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Abandonado a los 3, lustrabotas a los 5, diariero a los 8 y vendedor ambulante a los 10: la durísima infancia de Palito Ortega

Julieta Ortega visitó la casa natal de su padre en Lules y compartió fotos del lugar donde comenzó la historia del ídolo popular. Este recuerdo invita a recordar la niñez de ese changuito cañero que se transformó en el rey de la canción.

Créditos: Archivo Pronto e Instagram
Escrito en ESPECTÁCULOS el

En el Día del Padre, Julieta Ortega hizo un alto en su gira teatral con la obra Sex, para una parada muy especial. Visitó Lules, el pequeño pueblo tucumano donde nació su papá, Ramón “Palito” Ortega y compartió en sus redes sociales una serie de fotos conmovedoras de la humilde casa de infancia. Su testimonio en fotos viene acompañado de una historia, esta:

Palito Ortega en 1965

"Me duele que se vaya. Pero me dolería mucho más que un día usted me haga sentir culpable de ser otro de esos muchachos que en este pueblo fueron malgastando sus vidas hasta quedarse sin futuro", con estas palabras Juan Ortega le dio permiso a su hijo, Ramón para partir de Tucumán a Buenos Aires cuando recién asomaba a los 14 años.

Ese padre sabía que su hijo tenía presente pero no futuro en ese pueblo que parecía olvidado por Dios y por los hombres. En Lules solo se sentía algo parecido a la vida en la época de zafra, mientras había que ir a buscar el agua potable a otro lugar y no existía la luz eléctrica. Todo el pueblo tenía dos baños públicos, las calles eran de tierra y en la noche solo se percibía oscuridad, miedo o misterio.

La casa de infancia de Palito Ortega según mostró su hija Julieta en Instagram 

Los zafreros trabajaban en condiciones más de bestias que de humanos. Al hijo que nacía se lo anotaba cuando se podía y no cuando se debía. Así pasó con Ramón Bautista que nació un 28 de febrero de 1941, pero fue inscripto el 8 de marzo. Era el segundo hijo de Juan, un zafrero y Nélida Rosario que tuvieron cuatro hijos más porque a lo pobres, a veces, el único tesoro que se les permite es tener hijos.

El matrimonio no se llevaba bien y un día Nélida se marchó, Juan se convirtió en padre y madre, pero jamás habló mal de esa mujer que lo abandonó “Éramos cinco varones y una hermana muy chiquita. Y mi viejo se hizo cargo de todo. Entonces, mi viejo era como Dios. No me alcanzaba las manos para querer ayudarlo". A los cinco años el hijo le dijo: ‘Papá, haceme un cajón de lustrar’. Se instalaba en la puerta de un club, venía un cliente, le lustraba el zapato mientras cantaba, para que vengan más clientes. Esas monedas quie les ponía en las manos, él las ponía en las manos curtidas de zafrero de su papá.

Julieta Ortega en la casa de infancia de su padre, Palito (Instagram)

Ramón abandonó juegos y niñez, lustró botas en la vereda, pintó cruces y limpió tumbas en el cementerio, arregló bicicletas y vendió diarios. Los ofrecía entre pueblo y pueblo imitando a los locutores de Radio Independencia. "Y ahora canta Ramón Ortega" se autopresentaba, ahuecaba las palmas de las manos y hacía el sonido de la ovación, sentía el aplauso. Cantaba los temas del momento y soñaba. Décadas después ese juego/sueño se convertiría en realidad y daría su fórmula: “Hay que estar convencido para lograr lo que se quiere. Porque aquello en lo que uno no crea, no va a pasar. Así que primero tenemos que creer en nosotros mismos, tenemos que imaginarnos, tenemos que soñarnos...”

De niño Palito soñaba con ser un cantante famoso, lo lograría

Cuando los diarios no se vendían, vendía cubanitos. Todos los viernes le pedía a su papá 10 pesos, compraba cubanitos vacíos, dulce de leche y los rellenaba uno por uno, después los ofrecía en alguna cancha de fútbol. El domingo a la noche los 10 pesos prestados se convertían en 20. Alguno dirá que era lo que hoy llamamos un “emprendedor”, para otros era un “busca”, pero solo era un nene con pobreza y sin infancia.

