ENTREVISTA PRONTO

Julia Calvo habla de cómo fue trabajar con Cris Morena y asegura: “Cuando me invitaron a MasterChef pensé: ‘¿En qué te metiste, hermana?’”

Entre la nostalgia y el humor, Julia Calvo revive su etapa en España, reflexiona sobre los caminos del oficio y confiesa qué la sigue moviendo después de tantos años de carrera.

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Existen personas que irradian calma, pero también una chispa especial que enciende todo a su alrededor. Eduardo Galeano las bautizó personas “fueguito” y Julia Calvo es de esa gente que ilumina todo lo que está a su alrededor. La suya es una voz que se reconoce al instante: firme, cálida, con esa cadencia porteña que conserva desde su infancia entre Ayacucho y Bartolomé Mitre, antes de que la vida la llevara a Madrid, donde vivió parte de su adolescencia. “Madrid es mi oasis”, dice, y no cuesta imaginarla caminando por sus calles, observadora, sensible, respirando historias.

Actriz, docente y mujer de teatro por vocación, lleva más de tres décadas sobre los escenarios y frente a las cámaras. Lo suyo es talento pero también formación. Se graduó como actriz en 1985 y luego como directora en la Escuela Nacional de Arte Dramático de Buenos Aires. La conocimos en Soy Gitano y  la seguimos disfrutando en esa larga lista de personajes entrañables que la volvieron parte de la historia de la televisión argentina. En el teatro hizo los grandes clásicos La tempestad, de Shakespeare; Gris de ausencia, de Roberto Cossa; Emma Bovary, de Ana María Bovo, La zapatera prodigiosa, de Federico García Lorca y tantos otros que la convierten en referente de los que aman actuar más que ser famosos. Ella sigue siendo la misma: la que disfruta del trabajo en equipo, la que se emociona con un abrazo en un set, la que agradece poder seguir aprendiendo.

Lejos de cualquier pose, vuelve a sorprender desde otro lugar: el de MasterChef Celebrity, donde entre risas, nervios y hornallas encendidas, muestra una faceta distinta pero igual de auténtica. En esta charla con Pronto, habla de su camino, de los afectos que la sostienen, del arte de reinventarse y de cómo, a los 64, sigue eligiendo vivir con la pasión de quien recién empieza.

– Pasaste tu infancia en Ayacucho y Bartolomé Mitre. ¿Cómo fue que cursaste el secundario en España? ¿Qué recordás de esa época?
– Efectivamente, pasé mi infancia en Ayacucho y Bartolomé Mitre, a la vuelta del Congreso. Después nos fuimos a España por un trabajo de mi papá. Como estábamos todos en el colegio, le daban a elegir entre Helsinki y Madrid, y prefirió Madrid para que no perdiéramos tanto de la escolaridad.

¿Solés viajar a visitar a tus compañeras de escuela? 
– Sí, suelo viajar cuando puedo. Me encanta, es como mi oasis. Si necesito descansar o enchufarme, me encanta ir a Madrid. Está mi madrina y amo caminar esa ciudad. 

Julia Calvo, a los cinco años con su mamá

-Y ¿te dan ganas de quedarte? Recuerdo que Pepe Soriano que transitó la experiencia de vivir en España por opción contaba que era difìcil, que siempre se sentía extranjero.

–Cuando viajé, era una niña de 13 años y no me quería ir de acá. Después, cuando estuvimos allá y nos tocó volver, tampoco me quería volver. Es que uno va construyendo lazos y amistades en ambos lugares. Pero siempre quiero volver. Fui al colegio allá, así que vivir allá para mí fue muy especial, aunque no por desesperanza con lo de acá. Me encanta Argentina, pero también me encanta allá. Si surge alguna oportunidad, la aprovecharía con la misma ilusión con la que aprovecho las de acá.
En realidad, me gusta mucho viajar, así que ojalá siempre aparezcan nuevas oportunidades para hacerlo. Y tiene razón Pepe —como decía también mi papá cuando trabajaba allá—, es muy difícil porque estás lejos de tu terruño... aunque ese también es mi terruño. Estoy repartida: mi adolescencia la pasé allá, mi primer beso, mi primer pucho, todo lo que le pasa a un adolescente me pasó allá. Por eso es un lugar que guardo en lo más querido de mi corazón. Me encantaría volver una y mil veces, y trabajar allá tanto como me encantaría seguir trabajando acá.

– Padre empresario del papel y mamá profesora de Filosofía y Letras. ¿Cómo fue que la tercera de cuatro hermanos decidió ser artista?
– Fue algo que se dio casi sin darme cuenta. Cuando se los conté, a nadie le resultó extraño que me hubiera anotado en el conservatorio. Fue algo muy natural y muy apoyado por toda la familia.

– Tenías un largo recorrido teatral cuando te llamaron para “099 Central” como la psicóloga de la brigada. ¿Qué recordás de ese tiempo?
– Sí, hice el primer capítulo de 099 Central y no me llamaron más. Entonces dije: “Bueno, no es lo mío, evidentemente no es lo mío”. Pensé que seguiría con el teatro y las clases, y con lo que fuera saliendo.

– En varias entrevistas dijiste que antes de que te convocaran para Soy Gitano pensabas en dejar la actuación. ¿Qué te hizo seguir y apostar una vez más por tu vocación?
– Exactamente, antes de Soy Gitano se me ocurrió decir: “Bueno, me voy a dedicar a otra cosa”. Más que nada porque empezaba 2003 y no tenía mucho proyecto en vista, salvo una gira con el San Martín. Y apareció la gitana de Soy Gitano. Ahí empezó este espaldarazo precioso que me dio la tele, tanto para mi carrera como para la vida. Ser una persona cuyos personajes gustan se siente, sobre todo, en los abrazos en la calle o cuando salgo del teatro. El abrazo es un lenguaje tan especial.

