Stefi Roitman abrió su corazón en una profunda charla en Olga, donde habló de uno de los sentimientos que más la atraviesan desde que se mudó a Miami para vivir con su marido, Ricky Montaner y trabajar en el exterior: la culpa por estar lejos de su casa, sus amigas y su familia.
Sin vueltas y con una sinceridad poco habitual, la actriz describió cómo convive con esa mezcla de nostalgia y responsabilidad adulta que apareció al dejar la Argentina.
“Me encanta ver recuerdos, soy nostálgica”, comenzó contando, al reconocer que todavía extraña con fuerza aquella etapa más despreocupada de su vida: “Yo soy súper amiguera y familiera. Lo que más nostalgia me da es pensar en las épocas en las que dormía con mis amigas y no había obligaciones de nada. Y ahora hay muchas preocupaciones”.
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De esta forma, la mudanza a Miami no fue un proceso fácil. Aunque hoy está instalada y con una vida armada, al principio sintió los kilómetros de distancia con intensidad. “Me costó mucho mudarme”, admitió.
“Me armé un grupo hermoso, de muchos argentinos también. Nos terminamos juntando por la raíz y la cultura. Pude encontrar el lugar allá, traer un poco de lo que dejé acá”, relató. Esa red de contención le permitió sentirse acompañada, pero no terminó de apagar el sentimiento de estar dividida entre dos mundos.
El golpe más fuerte, asegura, fue aceptar que no puede estar “en todos lados al mismo tiempo”. “El día a día de lo que pasaba acá fue lo más duro. Yo quiero estar en todos lados y no me quiero perder nada, eso fue lo que más me costó de mudarme”, explicó.
Así, contó que, de fondo, aparece la preocupación constante por sus padres, que siguen viviendo en Argentina: “A veces pienso que mientras yo estoy viviendo en Miami mis papás están acá. Me angustio y empiezo con un cargo de consciencia que no para”.
Esa culpa, reconoce Stefi, es más suya que de los demás. “Después pienso que estoy viviendo mi vida y mis papás me re apoyan con las decisiones que tomé”, señaló, destacando la comprensión familiar que la acompaña desde el primer día. El conflicto interno, entonces, no viene del afuera, sino de esa sensibilidad tan característica suya: “Es un tema mío de nostalgia y culpa. Pero está todo bien”.
Con esa frase final, Stefi Roitman dejó en claro que, aunque extrañe, sabe que está construyendo un camino propio. Entre Miami y Buenos Aires, entre la vida que creó y las raíces que la sostienen, intenta encontrar un equilibrio que la haga sentir en paz y lejos de la culpa, pero siempre con nostalgia.