ENTREVISTA PRONTO

“A mi niña le diría: va a estar todo bien”, la conmovedora charla con Kate Rodríguez en su cuenta regresiva hacia la maternidad

Embarazada casi de ocho meses y muy feliz, Kate Rodríguez atraviesa el momento más dulce de su vida. Habla de su historia de amor, su lucha con la trombofilia y cómo el arte sigue siendo su cable a tierra.

Créditos: Gentileza Kate Rodríguez
Escrito en ESPECTÁCULOS el

Kate Rodríguez llegó desde Panamá con la danza en el cuerpo y la necesidad de andar su propio camino sin esos "no" que cortan las alas. Bailarina, conductora y actriz, se abrió paso en la Argentina hasta convertirse en una figura reconocible de la TV. Bailó e los programas de Marcelo Tinelli, participó en reality, fue invitada de lujo y morocha deseada. Simpática, aguerrida, tan rebelde y única como esos rulos que la distinguen en una sociedad que empodera los pelos lacios.

Hoy atraviesa una de las etapas más personales: transita su primer embarazo y comparte la alegría con su pareja, el arquitecto Maximiliano Antonietta, con quien convive desde hace varios años y con el que formó una maravillosa familia ensamblada. La maternidad, cuenta, llega como la “construcción más hermosa” de su vida y aparece ligada a la idea de echar raíces en Argentina, país que reconoce como su casa.

Su embarazo también la enfrentó a un desafío médico: fue diagnosticada con trombofilia, una condición que también atravesaron Florencia Peña, Belu Lucius y María Eugenia Tobal y las obliga a activar un tratamiento y a un seguimiento especializado. Kate habló con franqueza sobre el miedo y la tranquilidad que le da la información médica, y sobre cómo el apoyo de su pareja fue clave cuando conoció el diagnóstico

Además de su carrera, dirige un estudio de danzas desde donde suele descubrir jóvenes talentos y soñar con proyectos que unan su vocación artística con la infancia: un programa para mostrar el talento de los chicos es uno de sus anhelos. Así, entre la vertiente artística y la construcción familiar, Kate proyecta un presente pleno, cuidadoso y en proceso de sanación.

—En 2023 te pregunté qué querías ser cuando seas grande, y respondiste “madre”. ¿Ya sos grande?
—Sí, ya soy grande. Grande, madura, con convicción de hacia dónde quiero ir y de las prioridades que una persona debe tener. Con el tiempo me di cuenta de que las prioridades son más chicas, que las cosas realmente importantes son tener a alguien que te espere todas las noches, poder compartir una cena, tener una vida de día y no vivir solo de noche o de evento en evento. Ahí no está la felicidad. Así que sí, estoy grande… y ser grande me gusta mucho.

—Anunciaste tu embarazo como “la noticia más hermosa de mi vida”.
—Ese anuncio suena un poco cliché, pero sí, es la noticia más hermosa de mi vida, porque es la construcción de mi descendencia. Siempre pensé que quería formar mi familia acá en Argentina, tener hijos, nietos y echar raíces en este país que me abrió las puertas, me recibió y me enseñó mucho. Encontré personas maravillosas que fueron claves en mi crecimiento profesional y personal durante estos 15 años.

—¿Qué significa para vos construir este sueño con un hombre que, según contaste, ya fue “padre y madre a la vez”?
—Construir este sueño con un hombre como Max fue ideal, el plan perfecto. Es un hombre que admiro profundamente. Hace cuatro años y medio que convivimos y no dejo de admirarlo. Muchos dicen que la convivencia daña todo, pero en mi caso no: yo lo veo todos los días con esas ganas de comerse el mundo. Es muy profesional, sigue estudiando, siempre busca su mejor versión, y eso me inspira. Además, es un padre absolutamente presente, siempre atento y comprometido con sus hijos. Le digo siempre que va a ser un abuelo rodeado de nietos, porque su energía es hermosa. Es un hombre que nació para ser papá.

—El embarazo también los enfrentó con una noticia médica inesperada.

