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Pata Villanueva y el Conejo Tarantini una historia de glamour, mudanzas, celos con divorcio explosivo, digna de una miniserie de Netflix

Pata, la modelo top y el Conejo Tarantini, campeón con la Seelecciión Argentina del ‘78 vivieron una relación que pasó por todo: pasión, desarraigo, fama, acusaciones y hasta un robo misterioso en Harrods.

Escrito en ESPECTÁCULOS el

María del Carmen Raquel Villanueva Goyanarte, más conocida como Pata Villanueva y Alberto “Conejo” Tarantini se conocieron como se conocía la mayoría de la gente antes de que irrumpieran las apps: en un boliche y gracias a la presentación de un amigo. Fue en Áfrika y el “celestino” fue Carlos Dodero, un amigo en común. “Beto, te voy a presentar a una chica, una modelo muy famosa: Pata Villanueva”, le propuso al jugador. “¿A quién? ¿Quién es Pata Villanueva?”, respondió él. Dodero se lo propuso a ella y recibió una reacción parecida: “¿Un jugador de fútbol? ¿Tarantini? ¿Quién es?”. Estaban en otra mesa y, al rato, Tarantini se sentó con ellos.

“No me pareció linda, más bien interesante. Nos pasamos toda la noche hablando mal de la gente, de los que bailaban, de cómo se vestían, de todo. Nos quedamos pegados”, recordaba Tarantini en la revista Rosario en 1983. “A mí enseguida me gustó y después me daba risa porque ninguno de los dos se atrevía a bailar ni a pararse ni a nada. Claro, como les sacábamos el cuero a todos, imaginate, yo por lo menos creía que a mí me iban a criticar a muerte”, corroboraba ella.

El amanecer los encontró charlando, él no se animaba a más y ella le propuso seguirla en una jornada de sol y pileta en la casa de un amigo. Pese a que lo encaró, Pata no quería comprometerse con nadie. Venía de la ruptura de su primer matrimonio con Héctor Cavallero y tenía una hija, Agostina que había nacido en octubre de 1976.

Tarantini era cuatro años menor que Pata algo que en ese momento no estaba bien visto.

Parecía que esos dos mundos no se juntarían. Él jugador de elite debía concentrar mucho, ella la modelo del momento no paraba de desfilar y empezaba a incursionar como actriz, pero, al año de ese primer encuentro ya estaban casados. Hasta ese momento no era frecuente la relación entre modelos y deportistas y la pareja causó sensación. La modelo hermosa con uno de los campeones con la Seleccion Argentina en el Mundial de Argentina de 1978 que encima había jugado en Boca  entre 1973 y princiios de 1978.

Primera mudanza, tiempos complejos 

Pata puso en pausa su carrera para acompañar al jugador. No fue fácil. Tarantini consiguió un contrato en Inglaterra y se mudaron sin saber una palabra en inglés. Un día Pata fue al mercado y feliz regresó a su casa contando que había conseguido dulce de batata. Al abrir el paquete el gusto era muy distinto. Había comprado aleta de tiburón que envuelta en nailon parecía el típico dulce argentino.

Conejo Tarantini era una figura en la cancha y ella en las pasarelas

Otra vez, el lechero llegó a su casa. Pata intentó hacerle un pedido que el hombre no entendía. Embarazada y desesperada, tomó el teléfono y llamó a su mejor amiga en Buenos Aires que además hablaba inglés. Le explicó lo que quería y luego le pasó el teléfono para que pasara su pedido.

Ese tiempo los unió mucho como pareja. En ese país ella no era la modelo conocida ni él era el jugador estrella. “Teníamos que mirarnos las caras todo el día, bancarnos, hablar y llorar pero siempre juntos. Se hizo duro muy duro”, admitiría Pata pero ya se sabe que lo que no te mata te fortalece y eso sucedió con la pareja. En ese tiempo nació Bernardita, su primera hija

Pata Villanueva y el Conejo Tarantini con Bernardita y Robertino

La experiencia inglesa no fue la mejor pero tampoco tan mala. “Yo fui ídolo en el Birmingham. El equipo andaba muy mal y descendió pero quise quedarme. Fui considerado el mejor líbero de Inglaterra. El Manchester United había ofrecido una fortuna, pero yo había decidido el regreso. Había nacido María Bernarda y se presentó la oportunidad de volver a la Argentina con Talleres”, explicaba en una entrevista en la revista Goles. Hoy sería impensado dejar el fútbol europeo para volver a la Argentina y a un equipo cordobés pero a fines de los 70 era una buena opción.

