Con unos increíbles 70 años y a punto de estrenar "La sirenita" en el teatro, Osvaldo Laport se mantiene activo y feliz. Con su mujer Viviana Sáez hace 46 años que están juntos y si bien pasaron algunas turbulencias lograron sortear crisis. En tiempos de amores fugaces muchos se preguntan cómo hizo para sostener una pareja tantos años y el actor sorprendió con sus respuestas.
"Nos suceden cosas muy bellas que están relacionadas con la intimidad. Con la temperatura, con la piel, con los mimos, con el mate en la cama. “Uy, tengo frío los pies”, entonces me levanto, traigo las medias y se las pongo", contó en una entrevista en Infobae y sorprendió al afirmar que "Desde hace un tiempo que no tenemos alguien que nos acompañe a las actividades de casa. Entonces yo lavo, yo plancho, Viviana hace las cosas de la casa y es un laburo en comunión. Y cuando Jazmín dice “voy para allá, qué hay de rico”, es una fiesta. Y trabajamos juntos en el arte, estamos preparando un espectáculo de burlesque".
El actor aceptó que a lo largo de los años tuvo algunas turbulencias en su matrimonio. "Pero yo he vivido situaciones dentro de esas crisis de hace muchos años, donde descubrí el sufrimiento de un hijo y dije: sí, estamos cerrados, estamos equivocados, los hijos no tienen la culpa de esas crisis. Yo hablo mucho, y Jazmín creció con eso, de que hay que entender y que encontrar el equilibrio", narró. Su siguiente reflexión sorprendió al decir que no es necesario hablar todo con la pareja porque "Entender que el silencio también es parte del diálogo. El silencio es respetarme yo y respetar al otro. Y tal vez esa necesidad de dialogar… no es el momento, es después".
Laport fue crítico con las parejas que dicen que dormir en cuartos separados es la mejor decisión. "Con todo el respeto del mundo, también está sobrevalorado todo lo que está relacionado con las decisiones de una relación de dormir en camas separadas, habitaciones separadas o juntos: cuanto más juntos estamos en esa cama es más hermoso, porque tenés más posibilidades. Así te acuestes enfadado, el solo hecho de saber que hay una temperatura, te permite reflexionar. “Me equivoqué”, “no me equivoqué”. “¿Y si la abrazo?” “¿Y si me manda al carajo?” De pronto te acercás, te abrazás y te das cuenta de que estaba esperando ese abrazo"