Cada vez que se asiste a un espectáculo de Flavio Mendoza, el público saldra inevitablemente asombrado. Cuerpos que vuelan, disciplina total, la precisión de cada movimiento, la sincronización perfecta, las acrobacias que parecen desafiar la gravedad y una puesta técnica de nivel internacional generan siempre la misma pregunta: ¿Qué hay detrás de tanta excelencia?, ¿Cuántas horas de ensayo, entrenamiento y concentración se necesitan para que todo salga perfecto noche tras noche? Para responder a ese misterio, Pronto habló con Maximiliano Romero, uno de los protagonistas de Una Mágica Navidad. Con 28 años y una sólida formación artística, el actor se pone en la piel de Gaspar y abre las puertas del exigente y fascinante universo de Flavio Mendoza.
— Cuando el público ve un espectáculo de Flavio Mendoza, todo parece perfecto. ¿Cómo arranca un día de trabajo puertas adentro?
Un día típico de trabajo arranca llegando al teatro, como mínimo, dos horas antes de la función, salvo que antes nos citen para hacer algún repaso o ensayo. Siempre se están agregando cosas nuevas, ajustes, detalles, y eso es lo lindo de trabajar con artistas como Flavio: como intérprete te motiva saber que siempre hay algo nuevo por encarar y algún desafío más por delante.
Después viene toda la preparación: maquillaje, vestuario, entrar en calor física y mentalmente, y finalmente salir a escena para largar con el show.
—¿Y cómo fue tu llegada al universo de Flavio Mendoza?
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Yo llegué a trabajar con Flavio a través de un casting, hace ya unos cuatro años, después de la pandemia.
Estaban armando un proyecto llamado Mundo Halloween y buscaban un actor adulto que aparentara ser menor. Fueron cuatro instancias de audición; llegué a la final, pero no quedé. En ese momento pensé que ya estaba, que no iba a poder trabajar con él ni con su equipo. Sin embargo, a una semana de estrenar uno de los actores tuvo un accidente y me llamaron para incorporarme. En principio iba a ser solo por dos semanas, pero terminó siendo un mes y medio increíble. A partir de ahí quedamos en contacto y comenzaron a aparecer nuevas oportunidades. Flavio es una persona sumamente versátil y generosa. Aprendo mucho de él y de todo su equipo. Me inspira a buscar siempre más, a crecer desde distintos lenguajes.
—Ahí empezó un camino que no paró…
Hace tres años tuve la chance de protagonizar una función del show de Navidad, que fue una locura: fue la primera vez que pude cantar en vivo, bailar, actuar y además incorporar acrobacia. Eso me obligó a ser mucho más versátil y a desafiarme constantemente, algo que me encanta. El año pasado tuve la suerte de protagonizar una temporada completa en el Teatro Astral, con más de 30 funciones, una experiencia hermosa. Y este año, a mediados de julio, me volvieron a llamar para ver si estaba disponible y poder sumarme a las funciones que estamos haciendo ahora en el Teatro Ópera.
Flavio es muy exigente con los detalles, con el vestuario, el maquillaje, los tiempos, y eso está buenísimo porque te enriquece muchísimo como artista.
—Se ve en escena que la exigencia física es altísima. ¿Cómo es la preparación?
El nivel de entrenamiento físico es muy alto. Yo, incluso antes de comenzar los ensayos, ya estaba tomando clases, yendo al gimnasio, porque uno nunca sabe cómo pueden ser estos espectáculos. Flavio tiene una vara muy alta y eso también está bueno, porque te desafía constantemente como artista.
En este caso, por primera vez estoy teniendo un rol con un poco más de exigencia física, y yo quería estar preparado por si eso sucedía… y sucedió. Hay que entrenar mucho para poder estar a la altura. Además, los trajes son muy hermosos, pero también muy calurosos, entonces el rendimiento físico tiene que ser muy alto para poder sostener todo lo que se nos pide función tras función.
—¿Qué es lo más difícil del proceso de ensayos?
Lo más exigente de los ensayos es la atención que hay que poner en absolutamente todo. No solo se trata de ensamblar a los artistas entre sí, sino también con todo lo técnico. En este caso particular, tuvimos apenas dos días para montar todo en un teatro enorme, con muchísimas horas de trabajo y un nivel de concentración altísimo, porque el tiempo realmente corría.
Por eso es tan importante todo el trabajo previo de ensayo: para poder llegar al estreno como llegamos. Flavio es muy exigente con los detalles, con el vestuario, el maquillaje, los tiempos, y eso está buenísimo porque te enriquece muchísimo como artista. Todo se toma con mucha responsabilidad.
—Con tanta exigencia, el cuerpo también necesitará cuidados especiales…
Los cuidados son muy rigurosos. Antes de cada función necesitamos tiempo para estar bien maquillados, con el vestuario en condiciones, entrar en calor y preparar el cuerpo. No podemos salir a escena de cualquier manera. Todo el trabajo se toma con mucha seriedad y responsabilidad, porque el cuerpo es nuestra herramienta principal y hay que cuidarlo muchísimo para poder sostener la exigencia del show.
—¿Cómo se maneja la presión cuando hay riesgo físico real?
La presión genera nervios, claro, pero en mi caso en particular también me genera mucha adrenalina. Y la adrenalina es algo que a mí me hace bien, me mantiene activo, despierto, vivo. Creo que para todos los que formamos parte de un show de esta magnitud, con Flavio y todo su equipo, hay una satisfacción enorme. Es un trabajo que se toma con muchísima responsabilidad, porque sí, hay riesgo físico, eso es real. Por eso es fundamental estar súper atentos y concentrados al momento de salir a escena.
Es un trabajo que se toma con muchísima responsabilidad, porque sí, hay riesgo físico, eso es real.
—Como decíamos al principio desde la platea todo se ve deslumbrante y perfecto. ¿Qué no ve el público y es clave para que funcione?
Principalmente, el público no ve la enorme cantidad de ensayos que hay detrás para que todo funcione y parezca fácil. Pero la realidad es que no lo es. Lo lindo es que, como artistas, todos los días se sigue ensayando para sumar detalles y mejorar.
En este espectáculo está dirigiendo Nacho Friguglietti en lo actoral y Lourdes Zungri en lo coreográfico, y antes de cada función siempre repasamos algo, se agrega un detalle nuevo. Incluso los técnicos nos cargan diciendo “sigan ensayando, miren que las funciones ya se van a terminar”. Eso es algo muy propio del circo: hasta la última función se sigue ensayando y ajustando para buscar lo más perfecto posible. Y como artista, eso se disfruta muchísimo, porque te permite lucirte cada vez más.