Leticia Brédice es una enamorada de la vida. No lo esconde ni lo niega: a lo largo de los años ha vivido historias de amor intensas, algunas a plena luz y otras entre susurros. Pero su presente la tiene especialmente feliz, y el responsable es Martín Russo, el director con quien comparte no solo la pasión por el arte, sino también una historia que empezó, como muchas de sus mejores escenas, con una chispa inesperada en pleno rodaje.
Todo comenzó cuando coincidieron en el set de Mordisquito, a mí no me la vas a contar, la serie sobre la vida de Enrique Santos Discépolo. “Estoy enamorada. Estamos juntos desde que hicimos Mordisquito… Cuando nos conocimos le dije: ‘Cualquier cosa, si tenés un problema, llamame al 15544...’ y se puso bordó”, contó Leticia entre risas en una entrega de premios. El primer paso lo dio ella —como muchas veces— y la conexión fue inmediata. Poco después, él le regaló una golosina, y esa pequeña muestra de ternura marcó el inicio de algo más grande de lo que ambos imaginaban.
La historia, sin embargo, se remonta a un poco antes. En 2022 ya se habían cruzado trabajando en Dos 20, una miniserie de la TV Pública que Russo dirigía. “Me encantó su olor a perfumes divinos, su look de motoquero lleno de tatuajes...”, recordó Leticia. Ya desde entonces lo tenía en la mira, pero fue en el segundo encuentro donde el flechazo se volvió inevitable: “¡Lo tenía enfrente todo el día y me ponía nerviosa!”.
Los juegos de seducción no tardaron en aparecer. Un número de teléfono, un mar de likes en redes, una pregunta juguetona (“¿te tatuarías mi nombre?”), hasta que un beso en la comisura, con los labios aún pintados como su personaje de Tania, selló lo que ambos ya sabían: había amor.
Desde entonces, Brédice no escatima elogios para Russo. “Martín es un ángel. Somos amigos y tenemos muy buena intimidad”, asegura. Se nota que encontró en él a un compañero que le cocina (gracias a sus años en Cocineros argentinos), que la escucha y que respeta su círculo más íntimo. “Es muy importante tener un compañero con quien me pueda comunicar y que respete a mis amigas”, dice con emoción, al recordar vínculos pasados donde eso no era así.
En la vida de Leticia hubo otros grandes amores, como el productor Pablo Bossi, a quien llama sin dudar “el amor de su vida”, y su fanatismo adolescente convertido en romance con Germán Palacios. Pero hoy su presente está con Martín, en un vínculo donde la pasión, la amistad y el respeto se entrelazan de forma natural.
Fogoso, sí. Y también tierno, sincero y profundo. Así fue —y sigue siendo— el inicio de este nuevo amor en la vida de Leticia Brédice.