Con el regreso de Lilo & Stitch al centro de la escena gracias a nuevas producciones y una renovada fiebre por el clásico de Disney, se conoció un dato que sorprendió a más de un fan: el personaje de Stitch no fue inspirado en un perro ni en un oso, como muchos imaginaban, sino en un animal real, exótico y apenas conocido fuera de Asia: el tarsero.
Este diminuto primate, cuyo nombre científico es Carlito syrichta, vive en las selvas del sudeste asiático y tiene una apariencia que parece salida de otro planeta: cuerpo pequeño, orejas desproporcionadas, enormes ojos saltones y una expresión casi humana. Justamente por eso, el equipo creativo de Disney lo eligió como referencia visual para dar vida al “Experimento 626”, esa criatura tan adorable como caótica.
Aunque mide menos de 15 centímetros, el tarsero posee habilidades sorprendentes. Puede girar su cabeza 180 grados, trepar con agilidad y comunicarse a través de ultrasonidos. Estas cualidades inspiraron varios de los movimientos y reacciones de Stitch, que en la película se desplaza con saltos rápidos, se esconde en techos y paredes, y se adapta con inteligencia a cualquier entorno.
Más allá de lo físico, hay algo en común que fue clave para construir al personaje: la expresividad emocional. Tanto Stitch como el tarsero pueden parecer dulces o amenazantes en cuestión de segundos, y esa dualidad ayudó a que el extraterrestre azul se volviera tan entrañable. Su cara, al igual que la del pequeño primate, transmite un abanico de emociones que va mucho más allá de lo animal.
Gracias a la observación de la naturaleza, Disney logró crear uno de sus personajes más originales, memorables y queribles. Y aunque muchos no lo sabían, el tarsero fue el corazón biológico detrás del diseño de Stitch.