Juan Ignacio Velcoff creció, literalmente, entre los pasillos de estudios y las rutinas de los noticieros. Hijo de Marisa Andino, sobrino y ahijado del conductor Guillermo Andino y nieto del legendario Ramón Andino su destino parecía marcado. Con semejante árbol genealógico, era esperable que siguiera el camino de las noticias usando el atajo pavimentado que le daba un apellido que es sinónimo de credibilidad en los medios. Pero Juan Ignacio, más conocido como Juani, tomó una decisión que para algunos puede parecer locura pero que para otros resultó valentía. Eligió usar el apellido paterno, Velcoff, como un sutil pero firme manifiesto: el talento se gana, no se hereda.
La historia familiar no fue atajo ni carga, sino inspiración para ir por más, pero siempre bajo sus propias reglas. Así se convirtió en un profesional que cubrió desde cine hasta política, y aunque ama el ritmo frenético de la profesión, confiesa que tuvo que aprender a poner un freno: “No podés tener 27 años y estar así de estresado”, le dijo un médico, obligándolo a dejar de trabajar "de lunes a lunes". En esta charla sincera, nos invita a un recorrido por su vida, sus logros, y se sincera acerca de los desafíos de forjar una identidad y triunfar por mérito propio. También habla de su pasión por Racing porque, claro, una cosa es no usar el apellido y otra cambiar el adn racinguista que trae desde la cuna.
–De chico creciste rodeado de cámaras, estudios y micrófonos… ¿Tenés algún recuerdo puntual que te haya marcado y te haya hecho pensar “quiero dedicarme a esto”?
-No tengo ningún recuerdo puntual, pero sí el criarme y rodearme de cámaras, ir a un estudio de televisión, vivir ahí adentro y estar tan en contacto con el mundo de la tele creo que fue lo que me enamoró de la televisión. Son muchos recuerdos en la TV Pública. Yo era chico y mi mamá me llevaba porque mi viejo que es médico estaba de guardia, y ella trabajaba a la medianoche. Entonces, como con uno de los dos me tenía que ir… no me iba a ir a un hospital. Así que me llevaba mamá y pasaba mucho tiempo en la TV Pública. Estaba al lado de las cámaras, viendo la locura hermosa de los productores y el delirio de los controles. Yo corría por esos largos pasillos, interminables para mis cinco años. Agarraba las golosinas del kiosko pensando que eran gratis luego supe que mamá las pagaba después o dormía siestas en el sillón del camarín de la vieja cuando ella estudiaba para su programa. Ese contacto, sin dudas, fue lo que terminó de hacer que me enamorara de la tele.
–Como usás el apellido de tu papá, Velcoff, mucha gente no sabe al principio que sos hijo de Marisa Andino, sobrino de Guillermo y nieto de Ramón Andino. ¿Lo hiciste para armar una carrera con más libertad o con menos presión?
Hace quince años que trabajo en los medios y siempre tuve muy en claro que quería hacer mi propio camino. Nunca tuve ningún tipo de presión ni sentí que, con el apellido Andino, tuviera que demostrar algo más. Siempre quise hacer mi camino y siempre hice la mía.
—¿Y cómo surgió la decisión de usar el apellido Velcoff?
Fue justamente por eso: no quería que pareciera que me estaba colgando del apellido para mostrar mi laburo. Fue una decisión que tomé hace muchos años y siempre la mantuve. Estoy contento con la decisión que tomé, con el camino que elegí y con cómo se fueron dando las cosas.
—Repasando tu carrera, hiciste de todo: columnas, programas de cine, cubriste elecciones...
—Sí, hice un montón de programas. Hice de todo, de todo, de todo. Y eso es un poco lo que más me gusta de mi trabajo. Hice un programa de solidaridad de cine, de medio ambiente, de viajes, cobertura política, después un programa de entretenimiento, después noticiero. Hice de todo, pero porque me gusta hacer tele, me gusta mucho hacer televisión. Me gusta involucrarme en la producción de contenidos cuando hacía informes o contenidos grabados me gustaba mucho armar, pensarlo. Para mí la tele siempre fue eso: jugar un poco, divertirme y pasarla bien, siempre teniendo en cuenta la responsabilidad que uno tiene, pero comunicar, básicamente. Y haber hecho distintos tipos de productos es lo que más me gusta de mi laburo.