—Cuando me diagnosticaron trombofilia fue muy caótico para mí, porque Max quedó viudo después de que su esposa tuvo el mismo diagnóstico. Ella sufrió una trombosis que no se pudo controlar y, lamentablemente, falleció. Él quedó con una nena de tres años y un bebé recién nacido. Así que cuando me dieron el diagnóstico me puse muy mal. Pero Max estuvo pegado a mí desde el primer momento: me dijo “vamos a solucionarlo, vamos a buscar el plan perfecto para que esto continúe”. Y así empecé con un hematólogo, que me explicó todo y me dio información. Creo que lo que falta muchas veces es información. Me enseñó que el riesgo baja mucho cuando tenés el tratamiento adecuado, y eso me tranquilizó. Hoy estoy tranquila, aunque con miedo. Creo que una mujer embarazada, en cualquier estado, pasa por el portal de la vida y la muerte. Cuando entrás al quirófano, te jugás la vida para dar vida. A partir de ahora, cada vez que veo a una embarazada, siento una profunda admiración.

—Dijiste que “ser mamá empieza mucho antes del nacimiento: empieza en cada miedo enfrentado, en cada pequeña victoria”. ¿Cuáles son esas pequeñas victorias que venís celebrando?

—Mis pequeñas victorias son diarias. A pesar de estar embarazada de casi ocho meses, sigo dando clases, tengo mi estudio de danzas y trato de mantener una vida lo más normal posible. Me convertí en una persona que antes no conocía: más organizada, con tiempo para muchas cosas y con la responsabilidad de llevar una familia adelante, una familia que recibí de golpe. Al principio miraba mucho YouTube para aprender a ser madre, porque tenía que ayudar en la crianza de Clara y Benjamín, que eran muy chicos. YouTube me ayudó muchísimo a organizarme. Ya pasaron cuatro años y medio y hoy todo funciona más mecánicamente, pero esas pequeñas victorias fueron muy importantes.

—Supongo que en este presente tan distinto, cada día también trae un desafío nuevo.

—Ahora, cada día empieza con una nueva pequeña victoria: inyectarme heparina, pasarme la medicación, cuidarme. Y también aprendí a quererme un poco más. Hoy para mí es fundamental mi salud, mi bienestar, dormir bien, comer bien. Son cosas que parecen tontas, pero al final del día te hacen sentir muy bien.

—Oriana Sabatini, Juana Repetto y Úrsula Corberó también están embarazadas. Si pudieras elegir una para ir con vos a las charlas de preparto, ¿A quién elegirías?
—Sí, 2025 fue el año del milagro para todas. Muchas estábamos buscando y se nos dio. Las tres me parecen fantásticas, pero creo que elegiría a Oriana. Cada vez que la escucho hablar me parece una mina muy profunda, súper trabajada desde lo psicológico, con mucha terapia encima. Me gusta escuchar a la gente que se conoce tanto a sí misma. Además, me parece muy relajada, y creo que me tocaría aprender eso de ella: ser un poco más relajada en la vida y enfocarme en lo realmente importante.

—Sabemos que tuviste una infancia con muchas restricciones en Panamá, donde el arte “no tenía lugar” y te impedían ver ciertas series o usar jeans por considerarlos “diabólicos”. ¿Cómo imaginás que será la infancia de tu hija?

—Qué buena pregunta. Es algo que pienso constantemente: cómo va a ser la educación de Emilia, mi bebé. Creo que va a tener mucho que ver con el aprendizaje que tuve en estos años. Argentina me enseñó a ser libre, no en el libertinaje, sino en el sentido más humano: ser libre para creer en vos, para ser quien quieras ser sin lastimar a nadie, para tener la libertad de parecer y sentir como te guste. Me gustaría observarla mucho, saber qué le gusta realmente, enseñarle responsabilidad, respeto, educación y buenos modales hacia los demás. Emilia no va a tener la vida que tuve yo, bajo ningún punto de vista. A veces me cuesta entenderlo, porque sé que va a crecer en un ambiente completamente distinto, con muchas herramientas que yo no tuve. Lo importante para mí es que pueda entender que tiene una vida privilegiada, y que ese privilegio la haga ser una persona agradecida.

