Se llama Nicolás Choca pero todos lo conocen con el nombre artístico de The La Planta. Nació en Uruguay hace 29 años y allí comenzó a desandar su camino en el mundo de la música: el primer tema lo pegó en la adolescencia y se empezó a hacer conocido en la zona de Melo pero a los 18 años cayó preso y sus sueños se vieron truncados. Después de un año en prisión -entre la cárcel y la domiciliaria-, The La Planta volvió muy de a poco a reinsertarse en el ámbito musical y fue sacando temas que cada vez tenían más y más adeptos. Post pandemia logró cruzar el charco y ya en la Argentina, amplió sus horizontes hasta que finalmente la pegó con todo gracias a la canción Hoy, que hizo junto a Valentino Merlo y que la rompió toda. Los números son impresionantes: tiene 350 millones de visitas en YouTube y 250 millones más en Spotify. En medio de su exitoso presente, el artista uruguayo se hizo un tiempo para dialogar con Pronto, vía telefónica desde Montevideo.
-¿Cómo estás viviendo estos días, en qué momento de tu vida y de tu carrera estás?
-Estoy muy contento, pasando un gran momento en mi carrera. Creo que me animo a decir que es el mejor momento de The La Planta, después de lo que pasó con Valentino Merlo el año pasado, junto a la canción Hoy. La verdad es que es un presente muy bueno. Hace poco tuvimos la posibilidad de hacer algo histórico en el deporte acá en Uruguay y eso me llena el alma. Presentamos el sponsoreo oficial del club de mi ciudad, Cerro Largo Fútbol Club, que está en Primera división jugando en el fútbol. Y salimos como sponsor oficial.
-¿Sos oriundo de Melo?
-Sí. Yo nací ahí y tuve la posibilidad de presentar el sponsoreo oficial del club 2025-2026 de The La Planta. Al ser del pueblo hay un valor agregado emocional muy fuerte y es un hito para la banda también, sobre todo mirando también a las nuevas generaciones, que es a lo que apuntamos: el tema de las inferiores. Más allá de todo lo que se pueda hacer con la publicidad, se trata de poder mirar a las inferiores y a las generaciones que vienen también en la música. La idea es decir que se puede y que no hay limitaciones por ser del interior. Ese es el mensaje final.
-¿Sos muy futbolero?
-¡Soy re futbolero! Siempre, de niño, soñé con jugar al fútbol pero en un momento tuve que elegir y me decidí por la música. Por suerte, terminó saliendo bien pero me quedé con la espinita esa de poder haber jugado alguna vez. Así que hoy tengo la posibilidad de cumplir un sueño desde otro lado, por lo menos. Pude fusionar la música y el deporte desde otro lugar. Nunca antes había pasado acá y siento que va a ser algo para abrir puertas, para poner nuevas ideas arriba de la mesa, ya sea en el deporte o en la música.
-¿Cuán chico es el pueblo donde te criaste?
-Melo tiene 40 mil habitantes. Para Argentina es un pueblo chico, sin duda, pero para Uruguay no tanto. Mirá lo que te digo: para Uruguay ese número ya es ciudad. Así que con mucho orgullo puedo decir que soy nacido en la ciudad de Melo. ¡No es el pueblo de Melo sino la ciudad de Melo!
-¿Y ahí vive tu familia todavía?
-Sí. Mi hermana está laburando ya en la capital, en Montevideo, junto conmigo. Y mis viejos todavía están allá en Melo. Mi papá se llama Leonardo, mi mamá se llama Dina y mi hermana Isabel. Esa es la familia en la que me crié. Después hubo una separación en el medio de mis viejos y me quedé con mi mamá toda mi vida.
-¿Y vos viviste ahí hasta qué edad? ¿Cuándo te fuiste del pueblo?
-La historia es así: yo empiezo con The La Planta a los 15, casi 16 años. Ya con el primer tema que saqué, tuve la suerte, la bendición o llamalo como quieras, de pegarla con todo. Se llamó Son tus ojos que no mienten. Ese fue el primer inédito que escribí, me acuerdo, en mi cuarto, con una guitarra en Facebook y lo terminé grabando muy precariamente en un estudio que había en Melo. La gente lo terminó escuchando igual y ese tema ya me hizo hacer shows en Melo; ahí empezó la rueda que no paró más.
