Aunque hoy se luce al frente de programas exitosos en Telefe, China Ansa no olvida sus orígenes. En una reciente entrevista, la periodista abrió su corazón y compartió un momento especialmente crudo de su infancia: una noche, junto a su madre, durmió en una plaza porque no tenían dónde vivir. “No es que no teníamos para comer, pero no conseguíamos un alquiler sin garantía”, explicó, dejando entrever las dificultades que marcaron sus primeros años. Lejos de victimizarse, Ansa recordó ese momento con una mezcla de dolor y resiliencia.
Con solo 17 años, cuando aún dudaba entre estudiar Psicología o Comunicación, China Ansa participó de un test vocacional que le pidió imaginar su futuro. Lo que dibujó fue, en retrospectiva, una especie de profecía: se representó a sí misma recibiendo un Martín Fierro sobre un escenario. Esa imagen, nacida de un deseo profundo, se volvió realidad casi dos décadas después, cuando fue galardonada como Revelación por su labor en el ciclo Escape Perfecto. Hoy, esa joven soñadora es una de las figuras más queridas de la pantalla chica.
Su camino no fue fácil. Criada en Avellaneda, comenzó a trabajar desde muy chica para ayudar en su casa y pagar sus estudios en la UBA. Fue moza, secretaria, operadora de call center y hasta atendió en un restaurante de sushi en Puerto Madero, donde se quedaba hasta altas horas de la madrugada. Nada le fue regalado. De hecho, no tenía contactos en el mundo de los medios y se abrió paso dejando currículums por su cuenta hasta que una amiga del colegio le tendió una mano para ingresar al Grupo Indalo.
China Ansa comenzó su carrera desde abajo, cargando datos en radios como Pop, Mega y Radio 10. Más tarde, trabajó en C5N como trafficker y luego como implementadora de PNT. El salto a la televisión ocurrió casi por accidente, cuando el meteorólogo del canal faltó y ella se ofreció a cubrirlo. Esa oportunidad improvisada fue el comienzo de un recorrido frente a cámara que no paró de crecer. “Siempre supe que iba a llegar”, dijo alguna vez, con esa mezcla de fe y terquedad que la caracteriza.
En el programa PH: Podemos Hablar, Ansa mostró su costado más vulnerable. En un momento de gran emoción, pidió que “el agua se lleve los momentos tristes” de su infancia. Al borde de las lágrimas, habló de la necesidad de soltar el dolor, de perdonar a quienes pusieron piedras en su camino. Su testimonio no solo conmovió a los presentes, sino que también resonó en miles de personas que encontraron en su historia un espejo o una inspiración.
Hoy, a sus 34 años, China Ansa disfruta de un presente soñado: conduce El noticiero de la gente, participa en La Voz Argentina, es mamá, está esperando su segundo hijo y cuenta con el reconocimiento de sus colegas y del público. Pero lo más importante es que, sin renegar de su pasado, logró transformar el dolor en motor y los obstáculos en impulso. Su historia es una prueba clara de que los sueños, incluso los que nacen entre carencias, también se cumplen.