—Ese fanatismo religioso te provocó muchas heridas. ¿Cómo vas a encarar ese tema con tu hija? ¿La van a bautizar o preferís que ella decida con el tiempo?

—Esa fue una charla que tuve con Yuyito en su programa, donde me preguntó algo parecido. A pesar de que estoy fuera de la religión hace muchos años, considero que todos los chicos tienen que tener una visión religiosa, sea la que sea: Buda, Cristo, lo que elijan. Un niño tiene que saber que hay algo arriba de ellos a quien pueden encomendarse, pedirle o rezarle cuando están tristes. Creo que eso es importante, más allá de papá y mamá. No sé todavía cómo va a ser exactamente, pero sí sé que voy a ser lo más tradicional posible, sin invadirla. Me gustaría que cuando Emilia crezca pueda decidir qué quiere ser. No me gustaría que sea atea o agnóstica, porque yo sí creo en Dios, aunque no en las religiones. Creo que hablarle a los chicos de lo espiritual está bueno. Probablemente sea bautizada por el credo católico, no porque sea mi religión, sino porque es lo más tradicional y básico dentro de lo religioso. Después, que ella decida lo que quiera hacer.

Kate Rodríguez en Panamá

—Hablando de tus raíces solés decir que naciste en Panamá “con el mar como mi refugio y mi lugar seguro”. Si tuvieras que definir tu vida en Argentina hasta hoy, ¿cuál sería tu nuevo refugio o tu nuevo lugar seguro?

—Mi refugio, mi lugar seguro, puede sonar poco feminista, pero hoy es mi pareja. Es la persona con la que empecé a construir mi refugio, mi cueva, ese lugar donde siento que nada malo puede pasarme. Construimos una relación muy respetuosa, con mucha confianza y unión. Al haber sido amigos antes de ponernos en pareja, conocemos la sinceridad del otro. Tenemos los mismos miedos, la misma forma de pensar, aunque él sea un ejecutivo, abogado y escribano, y yo una artista. Pensamos mucho en el futuro, en la vejez, en cómo y dónde queremos vivir cuando seamos viejos. Eso de soñar a largo plazo con alguien hace que tu refugio esté ahí, en lo real. Porque todo lo demás es fantasía. Mi realidad es cuando termina el día, cae la noche y estoy abrazada con él viendo una película. Ahí digo: este es mi lugar seguro.

—Fuiste bailarina, conductora y actriz. ¿Con cuál de esos roles te sentís más identificada hoy?

—Sí, fui bailarina, conductora y actriz, y creo que todavía no me siento identificada con un solo rol. Soy una artista en crecimiento, en constante transformación. También me gusta mucho la producción, pero hoy no podría decirte con cuál me defino más. Las tres cosas me apasionan y estoy abierta a que la vida me sorprenda con otras facetas que tal vez todavía no descubrí. Me encanta todo lo que hice durante tantos años y estoy muy contenta con lo que logré. Ser artista, para mí, es ser lo más versátil posible: poder adaptarte a la televisión, al teatro, a un show, y disfrutar de esa diversidad.

—¿Tenés algún proyecto profesional en marcha que combine esta nueva etapa personal con tu carrera artística?

—Sí, me encantaría tener un programa de televisión infantil que tenga que ver con el talento de los chicos. Ahora, con mi estudio de danza, veo muchos artistas maravillosos desde muy pequeños, y estaría bueno poder mostrar eso en un programa que promueva el arte infantil, en todas sus disciplinas, especialmente en el baile, que es lo que más conozco. Sería hermoso crear un espacio para que los niños puedan mostrar su talento.

Con Susana Giménez en un sketch

—Ahora que ya sos grande, ¿qué le dirías a esa niña que fuiste?

—A mi niña, a la Kate chiquita, le diría: “Va a estar todo bien, no llores. Después de cada tormenta vas a encontrar la luz. Vas a conocer personas que te van a querer y te van a ayudar. Seguí siempre con la cabeza en alto. No tengas vergüenza de nada. Sos lo que sos, y la gente tiene que quererte por eso. Nunca te hagas más chiquita para encajar. Lo que sos está perfecto, y te van a querer simplemente por ser como sos. Y sí, vas a ser madre en algún momento de tu vida”.