Después de soplar 70 velitas con su energía de siempre, Georgina Barbarossa decidió hacerse un regalazo: visitar Nueva York. Y allí dejó su receta infalible para festejar los cumpleaños: “Viajen con amigas”, aconsejó divertida, dejando claro que la mejor forma de celebrar la vida no siempre está en una fiesta, sino en una aventura compartida. Aunque hace poco reveló que está pareja con un hombre más joven, para el viaje eligió a su amiga, Adriana Corvera.
Lejos de los estudios, los horarios y el trajín diario de “A la Barbarossa” (Telefe), Georgina se permitió algo tan simple como necesario: descansar, reírse y redescubrir. La acompañó su gran amiga Adriana Corvera, compañera de aventuras desde los años del colegio Santa Teresa. Juntas, se embarcaron en una escapada que mezcló nostalgia, arte y carcajadas, de esas que dejan eco en el alma.
El sábado previo a las elecciones, la conductora armó las valijas, cerró el celular por un rato y se subió al avión rumbo a la Gran Manzana. Y apenas pisó suelo neoyorquino, la ciudad volvió a latir al ritmo de su sonrisa. No perdió ni un minuto: caminatas eternas, cafés con encanto y, por supuesto, su infaltable toque de humor en cada parada.
Una de las postales más divertidas del viaje la muestra posando junto a una escultura rosada y excéntrica en el High Line, el famoso parque elevado que atraviesa Manhattan. Con su estilo inconfundible, Georgina se plantó frente a la obra como si se tratara de una escena de comedia improvisada: espontánea, alegre y sin miedo al ridículo.
Entre arte contemporáneo, vistas espectaculares y un viento otoñal que despeinaba hasta las preocupaciones, Georgina volvió a reencontrarse con esa parte de sí misma que siempre vibra entre la risa y la emoción. Nueva York fue, esta vez, su escenario íntimo. Y ella, como siempre, la protagonista de su propia historia: auténtica, intensa y con un brillo que ni veinte años ni una valija cargada de recuerdos pudieron apagar.