Personaje pintorescos si los hay, Luis Ventura es el hombre de las mil y una anécdotas. Ahora contó que duerme con las cenizas de sus padres y sus perros y reveló, además, cómo fue el día que perdió los huesos de sus abuelos, que terminaron en una fosas generales del cementerio.
"A tus familiares muertos los tenés cerca, ¿no? Tengo entendido que dormís con las cenizas en tu casa", introdujo el tema el periodista Nico Peralta, y Luis contó: "Sí, en mi dormitorio. En mi casa, en mi dormitorio, están las cenizas de mi papá, de mi mamá, de mi hermano mayor y de todos los perros que con mi hermano, el más chico, tuvimos. En La Ponderosa, que es la casa donde vive Estela con mis hijos mayores, están las cenizas de mis cuatro tías paternas que me criaron: mi tía Julia, mi tía Manuela, mi tía Rosy y mi tía Clorinda. Mucha gente dice que no está bueno quedarse con las cenizas de alguien porque uno no lo deja partir o no lo suelta. Pero te voy a contar por qué las conservo".
¿Cómo fue la historia? Ventura la relató así: "Durante gran parte de mi infancia, mi viejo tenía franco los viernes y sábados. Los sábados nos levantaba a toda la familia tempranito y nos íbamos todos al cementerio a llevarle flores a mis antepasados, a mis abuelos, a mis tíos. Una tumba que quedaba en el cementerio de Avellaneda. Nosotros éramos felices porque a mi hermano y a mí nos mandaban a comprar las flores que les íbamos a poner a los abuelos".
Y continuó: "Entonces íbamos por la florería, las comprábamos, llegábamos al cementerio con la escoba, conseguíamos pala, barríamos todo. No solo la tumba de mis abuelos, sino toda la parcela, para que no quedara suciedad que después el viento trajera. Después limpiábamos las placas de bronce, los floreritos, lo desarmábamos. Pero un buen día, llegamos y no había tumba".
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-¿Cómo que no había tumba?
-No había tumba y mi viejo se fue verde a agarrar a alguien del cogote. “No, señor, hace un buen tiempo que no se paga la renta municipal”, le explicaron y que por eso habían retirado los huesos y los habían llevado a unas fosas generales. Así me quedé sin cenizas de mis abuelos y me juré que eso a mí no me iba a pasar. La mejor manera de asegurármelo es que duerman conmigo. Y algún día estaré yo durmiendo ahí.
No había tumba y mi viejo se fue verde a agarrar a alguien del cogote. “No, señor, hace un buen tiempo que no se paga la renta municipal”, le explicaron y que por eso habían retirado los huesos y los habían llevado a unas fosas generales
-O sea que los cremás y te los llevas con vos en una urnita.
-En una urnita, claro. Le ponemos fecha de nacimiento, fulano, una fotito, flores para el cumpleaños, flores para el día que partió.
-Lo bueno de esto es que tenés naturalizada la muerte.
-Hablo todos los días con ellos. Cuando vengo puteando por algo, siento como qué sería lo que me estaría diciendo mi viejo: “¡Sos un pelotudo!”. Entonces, de acuerdo a esa devolución me voy a dormir más liviano y ya con la ficha puesta en la cabeza.
-¿Pensás en tu muerte? Estuviste al límite muchas veces.
-No pienso tanto. Lo que quiero es que llegue de una. Con la neumonía estuve al borde. Ahí vi la muerte. Ahí sí, la vi cerca. No tuve miedo de irme pero tampoco quería quedarme boludeando para que sea un peso para los demás. Me jode el sufrimiento y la dependencia. No quiero joderle la vida a nadie. Tengo un amigo mío que está en Argentina y me llama y me dice que está internado. Pero no me quiere decir dónde está. “No quiero sacarte de lo que estás haciendo”, me explicó. Es quien hace Radio Cadena conmigo. “Quedate tranquilo. Estoy cuidado”, me dice.
La entrevista completa con Luis Ventura está en la edición digital de diciembre de revista Pronto, se puede descargar y leer de manera gratuita haciendo click en este link