-¿Y ya desde ahí, desde el comienzo, sos The La Planta?
-Sí. Desde ahí ya soy The La Planta. La banda ya tiene 12 años. ¿Por qué le puse ese nombre? Bueno, en ese momento nosotros plantábamos. Todo esto acompaña a la legalización del cannabis en Uruguay. Básicamente viene por ese lado también. Justo nos toca a nosotros el proceso de legalización en Uruguay y había una cultura terrible con el cannabis ya. Empezamos a tirar nombres, estábamos entre plantas ahí porque ya cultivábamos y terminó llamándose The La Planta. Esa es la verdad.
-Nico, re chico vos a los 16 para cultivar marihuana.
-Sí, re chico. Y así me fue: terminé re en cana. Así sigue la historia: pego los temas y para cultivar y hacer lo que yo quería, era demasiado chico. A los 18 años me metieron preso. Eso fue lo que cambió toda la historia también. Eso me creó un poder de resiliencia muy fuerte y también hizo que saliera adelante desde lo más profundo del pozo.
-¿Cómo fue? ¿Cuánto tiempo estuviste preso?
-Estuve seis meses en cana y seis meses en mi casa, con la prisión domiciliaria. Una causa fue por porro, ¿viste? Algo primario porque te podés mandar una cagada pero no era para cárcel. O sea: me condenaron mal. Hoy, mirándolo con el diario del lunes, me podrían haber arruinado la vida y por suerte la música me salvó. Porque ahí adentro, en la cárcel, la gente ya me conocía porque yo ya era músico y ya era The La Planta. Entonces, la gente se preguntaba qué hacía The La Planta en cana, básicamente.
-¿Y por ser conocido tenías algún privilegio dentro de la cárcel o no?
-No, cero privilegio. Tenía gente que me cuidaba porque sabía que yo no era de ese mundo, ¿me entendés? Gente que me conocía de la calle y que sabía que no era de ese mundo y que me iba a ir a los seis meses. Eso hace que la gente de adentro te cuide, sobre todo los presos que tienen por hacer muchos años. Gente que camina bien y que se da cuenta de que con una pelea o con una mala acción, capaz que te arruina la vida. Gracias a Dios, no tuve problemas.
-¿En qué cárcel estuviste preso?
-En la de mi ciudad, en Melo. Es una ciudad chica pero con cárcel. ¿Si compartía la celda? Ahí son pabellones, en realidad. Cuatro pabellones con veinte o treinta personas por pabellón. Y cada pabellón con cada cuarto diferente. Pero sí: compartís con veinte o veinticinco personas más, por lo menos.
-Ya lo pasaste pero imagino no debe haber sido fácil caer en cana a los 18 años.
-Tenía 18 recién cumplidos y fue complicado. Calculá que automáticamente pasé de jugar a la play con mis amigos a estar en la cárcel. Encima ya venía desde hacía dos años pegando temas sin parar con The La Planta y tocaba todos los fines de semana sin parar en todos lados. Incluso ya me había ido dos o tres veces para Argentina a tocar. Se estaba por dar todo a nivel nacional básicamente, venía muy bien The La Planta pero terminó todo de la peor manera. Fue difícil porque pasé de jugar con mis amigos a la play, como te decía, a estar con tipos presos.
-Tremendo.
-Muy duro. De comer la milanesa de mi vieja afuera pasé a comer ensopado adentro de la cárcel todos los días. Me cambió la vida al ciento por ciento.
-¿Qué aprendiste de esa experiencia?
-Aprendí a valorar. Muchos de los que estamos acostumbrados a una clase media y a tener un plato comida rico todos los días, crecemos muchas veces sin valorar lo que tenemos. Creeme que lo que te digo es así: uno nunca piensa y nunca valora. No decís: “Che, qué buena que está mi cama. O qué bien que tengo el baño o mirá qué bien que tengo la heladera llena de comida”. Lo ves como algo normal cuando tenés la posibilidad de criarte así. Cuando no, no. Pero yo tuve la posibilidad de criarme así. Entonces, cuando lo perdí todo sentí toda una falta de algo que no me daba cuenta que tenía. Era un tipo que tenía todo realmente y que no valoraba nada.
-Tan crudo como real.