El interior de la casa de Palito, recién hubo luz eléctrica cuando él  se mudó a Buenos Aires (Instagram)

Una maestra se conmovió con ese alumno que abandonaba la primaria. Si es injusto que te falte infancia, que te falte escuela ya es inhumano, por eso le enseñaba por las noches. En algún momento Ramón comprendió que vivía el presente pero que no había futuro. Con 14 años decidió probar suerte en Buenos Aires. Se despidió de su padre con el corazón desgarrado y una consigna para siempre. “Recuerde hijo que yo no quisiera, el día de mañana, tener que caminar por este pueblo con la cabeza gacha por su culpa. Pórtese bien. Cuando vuelva, quiero que venga caminando con la cabeza en alto”.

Lules hoy tiene una población de 21 mil habitantes

Llegó a Retiro, bajó del tren y un desconocido lo recibió con un abrazo. Lo que parecía un hombre confundido resultó ser un ladrón infame que le quitó los pocos pesos que traía, por lo que pasó su primera noche porteña durmiendo en la plaza. Consiguió algunas changas hasta que alguien le ofreció trabajar en un bar a cambio de un sueldo indigno y el lúgubre sótano del local para dormir. Cada noche sentía que bajaba a una prisión. El dueño cerraba la tapa con candado. Solo podía salir cuando, al otro día, la abría. El dueño argumentaba que era para evitar robos, quizá solo era maldad.

El primer instrumento que estudió Palito fue la batería, luego la guitarra con la que hacía imitaciones de Elvis Presley

Del bar pasó a trabajar como vendedor ambulante de café. Decidió vender en las puertas de Canal 7 y Radio Belgrano. El destino comenzó a torcerse o él comenzó a torcer su destino. Carlos Ginés era uno de los astros más populares de la radio conducía el ciclo “Levántese contento” donde hacia todo tipo de ruidos para despertar al oyente. Convocó a ese cafetero al que notaba honrado, trabajador y que siempre silbaba con un notable oído.

Dos años después, en 1957, la Bandita de Carlinhos, un grupo que animaba fiestas lo contrató para cargar los instrumentos y armar la escenografía. Rodeado de músicos aprendió a tocar el güiro, la batería y perfeccionó lo que sabía de guitarra. Comenzó a cantar folklore y rock. Nery Nelson y Tony Varano eran los seudónimos con los que se presentaba. 

Palito con su gran amor, Evangelina Salazar

Poco a poco ese joven triste que cantaba canciones alegres comenzó a ser conocido. Un productor lo vio tan delgado que le dijo “Usted es tan flaco que parece un palito”. Quedó Palito Ortega, aparecieron los éxitos como “Un muchacho como yo”, “Mi primera novia”, “La felicidad”. Se convirtió en el Rey que vendería 28 millones de discos.

Muchos años después cuando la multitud le daba los abrazos que no le dio su mamá recibió una carta de una mujer. Era su madre. “Me entró una gran curiosidad porque habían pasado muchos años y quería saber cómo estaba. Tenía esa cosa que te puede agarrar como: ‘¿Qué hago?’. No sabía bien cómo actuar. Y bueno, finalmente nos encontramos, fue un encuentro difícil... Pero bueno, yo entendía que era la vida, se dio así”

Palito, Evangelina y sus hijos, Julieta y Martín

Palito le compró un departamento muy lindo. Le dije: ‘Yo quiero que estés acá, más cerca, en Capital’. Porque vivía en Berazategui. Y bueno, nos empezamos a ver más seguido, empezamos a hablar... Las conversaciones son interesantes porque ponen en blanco y negro muchas cosas. Ella tenía muchos argumentos siempre, me contaba cosas que yo sabía, más o menos, por dónde iba todo.”

Al cumplir 80 años con su familia

Aquel changuito cañero es este señor consagrado rodeado de familia y amigos que, el 8 de marzo cumplió 84 años. Si se mira la foto de su casa de infancia uno siente cierto nudo que atenaza el alma pero si se piensa en el presente de Palito, no hay duda que cumplió lo que le pidió su padre. “Pórtese bien. Cuando vuelva, quiero que venga caminando con la cabeza en alto.”