—¿Y sentiste alguna vez que tenías protección familiar?
—Nunca sentí que tenía como una protección familiar, porque como vos decís, yo nunca quise estar muy pegado a mi familia. Obviamente, ellos me dieron un primer empujón allá por 2010 para arrancar en los medios, pero después uno se mantiene solo. Obviamente no te van a mantener quince años. De hecho, cuando mamá quería que trabaje con ella en el noticiero, yo no lo hice de entrada; fue bastante tarde, después de nueve años de carrera. Recién ahí dije que sí, estuve un tiempo y después me fui. Disfruté un montón, fue emocionante, re lindo. Pero me gusta mucho hacer televisión y disfruto todos los contenidos que hice y que hago.
—Cuando compartiste proyectos con tu mamá. ¿Lograban separar lo familiar de lo profesional o se mezclaba todo?
—Siempre digo lo mismo: es un recuerdo que me va a quedar para toda la vida. Fue re lindo y la verdad que estuvo buenísimo. Para mamá fue muy emocionante y lo disfruté un montón. Pero como decía recién, en este medio todo tiene un final y decidí cortar ese trabajo por mis propios medios. Me gustó vivir la experiencia de hacerlo con mamá, pero después de nueve años de carrera que empecé a laburar con ella corté porque quería hacer mi propio camino.
—En los medios, ¿protagonizaste algún papelón o metida de pata que después terminó siendo una buena enseñanza o anécdota?
—Papelones, metidas de pata y errores, dos millones. Está buenísimo, la verdad. Al principio, cuando uno comete un error, se pone todo nervioso y tenso. Ahora uno aprende a convivir con el error y hasta se ríe de él. Básicamente creo que forma parte de la vida de cualquier persona y que está buenísimo que suceda. No me acuerdo de alguna en particular. Pero sí, tuve varias, un montón, que sin duda son los mejores aprendizajes que uno puede tener.
—Trabajás en la televisión tradicional y radio, pero también incursionaste en el streaming y te manejás con las redes. ¿Qué diferencias encontrás entre los públicos de ambos medios y qué encontrás de positivo en esas distintas formas de comunicar?
—Tuve, y tengo, la suerte de hacer redes, streaming y tele. Me gusta, me gustan todos los medios de comunicación que están presentes hoy en día; me parece bárbaro, me parece excelente. Gracias a Dios, hay mayor oferta para un montón de talentos y de personas que, bajo el sistema tradicional de televisión, estoy seguro quedaron en el camino y no pudieron mostrarse. Muchos habrán decidido desistir de trabajar en los medios porque no tuvieron la oportunidad. Hoy, por suerte, uno puede mostrarse con su propio teléfono, armar su propio canal de streaming o lo que sea; tenés todas las herramientas para poder comunicar lo que tengas ganas de comunicar. Está clarísimo que hay una división de públicos entre la tele y el streaming, y me parece perfecto que también eso suceda; creo que es lo mejor que puede pasar.
—¿Y cómo impacta eso en la televisión tradicional?
—La tele va a tener que aggiornarse, porque si se quedan solo con el público que hoy está presente —un público mayor, más grande—, en algún momento ese público no va a estar más. Entonces van a tener un gran desafío para captar al público nuevo. Así me encanta todo lo que sucede hoy en día con las redes, el streaming y la tele.
—De lo que te cuentan tu mamá y tu tío de la tele “de antes”, ¿qué te gustaría que volviera a pasar, sobre todo en el ámbito informativo?