-Sí. Lo otro que te pasa es que de los cien amigos que van a tu casa, quedan solo cinco. Desaparecen todos. A muchos les da miedo, a muchos no les da y muchos simplemente están en tu casa por conveniencia. Ese círculo también hace que aprendas a establecer tus verdaderas amistades para siempre, para toda la vida. Porque el que pasa el límite ese de la cárcel se termina convirtiendo en tu verdadero amigo. Así que también sirvió para eso. Y una tercera cosa que me sirvió fue con el tema de la resiliencia.
-¿A qué te referís?
-Imaginate ser músico en la ciudad, haber pegado un par de temas, tener cierto nivel de fama o exposición y de repente caer preso. Cuando salís, sentís una mochila muy grande después de todo lo que se habló de vos, de tu apellido, de tu caso, la vergüenza de la familia… Tuve que crear un poder de resiliencia enorme para poder salir adelante. No me quedó otra. No escuchar nada y seguir, seguir, seguir.
-Cuando te dieron la libertad y recuperaste tu vida, ¿cómo fue reinsertarte en la música? ¿Cómo retomaste las riendas de tu carrera?
-Fue muy loco porque yo quedé en cero después de la cárcel. La gente pasó de escucharme siempre a no escucharme más. Me estigmatizaron. No estaba bien visto y había mucho tabú. Claramente hay otro lado ahí que hace que se genere un rechazo. Mis músicos armaron otra banda porque no podían hacerlo con el nombre de The La Planta porque era mío. Entonces, armaron otra banda y siguieron tocando en las fechas que yo tenía programadas. Pero la gente dejó de escuchar a The La Planta. Tuve que arrancar de cero.
-¿Sentís que te traicionaron también tus músicos?
-En realidad, no. A ver: teníamos 15 o 20 fechas por delante, el vocalista cayó preso y ellos siguieron sin mí. Yo hubiese sentido traición si hubiesen seguido con The La Planta sin mí. Pero le pusieron otro nombre, Los Tíos de Pepito o qué sé yo, y salieron a laburar porque tenían que comer. Entonces había una necesidad y no la puedo ver como traición. Hubiese sido traición si hubiesen seguido con The La Planta sin mí. Ahí yo creo que es otro hablar. Más allá de eso, quedé en cero.
-¿Cómo saliste a flote?
-De a poco. El primer año, después de que tuve un año en domiciliaria, saqué un tema. El año siguiente saqué dos temas y nadie me escuchaba. Lo hacía desde un lado mucho más introspectivo. La cárcel había cambiado toda mi manera de ver el mundo. No estaba siendo un exponente de lo que yo sentía sino que estaba haciendo todo muy para adentro. Ahí empezó el proceso otra vez de The La Planta. Pequeñito, muy pequeñito en 2016, 2017. Y en 2018 fue cambiando todo.
-¿Qué te pasó en 2018?
-Es muy loca la historia. Hay un pibe de mi barrio, que se llama Thiago Nascente, que inventó hacer un cumpleaños de 15, cosa que culturalmente en Uruguay no se hace. Los 15 se los hacen a las mujeres pero no a los varones. Thiago inventó festejar su cumple de 15 y, como había sido mi fan de toda la vida, pidió que toque The La Planta. Quería un salón, The La Planta y chupi para los amigos. Pidió esas tres cosas y la madre se las cumplió. Yo no estaba tocando pero me hizo armar la banda otra vez e ir al cumpleaños de 15.
-¿Te rescató sin saberlo?
-En cierto modo, sí. Después de tres años, en los que había pasado de todo, la cárcel y dejar de tocar, sentía que se me había pasado la vida y se me había terminado el proyecto. De repente, me encontré con una nueva generación, que era toda fan de The La Planta. Estos chicos se criaron con las canciones y me veían de otra manera: se habían olvidado de la cárcel porque había pasado el tiempo. Y cuando pasa el tiempo, pasan las cosas también. Ya nadie me juzgaba porque había sido muy leve mi caso.
-¿Cómo siguió la historia?
-De un cumpleaños fui enganchando otro y otro y otro más porque se fue corriendo la bola. Así salió The La Planta para adelante otra vez. Y así llegó Madura, en 2019, el tema que pegué. Y ahí empecé otra vez a hacerme fuerte en Uruguay. En 2019 hice una gira completa por los 19 departamentos de mi país solo con ese tema. Y ahí me fortalecí acá en Uruguay. Después llegó la cuarentena en 2020 y saqué Ojitos chiquititos justo cuando empezó la cuarentena, en marzo de 2020. Con ese tema terminó de pegar con todo The La Planta en la Argentina. Y así empieza la historia también un poco en Argentina.