En una visita a la escuela "Otro mundo" que dirige Cris Morena

– En otra nota dijiste que te gusta el riesgo, que hay que animarse a ser “políticamente incorrecto”. ¿En qué aspectos de tu vida o tu carrera aplicás esa filosofía?
– En alguna nota habré dicho eso, pero debe haber sido hace veinte años (ríe). A esta edad no sé si me gusta tanto el riesgo. Prefiero ir a lugares cómodos, a aguas tibias o frescas, pero no sé si me tiraría del trampolín sin saber qué hay abajo. Hoy, con 64, ya no tanto. Antes aplicaba eso más a las relaciones, a apostar sin estar segura. Ahora necesito más explicaciones antes de mover una pieza en este ajedrez.

– En MasterChef, cuando apareció Mora Bianchi, se te vio muy emocionada por volver a ver a tu compañera de Margarita. ¿Sos de encariñarte con tus compañeros de trabajo?
– Sí, fue muy emocionante. Esa emoción tenía que ver con que habíamos convivido cinco meses en Montevideo. Trabajar fuera de tu lugar es generar un hogar en otro, y ese hogar son ellos: esos chicos, esos técnicos, Cris… Son como una familia. Es como cuando en la escuela aparecía tu mamá o tu hermano: te hace sentir segura, tranquila. Fue muy hermoso.

– ¿Los actores más jóvenes con los que compartís grabaciones te ven como una referente o como la tía copada?
– Creo que un poco de las dos cosas. Me encanta cuando me piden consejos o me consultan algo, porque me hace sentir que valoran la experiencia. Pero también soy de las que se ríen, se quedan charlando y hacen chistes entre toma y toma. No me gusta poner distancia, me gusta que el trabajo sea un lugar de disfrute y de aprendizaje compartido.

Con Lali Espósito en "Casi ángeles"

– Sos una referente del Teatro San Martín y docente del IUNA. ¿Cómo viviste la transición a la popularidad masiva que te dio la televisión? ¿Fue difícil conciliar el rigor del teatro con la velocidad de la TV?
– Trabajé diez años en el San Martín, otros tantos en el Cervantes, y también soy docente en el IUNA y en el CIC. El paso a la popularidad fue muy amable, creo que tuvo que ver con los personajes que me tocaron, que fueron preciosos. Cuando me paran en la calle y me preguntan si soy famosa, digo que soy una laburante. Trabajo en un medio donde llegás a más gente, y eso está buenísimo. Disfruto mucho al público joven, que es muy sincero y directo. Hay rigor en el teatro y también en la televisión; la diferencia es la velocidad, pero el teatro te da un entrenamiento incomparable.

En la obra "Sombras"

Fuiste parte de Alma Pirata y Casi Ángeles. ¿Cómo recordás esa experiencia de trabajar con Cris Morena?
– Siempre con el mejor de los recuerdos. Trabajar con Cris Morena es un placer. Entiendo lo que hace, lo que quiere contar junto a Leandro Calderone, y eso lo hace muy placentero. Me gusta cómo cuenta, los equipos que arma. Siempre fue una experiencia muy linda.

-Sin embargo, en los últimos tiempos hubo voces que hablaron de maltrato.

–Jamás lo vi, al contrario. Cris está muy encima de sus productos como productora, como hacedora y  cuida un montón a cada uno de los que están ahí. Yo no tuve en ningún momento un episodio desagradable, ni tampoco lo vi.  Lo dije lisa y llanamente cuando recibí el Martín Fierro esta vez. Entre las personas que agradecí estaba Cris y aclaré que es un placer trabajar con ella. El que no lo sienta es porque tiene sus gustos, pero a mí me genera mucho placer trabajar con ella. Es un personaje, como somos todos, pero es un placer.

– De los éxitos de Cris a la cocina de Masterchef ¿Cómo es tu experiencia, mejor o peor de lo esperado?
– Está siendo una experiencia de mucha euforia y también de mucho estrés. Me divierto mucho, pero me pongo muy nerviosa. No es mi lugar de confort, aunque se armó un grupo hermoso. Hay días que fluyen como un río fresco y otros que son más el Monte Everest. Pero lo importante es seguir aprendiendo.

– Revelaste que pensaste que Germán Martitegui era el menos amigable pero que es un sol, y en cambio Damián Betular es un chinchudo. ¿Qué otro personaje te sorprendió?
– Yo, como espectadora, pensaba que Martitegui era poco amigable, y me encontré con una persona muy estricta, sí, pero muy sensible. Descubrí a alguien distinto al que imaginaba. Y no, no dije que Betular fuera chinchudo: tiene un personaje de quejoso, pero es buenísimo y me hace reír mucho. De hecho, creo que tiene una faceta actoral muy interesante.

– No puedo evitar preguntar: ¿Cuál es tu impresión de Wanda y cómo te llevás con ella?
– Wanda es fantástica. Es colega, ayuda en el mercado —que es el temor de todos—, y tiene muy claras las cosas. Maneja todo con mucha soltura y es muy divertida. Con nosotros es muy amorosa.

– Si tu vida fuera una obra, ¿cómo se llamaría el acto que estás viviendo hoy?
– Este acto se llamaría ¿En qué te metiste, hermana? Porque cuando me invitaron a MasterChef (yo no me anoté), dije: “¡Pero si no cocino mucho!”. Me respondieron: “No, es por cómo sos vos”. Así que también podría llamarse Que sea lo que Dios quiera. Fui a divertirme, a trabajar en equipo, a disfrutar. Aunque me reconozco nerviosa: es como estar en una obra sin saberte la letra. Pero todo lo demás —los compañeros, el jurado, la producción— es muy amable y placentero.