Cuando le preguntaba por esa decisión Tarantini contestaba. “Pata me dio serenidad, placidez. Quiero estar en mi casa, disfrutar de la sonrisa de mi familia”. Algunos le cuestionaban que se mostraban en boliches nocturnos y aseguraban que era una imposición de Pata. “Lo hago porque me gusta y además no lo oculto. Salgo a bailar y a comer con mis amigos, pero no descuido mis obligaciones personales”, refutaba.

Pata por su parte no negaba que a veces era complejo ser esposa de un futbolista. “Fácil no es. Lo que no se aguantan son las concentraciones. Yo también tengo una profesión y eso me ayuda. Trato de hacer desfiles en el interior cuando él está concentrado y al tener dos ocupaciones se pasa. Cada uno está en una actividad que no tiene nada que ver con la otra”, afirmaba en Goles.

Tarantini contestaba. “Pata me dio serenidad, placidez. Quiero estar en mi casa, disfrutar de la sonrisa de mi familia

Tarantini que había empezado en Boca terminó jugando en River. Jóvenes y éxitos, también pasionales se celaban sin disimulo. “En un boliche una mina se lo quería levantar delante de mí y, sin decirle nada, le pegué una piña que la tiré para atrás”, contaba sin remordimientos la modelo.

Segunda mudanza y el amor que ya no alcanza

En 1983, una nueva mudanza, el “Conejo” fue transferido al SC Bastia, en Francia. Primero se instalaron en la isla de Córcega y luego en Toulouse, donde nació su segundo hijo, Robertino. Para esa época Pata vivió un episodio extraño. La pescaron robando en la famosa cadena Harrods de Londres. Dijeron que se llevó sin pagar un suéter, dos sombreros, una bufanda y un saco. Cuando la descubrieron tuvo que sacar del bolsillo dos mil dólares para pagar como multa. Nunca quedó claro si lo suyo fue distracción, delito o simplemente aburrimiento.

Pata Villanueva y el Conejo Tarantini con su hijo menor, Robertino

La pareja comenzó a romperse. Lo que al principio los unía comenzó a separarlos. En sus comienzos Tarantini afirmaba “Nosotros tenemos muy claro lo que cada uno es. Ella es modelo y yo futbolista. Cada uno tiene independencia en su actividad y nos apoyamos mutuamente” afirmaba él al principio de la relación. Pero en Francia, Pata soñaba con volver a la Argentina, mientras él quería seguir jugando en Europa.

En tierra gala, la modelo conoció a Philippe Junot, playboy y exmarido de la princesa Carolina de Mónaco. Al tiempo un fotógrafo los enganchó a ambos en Buenos Aires y ya no hubo vuelta atrás. Después de 14 años juntos, la modelo y el jugador se divorciaron. La separación fue discreta hacia el afuera, pero complicada puertas adentro. En una entrevista en Clarín de 1995, Pata admitía que no tenía un peso y que su ahora ex marido no le pasaba la manutención de sus hijos Bernardita que tenía en ese momento 15 y Robertino de 12.

Conejo Tarantini y Pata Villanueva estuvieron juntos más de una década

Nada nada queda de ese amor

En 2012 hubo un mini escándalo cuando Pata contó algunas intimidades del físico de su ex marido en Desayuno Americano. Tarantini llamó enfurecido al programa. ¨Quiero decir que a la persona que está ahí, que es Pata, le gusta hablar de pavadas como las que dijo. Yo no me meto en su vida y no sé porqué ella tiene que meterse en la mía para figurar. Hace 20 años que no estoy con ella... No tiene ningún código. Que no se meta más en mi vida... Ella sabe que no me gusta que se meta en mi vida".

Hace un tiempo, Tarantini hizo declaraciones durísimas sobre la madre de sus hijos. "No estaba capacitada para cuidarme" y afirmó que su matrimonio con Pata fue "complicado”. Concluyó que "lo único que me hace feliz de esa relación son mis hijos". Pata por su parte asegura que le guarda “un cariño enorme”. Hoy cada uno recuerda esa etapa a su manera, pero hay algo que nadie puede negar: vivieron un amor real, imperfecto y arrollador, pero de esos que no se repiten dos veces.