-¿Y cruzaste a promocionarlo?
-No, no podía. Fue loco porque veía los temas que re pegaban pero no podía cruzar a tocar a la Argentina porque estaba todo cerrado. Muy cruel fue. Veía a todas las bandas que tocaban por todos lados con mis temas y yo no podía cruzar porque estaba cerrada la frontera por la pandemia. Entonces, en Argentina demoró un poco más. Lo veía por las redes y fue bastante doloroso. Pero seguí adelante y sabía que cuando se saliera de la cuarentena, todo ese boom que había tenido me lo iba a poder retribuir igual. Lo único que no tenía que hacer era aflojarle.
-¿Y cómo seguiste?
-Ahí llegó lo de Barrio prendido, que fue el tema también que más se metió de The La Planta. Y bueno, después de ahí todo el resto para adelante ya es lo que conocemos.
-La gran popularidad te la dio el tema Hoy, con Valentina Marlo.
-Sin dudas: ahí llegué a todos lados y con ese tema explotó todo. Te voy a dar un número y uno también se rige por eso porque son números orgánicos y reales. Es lo que tenemos hoy para medir. Mi país tiene tres millones de habitantes, Argentina tiene 45 y ese tema tiene 350 millones de visitas en YouTube y 250 millones más en Spotify. Entonces, sonó varias veces y no solo en Uruguay y Argentina sino que de punta a punta de todo el continente. Me siguen llegando mensajes de gente que vive en La India, por ejemplo, con el tema. O en África porque quedaron sonando de los safaris, de la gente, de los argentinos que están allá. Hay argentinos en todos lados.
-Eso te puede dar una proyección mucho más internacional de tu carrera. ¿Lo pensás?
-Claro, sí. Para eso laburo. Yo hablo de The La Planta mundial hace muchos años ya. No es de ahora. Sabía que con Hoy iba a pasar. Y cuando lo escuché, sabía que era ese el tema también.
-¿Cuál fue el lugar más importante en el que cantaste?
-Sin dudas, el Estadio Centenario de Montevideo. Es el estadio más imponente de Uruguay y es el santuario más grande que tenemos. Así que llegar al Estadio Centenario es el hito más grande que hay. Tuve la posibilidad de abrirle a Aventura, que hizo un súper concierto. El día de mañana soñamos con el propio, claramente.
-Hiciste un tema, Borracho y loco, con Abel Pintos y Emanero. ¿Cómo surgió?
-Eso fue muy loco: conocí a Abel en México, en una reunión con los jugadores de Tigre allá, que nos invitaron. Tuve la posibilidad de conocerlo a Abel ahí y me pareció un capo total. Quedamos en contacto y a las dos semanas me escribió Emanero por Instagram. Me dijo: “Nico, tengo un tema para hacer, quiero que lo escuches. Es una runfla como esas que estoy haciendo, fijate si te gusta”. Me la mandó y cuando la escuché, ya estaba la voz de Abel. Me pareció una locura y me dijo: “Si te gusta, sumate”. Le respondí: “¡Voy a grabar ahora mismo si querés!”. Y así se dio. Abel Pintos es un groso y Emanero también va en el mismo camino.
-¿Te gusta su música?
-Me encanta, me gusta mucho lo que hace Fede. Es increíble porque saca un flyer del Movistar Arena y lo hace sold out al toque. Es muy tiquetero y me alegro por él y por todo su equipo.
-Si tuvieses que definir tu música para alguien que te está descubriendo ahora, ¿qué dirías?
-Que hago música alegre, romántica y para el alma. Básicamente así me definiría. Es cumbia y no hay mucho más que eso. Cumbia al ciento por ciento.
-¿Con quién te gustaría compartir el escenario? ¿Alguien que admires mucho?
-Estaría buenísimo poder hacer algo con el Duki el día de mañana. Si me das a elegir, a soñar en grande, lo admiro a él como artista por todo lo que ha logrado y por su legado. Sin dudas: si me das a soñar en grande, haría un súper concierto con él.
-¿Lo conocés?
