Dicen que el amor puede empezar con un flechazo o… con un tuit. En 2017, Romina Pereiro publicó una reflexión sobre los hombres que Jorge Rial no dudó en responder. Así, sin presentaciones ni intermediarios, comenzó una charla inesperada que despertó la curiosidad de ambos. Él, el conductor rodeado de luces y polémicas, ya la conocía de verla en televisión y ella, la mujer que eligió ser nutricionista a modelo, lo admiraba, pero lo recibió con cautela. Rial consiguió su número de teléfono, la invitó a un desayuno y comenzó su propio “Había una vez…”
Antes de que su historia comenzara, ambos habían vivido encuentros y encontronazos amorosos. Romina, madre de dos hijas —Violeta y Emma—, venía de una relación con el periodista Gustavo Olmedo. Jorge, en tanto, era padre adoptivo de Rocío y Morena, fruto de su matrimonio con Silvia D’Auro, pero además había protagonizado dos mediáticos noviazgos y rupturas con Loly Antoniale y Agustina Kampfer.
Con esos pasados y sus respectivas familias a cuestas, comenzaron a construir un nuevo presente donde el amor y la paciencia fueron las bases para lograr una convivencia armoniosa. La prueba clave fue cuando en un verano decidieron alquilar una casa juntos y a Rial le empezó a gustar la idea de la convivencia.
Después de eso, Romina alquiló un departamento en el piso de abajo del que vivía Jorge. Subían y bajaban todo el día las escaleras. La mitad de las cosas de ella estaban en la casa de él y un día decidieron juntar todo. "Vino una princesa, me dio un beso y pasé de sapo a príncipe. Soy feliz. Con Romina. Mi compañera de la vida. Con Morena y Rocío, las que bancaron todas como un scrum de amor. A Viole y Emma, que hoy están en mi corazón. Un lugar en el que entran más hijos. Y Francesco, ese regalo del cielo", aseguraba un enamoradísimo Rial.
La boda llegó después de dos años de convivencia, en abril de 2019 en un elegante salón de Saavedra. Nada de multitudes ni gastos millonarios sino una ceremonia íntima, con cerca de 90 invitados entre amigos, colegas y familiares. Romina caminó hacia el altar tomada de la mano de sus hijas, mientras Jorge la esperaba junto a Rocío y Morena y sonaba una versión acústica de la canción Sweet child o’mine”.
En un gesto de familia ensamblada que no pasó desapercibido, también estaba Facundo Ambrosioni, en ese momento pareja de Morena y papá de su hijo, Facundo. No faltaron los compañeros de Intrusos, como Marcela Tauro, Adrián Pallares, Daniel Ambrosino y Débora D'Amato, además de Guillermo Marín, íntimo amigo de Rial, y su mujer en ese momento, la bailarina Valeria Archimó. Rial había aclarado que no habría multitudes ya que "Voy a invitar a los que considere afectos reales, famosos y no. Pero no será una reunión de la farándula, será un casamiento con la gente que nos quiere"
Los testigos elegidos por Pereiro fueron su colega Sergio Verón y su amiga Tatiana. Por Rial firmaron su amigo Beto y su hija Rocío. “Me curaste, me domaste. Me diste amor. Me tuviste una paciencia infinita, le escribía minutos antes Rial de 57 años a Romina de 38 en su cuenta de Instagram.
La novia deslumbró con un vestido de Paz Cornú, confeccionado con encaje francés, transparencias y delicados bordados. Para la fiesta cambió por un segundo atuendo más relajado. Un detalle curioso, contrario a lo que marca la tradición sobre que el novio no puede ver el vestido antes de la boda, Rial ayudó a Romina a elegir sus looks junto a la diseñadora.
“Creo que los dos nos merecíamos esto. Sé que la vida te cagó a palos. Y a mí también. Ahora el amor está de nuestro lado. Y acá estamos”, le dijo Rial a su esposa luego de casarse ante una jueza de paz y recibir la bendición de sus anillos.
Para que la fiesta se viviera sin interrupciones digitales a los invitados se les pidió que dejaran los celulares en un espacio destinado para ello. La pareja no preparó una lista de casamiento con lujosos obsequios, sino que pidió que hicieran una donación a una escuela rural de Misiones. Lo especificaron en la invitación virtual que enviaron a sus amigos y familiares, en la que firmaron como "J&R".
El catering estuvo a cargo del chef Pablo Massey, con un menú variado que incluyó tapeos, carnes al asador y un postre sorpresa que generó aplausos y sonrisas. El vals de los novios fue otro de los momentos más emotivos, seguido de una pista de baile que se encendió con hits elegidos por la pareja.
Los periodistas que cubrían el evento quedaron asombrados y agradecidos por el catering preparado para ellos. Lejos de los típicos sandwichitos y las gaseosas de segunda marca, disfrutaron de lo mismo que los invitados. Es que, según contó Rial, se preocupó de que la prensa estuviera bien atendida en cuanto al alimento, la bebida y el espacio para estar.
Romina junto a la empresa de Claudia Villafañe se encargó de la organización de todo pero Rial dejó en claro solo tres deseos que se cumplieron a rajatabla. Una mesa de habanos y puros que son su debilidad, una mesa de tragos que tuviera lo mejor de lo mejor y que todos los medios tuvieran las mismas fotos y nadie tenga una exclusiva.
Al terminar la fiesta, Rial le contaba a Pronto. “Fue el momento que soñábamos, y de verdad, cada uno de nosotros lo vivió con muchísima emoción. A mí me pasó que lloré, lloré un montón y lloramos todos. Viví un sueño, algo que nunca soñé, jamás soñé volver a casarme, ni siquiera volver a formar una pareja, mucho menos tener una familia con mis hijas, Morena y Rocío, y con Violeta y Emma, las hijas de Romi y mi nieto. ¡Me casé con mi nieto! Francesco me entregó los anillos junto con su mamá, que estuvo con Facu, su marido. Mi hija Rocío nos cantó una canción. Realmente fue todo impactante”
Romina también estaba feliz. “Estamos conmovidos todavía por todo lo que vivimos. Yo también lloré un montón. El tema es que yo lloro fácil. Así que me vine preparada para moquear a lo grande. Había pañuelitos de papel por todos lados y después fui pidiendo más”, le decía a Pronto.
Pero como muchas historias de amor que brillan, también esta vivió su ocaso. En marzo de 2022, la pareja anunció su separación, tras cinco años de relación y tres de matrimonio. La decisión llegó en buenos términos, con palabras de respeto y gratitud. Romina habló de un desgaste natural y Jorge reconoció que, aunque intentaron recomponerse, no lograron sostener el vínculo.
Hoy, lejos de aquel casamiento de ensueño, ninguno de los dos niega los momentos que compartieron. Lo que quedó fue más que titulares, la certeza de que, aunque el final no era el que quizás soñaban, lo que vivieron tampoco fue una pesadilla.