos por noche más. No podés tener 20 músicos, tenés que probar sonido con cada músico. Es distinto. Por eso, Ulises hace uno solo, Dale que Va, cualquier cordobés hace uno solo. Banda 21 sí puede hacer capaz tres, porque está aceitada, es una banda más chica.     
 

-Para un artista que está empezando hoy en día, ¿qué le recomendás?

-Que sea paciente. Es difícil, difícil. La mayoría quiere todo rápido. Como dice mi mujer siempre, vos podés tener mucho talento y todo, pero tenés que tener esa cuotita de suerte. Cuento rápido una cortita: La Konga, hoy número uno del cuarteto, que pronto va a hacer River Plate, viene hace muchos Movistar Arena, Gran Rex, agotó Vélez. Y ahora van por River. En 2005 La Conga no andaba ni a palos. Los vendía un tipo, el representante Miguel Alejandro y de Banda 21, el gordo Agustín. Un tipo que sabía mucho. Cuando nosotros estábamos en los bailes, todos queríamos Banda 21. “Gordo, danos una fecha de Banda 21”. Entonces, te decía: “Escucha, siempre querés Marlboro, comprá un día chicle." Fueron pasando los años hasta que un día apareció el representante de Nahuel Penissi, le dice al prensa de La Konga, mi amigo Ale Correa, tengo un chico no vidente que tiene un tema impresionante, fíjate a ver si lo quieren.  Y lo graban. Ojalá hoy, desde el cielo, el Gordo Agustín pudiera disfrutar de ese grupo al cual le puso mucha plata en televisión, lo produjo, le hizo grabar cualquier cantidad de temas. La realidad es que hay que pegar un tema. ¿Qué le diría a los nuevos valores? Paciencia. La Mosca, los llevo por primera vez a una bailanta. Viene un tipo, llamado Lezama, ya fallecido y me dice: "Tigre, podés escuchar este grupo, muy parecido a Los auténticos Decadentes, se llama La Mosca, son de Ramallo. Lo escuchamos, lo pusimos en el Tornado por primera vez en una bailanta, el grupo mató y asesinó. Le dije a Santiago Ruiz, su productor, "¿cuando vuelven? Dame otra fecha". Me dice. "mirá el lunes vamos a probar suerte a Europa que tengo un primo allá, no sabemos ni qué puede pasar".  Se fueron a Europa a comer arroz como decimos nosotros cuando todavía no hay nada. Le dije, "bueno, vamos a hacer una cosa, nos damos la mano y lo único que te voy a pedir es que cuando vuelvas de Europa así seas exitoso o no, la primera fecha quiero que la hagas en el Tornado". Nos dimos la mano con Santiago y se fueron a Europa y no volvieron más. Tuvieron nueve meses de éxito en todo Europa, no los dejaban venir. Los equipos italianos cantando "para no verte más" con letra de cancha. Un día, todavía no había celulares, estaba en una radio y la telefonista me dice, "teléfono, Santiago de La Mosca". Y me dijo, "volvimos, y como te di mi palabra vamos a tocar en el Tornado".  Y lo hice volver al Tornado un 23 de diciembre, con Guillermo Novelli disfrazado de Papá Noel.