En los últimos tiempos está de moda decir que "la edad es solo un número" y Marta González parece que está muy a la moda. Con increíbles 81 años, los cumplió el pasado 28 de noviembre, la actriz se vuelve a subir a un escenario. Su sonrisa y humanidad muestran no solo su profesionalismo sino la sabiduría que da el paso del tiempo.
Su debut como actriz fue a los tres años en “La cuna vacía”, película que narraba la vida de Ricardo Gutiérrez, médico fundador del Hospital de Niños, con Ángel Magaña en el rol del doctor. El guión marcaba que un niño cruzaba de cama y le ofrecía un regalo a otro pero una vocecita interrumpió la escena: “¿Por qué a mí no me dan?”. “Arruiné una toma y nació una actriz”, recuerda todavía con una sonrisa sus inicios actorales.
La nena se transformó en una actriz querida y requerida que se ganó los protagónicos de “Ella, la gata”, con Enrique Liporace como galán, y “Estrellita… esa pobre campesina”, con Germán Krauss. Cuentan que los aires de diva no estaban hechos para ella y en cada hueco de filmación se escapaba a Canal 9 para ayudar a su madre en su trabajo como vestuarista.
Durante más de medio siglo de profesión, compartió cartel con los más grandes actores del cine, el teatro y la televisión. A todos admiró, y de todos aprendió. “Al principio miraba a dos genios como Ernesto Bianco y Osvaldo Miranda. Me encantaba verlo a Darín haciendo comedia, amé trabajar con Alfredo Alcón, Héctor Alterio, Arnaldo André…”, enumera.
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Heroína de novelas tuvo su historia de amor, en 1968 cuando las relaciones entre figuras del espectáculo y deportistas no inundaban portales ni redes, Marta González se casó con Osvaldo “Chiche” Sosa, jugador de Argentinos Juniors. “Él era más teatrero que yo botinera”, bromea de esa historia que duró 26 años y que terminó en escándalo cuando ella descubrió que su marido tenía una doble vida. "En el amor me fue para el demonio. Tuve dos hijos maravillosos, pero igual siento que no fui muy afortunada. He querido mucho y no me han querido tanto", admite con esa aceptación que dan los años.
Hoy vuelve al teatro con la obra "Negociemos, una historia de amor" junto a Rodolfo Ranni desafío que la tiene feliz porque es, "trabajar con un gran actor y trabajar con algo que a uno le hace crecer y no decrecer, así que estoy muy contenta". La actriz confiesa que su regreso es casi una ley de vida: "Lo que me pasa es que cuando estoy en el sótano yo lo hago 'terraza, terraza' -por la famosa escena de Mercedes Morán-. Creo que esa capacidad es uno de los méritos mios"
La obra aborda el amor en la tercera edad, un tema que, según González, sorprende al público joven. "Yo creo que eso es uno de los éxitos, a mí me cuesta pensar que los viejos se pueden enamorar, pero no, esta obra sabe, porque uno piensa en el amor es igual a sexo y el sexo es una parte del amor, cosa que no creo que tenga esta pareja".
Para Marta, el teatro se ha convertido en su "gran salvavidas". Asegura que al subir al escenario logra una desconexión total con sus preocupaciones de salud: "No es que ahí me olvido, yo no soy ese personaje, yo estoy interpretando a Amalia y Amalia no tiene cáncer, no está luchando con la metástasis. Amalia está sanísima, tiene ganas de salir adelante y tiene ganas de irse a vivir con un hombre, que yo ni en pedo", cierra con una carcajada que contagia.
Su frase, "No voy a esperar a la Parca acostada", se ha transformado en un verdadero lema. La actriz explica con total naturalidad la razón de esa fuerza: "Porque yo la tengo (la metástasis), ¿Qué voy a hacer?, hay dos caminos y yo elijo el que mejor va para mí. Me moriría antes si me quedo esperando a la Parca en la cama. Voy a luchar antes, no sé si la palabra es luchar. Voy a tratar de vivir todo lo que pueda y lo más que pueda".
La actriz atraviesa la cuarta manifestación de la enfermedad, esta vez metastásica. "Y bueno, ahora pasó de grado, hubiera sido primario" bromea para luego explicar que "mis tres episodios de cáncer anteriores habían sido primarios. pero este de golpe, resultó ser secundario, mas grande, cruento e invasivo. A mí ya me habían sacado la mama izquierda. Ahora no sólo tuvieron que extirparme parte de la derecha sino también hacerme un injerto de piel, y para eso tuvieron que retirarme piel de la espalda"
"Yo no niego la enfermedad, jamás lo haría, pero no soy básicamente una enferma: soy un ser humano que tiene una enfermedad"
La actriz explica que "todo se complicó porque también padezco metástasis de piel. No porque el cáncer de mama haya mutado hacia uno de piel, o se me haya sumado otro cáncer; la metástasis de piel es la nueva forma en que se manifiesta el cáncer de mama en mi cuerpo. Algo muy raro, muy loco y muy doloroso".
Lejos de victimizarse da una lección de fuerza y esperanza. "Es lo que me toca vivir, y así me toca vivir y podemos vivir, te lo digo de vuelta, de dos maneras, o rindiéndote o luchando. Y ni siquiera es luchando, es acompañando a los médicos, a Dios, a todos para que, en este momento, podamos transitar juntos esta enfermedad y poder detenerla".
Marta asegura que busca "sacarle todo el dramatismo" a la situación y vaya si lo logra. "Sé que para muchos soy un ejemplo de resiliencia, y por eso elijo seguir trabajando, no voy a entregarme. Yo no niego la enfermedad, jamás lo haría, pero no soy básicamente una enferma: soy un ser humano que tiene una enfermedad. El cáncer no me define, soy un montón de otras cosas. Eso es lo que quiero que la gente entienda y, si están pasando por esto mismo que me toca a mí, que intenten vivirlo de esa manera.", afirma.
Sé que para muchos soy un ejemplo de resiliencia, y por eso elijo seguir trabajando, no voy a entregarme.
Respecto a las pérdidas, incluyendo la de su entrañable amiga Selva Alemán y a Leandro, su hijo, que falleció en 2001, González reflexiona con serenidad: "Yo estoy tan acostumbrada a las pérdidas... Pero siento que me acompañan, como si nunca se hubieran ido. Por eso siento que la muerte no existe, simplemente algunos estamos en otro estado. Además, aquellos seres queridos, siempre permanecerán adentro nuestro y nunca nos abandonarán. Eso, claro, si uno se lo permite, cosa que no todo el mundo hace".
De hecho, la actriz confiesa que tras la muerte de su hijo estuvo a punto de abandonar su carrera: "Si, fue así, yo no quería hacer más nada. Jorge Lafauci fue el que me dijo que tenía que volver yo dije 'este hombre está loco', yo no quería ni siquiera vivir, qué voy a querer trabajar. Pero bueno, gracias a Dios me convencieron". En su día a día, su gran soporte familiar es indiscutiblemente su hija. "Mi gran sostén es mi hija, absolutamente. Es mi mamá ya", cierra otra vez con una carcajada.
Finalmente, al mirar hacia el futuro, su deseo es claro y sencillo. Ante la pregunta si hay algo que le gustaría hacer que aún no haya hecho responde sin dudar. "Vivir, ¿Fui clara, no?. Me gustaría vivir un poquito más. Pero yo sé que me muero y he vivido mucho, he viajado mucho, he amado mucho y me han amado mucho, ¿Qué más puedo pedir?".