-Sí: somos amigos y ya he tenido la posibilidad de abrir un par de shows de él acá en Uruguay. Establecí una amistad también linda con él. Todavía no ha salido un tema juntos pero tuve la posibilidad de vivir el Bernabéu allá en España también desde adentro y muy agradecido con él desde siempre por haberme tenido en cuenta acá en Uruguay cuando vino. Y eso también es un plus gigante en mi carrera, es un antes y un después que haya llegado Duki a la carrera de The La Planta.
-Hace poco te cruzaste medio país para estar con tus abuelos en sus 60 años de casados. ¿Cómo salió eso?
-Cumplieron 60 de casados y yo no podía faltar. Me crié con mis abuelos porque mis padres laburaban todo el día y lo único que tengo de mi niñez son recuerdos con mi abuela, sobre todo. Se llaman Marta y José. Entonces, cerré la Fiesta del Surubí en Corrientes y dije: “Me voy hasta Melo”. Atravesé en auto de Corrientes a Melo y llegué perfecto. Le calculé bien y llegué. Incluso terminé tocando también allá en Melo para mis abuelos, que nunca habían tenido la posibilidad de verme, a no ser por la tele, porque ya están viejitos. Les hice un concierto en homenaje para ellos.
-Qué emocionante, Nico.
-Sí, estuvo muy emocionante. Había mucha familia también de la parte de mis abuelos que yo no conocía porque no tuve la posibilidad de crecer con mi papá. Ellos son padres de mi padre. Entonces, había mucha familia paterna a la que no conocía. Fue muy especial todo.
-¿Tus papás se separaron cuando eras muy chico?
-Sí, cuando yo tenía 9 años. Me quedé con mamá viviendo y a mi viejo lo veía pero muy poco. No tuve un padre tan presente. Hasta que pasó lo de la cárcel, no estuvo tan presente. Yo estuve siempre con mi vieja.
-¿Y cuando quedaste preso, él sí se acercó?
-Cuando quedé preso, sí, ahí se acercó. Era la peor situación que se puede vivir entre un padre y un hijo. Empezó otra vez un nuevo vínculo. Y hoy tengo buena relación. Supe perdonar y seguir adelante porque siento que esa es la única manera de ser feliz y vivir más liviano. Y no andar con mochilas.
-Tenés 29 años. ¿Cómo te preparás para el cambio de década?
-Cumpliré los 30 el 17 de octubre. Para el cambio de década me preparo bien, recontento. Llego espléndido. Re bien porque siento que ya llego con metas personales que tenía cumplidas. Veo también a mis amigos que me decían: “Loco de mierda, este musiquero que no va a llegar a nada”. ¡Y ahora están luchándola ellos más que yo! Entonces, me siento bien y siento que llego a los 30 en un gran momento personal.
-¿Estás en pareja?
-Estoy conociendo a alguien. En pareja se complica un poco porque la gira es interminable todavía. Entonces, estar en pareja significa que alguien tenga que sacrificar todo por vos. Pero bueno, ya llegará esa persona. Mientras tanto estoy bien y tengo mucha libertad.
-Tenés una vida agitada.
-Sí. Tengo una vida diferente a las personas normales: laburo en otro horario y me dan ganas de dormir en un horario en el que la gente no duerme. Miro deportes todo el día si quiero y tengo libertad para hacer lo que quiera. No sé cómo llamarlo: independencia. Entonces, es también estar dispuesto a sacrificar un poco todo eso, obviamente, si estás en una pareja. Por ahora estoy tranquilo.
-No debe ser fácil estar al lado de un músico.
-Claro. No es tan fácil y hay que tener una súper confianza y hay que aprender a convivir con eso. Es complicado también saber elegir a esa otra persona porque me ha pasado, por ejemplo, que he intentado formar vínculos y no funcionaron porque pasás una noche conmigo en un show, ves dos cosas que no te gustan y ya te vas huyendo. “A este tipo se le tiran todas arriba”, pensás o lo que sea. No digo que sea mi caso. Pero entiendo que hay que laburar mucho la seguridad y la confianza porque si una pareja ve que viene otra persona y se me tira o se me insinúa, eso no le va a gustar. Entonces no es tan simple. Pero ya va a llegar.
Por Nicolás Peralta // Fotos: Album personal de Nicolás Choca