—Que haya más plata, más inversión. Está clarísimo que en la época de mi vieja y de mi tío había mucha más inversión; hoy no es tanto así. Antes había más recursos para hacer tele. Por ejemplo, mi tío se fue a cubrir el Mundial de 1998 y casi todo el canal lo acompañaba. Hoy es impensado: mandan a uno, dos, tres, contados con los dedos de las manos, y hay canales que con suerte mandan a uno.
—La inversión bajó en producción, pero en tecnología y formas de trabajar todo cambió...
—Ahí sí ha habido un avance gigante. La tecnología, la forma de contar, todo eso es mucho más positivo y creo que todo avance suma, hace todo mucho mejor. En cuanto a herramientas, me quedo con las de ahora: son más y mejores que las de antes. Me siento afortunado de vivir este avance, incluso con la inteligencia artificial que se está usando hoy, algo que antes ni existía.
—Tuviste un pico de estrés por trabajar "de lunes a lunes". ¿Cómo fue ese momento?
—Sí, tuve un pico de estrés. Laburaba muchísimo, fue duro. Entré a TV Pública pensando que me moría y le agarré al médico del canal; me revisó y me dijo que no tenía nada, que estaba con un pico de estrés. Básicamente, lo que hice fue cortar el laburo y empezar a trabajar de lunes a viernes.
—¿Qué edad tenías?
Tenía 26 o 27 años. La frase del médico me quedó: “No podés tener 27 años y estar así de estresado”. Ahí me di cuenta: si seguía así, me iba a fundir en dos años.
—Y bajaste dos cambios…
—Empecé a tomarme el laburo de otra forma. A veces, por querer hacer todo y decir que sí a todo, uno se destruye. Así que corté, prioricé mi salud y, cuando relajé, todo cambió. Antes vivía hecho mierda, muy cansado, con la mente destruida. Sí, fue un momento heavy, duro, pero aprendí un montón y estuvo buenísimo.
—Sos fanático de Racing como toda la familia. ¿Cuál es la anécdota más memorable que tenés con la Academia?
—Anécdotas con Racing hay miles. Me quedo con el último viaje al campeonato de la Sudamericana, que viajamos a Paraguay, y después a Brasil por la Recopa. El abrazo con mi familia al final del partido, cuando nos dimos cuenta que éramos campeones… eso no lo voy a olvidar nunca. De hecho, tengo un cuadro de ese momento en casa; es uno de los recuerdos más lindos de toda mi vida y siempre lo voy a llevar en el corazón.
—Alguna anécdota más…
—Otra que recuerdo es cuando mamá tenía que presentar a los jugadores en la presentación oficial y se confundió con el nombre de Sebastián Saja, arquero importante de Racing; dijo “Agustín Saja” y nos moríamos de risa. Esa es nuestra vida Racing: todo gira en torno a cuándo juega el equipo. Planeamos nuestras actividades según los partidos. Sin dudas, es la herencia más linda que nos dejaron mis viejos.
—¿Qué pregunta te gustaría que te hagan sobre tu laburo y nunca te hacen?
—No sé si hay una pregunta que realmente me gustaría que me hagan, pero sí disfruto cuando me consultan sobre mi laburo, sobre el trabajo que hago en redes. Es un producto que amo, le pongo mucho esfuerzo: voy, grabo, produzco, edito… este año incluso empecé a trabajar en conjunto con Resumido, y estoy muy agradecido a todo el equipo, especialmente a Diego Leuco, que valoró mi trabajo y decidimos unirnos. Estoy chocho con eso. Me gusta hablar de cómo se hace todo, de la producción nacional en Argentina, de los distintos tipos de productos y el esfuerzo que requiere cada uno. Me parece importante visibilizar el gran laburo que se hace en el país, de muchas familias que trabajan todos los días para producir desde un pueblo o una región. Es lindo charlar sobre eso, porque uno entiende el compromiso y la dedicación que hay detrás de cada proyecto.
—Si te dan a elegir entre ganar el Pulitzer y más un puesto de editor jefe en The New Yorker o que Racing gane la Libertadores, ¿Qué preferís?
—No hay dudas: Racing. Siempre Racing. Primero que nada Racing, cualquier cosa Racing primero.