Detrás del fenómeno musical que representa el apellido Pastorutti en Argentina, hay una historia íntima y silenciosa que se gestó en las calles de Arequito, y cuyo motor fue el amor incondicional de dos padres: Griselda Haydeé Zacchino y Omar Alberto Pastorutti. Ellos no solo acompañaron a sus hijas en los primeros pasos de su carrera artística, sino que convirtieron ese camino en un verdadero proyecto familiar que hoy, décadas después, sigue latiendo con la misma fuerza.
Antes de que Soledad se convirtiera en la Sole y que Natalia brillara también con luz propia, Omar trabajaba como mecánico y Griselda daba clases de danza en un pueblo vecino. La vida en la localidad santafesina transcurría con tranquilidad hasta que la vocación musical de las niñas movilizó por completo la rutina familiar. “Me parecía que eran muy chicas, y era mucho el sacrificio que tenían que hacer”, recordó Griselda en una entrevista. “A veces llegábamos los lunes a la mañana y no tenían tiempo de descansar porque tenían que ir al colegio, y mi prioridad era esa”.
Sin embargo, a pesar de los miedos y el esfuerzo, ella se convirtió en el pilar silencioso que velaba por la estabilidad emocional de sus hijas: “Siempre la acompañé desde la parte de atrás”, comentó alguna vez, aludiendo a su rol en los viajes, organizando ropa, comidas y momentos de descanso, en medio de un calendario cada vez más exigente. Fue ese cuidado materno el que permitió que tanto Soledad como Natalia pudieran avanzar con firmeza sin perder de vista sus raíces.
Omar, por su parte, también supo adaptarse a ese nuevo mundo. Más allá de dejar su oficio, fue productor, chofer, manager y hasta “promotor artesanal”. “Hice una grabación clandestina y, en las peñas, habré vendido tres o cuatro mil casettes”, rememoró. En aquellos tiempos, su hija solía cantar al final de los espectáculos, cuando el público ya estaba cansado. Pero él la motivaba con una frase que terminaría volviéndose icónica: “Cantá para papá”. Años más tarde, esa expresión inspiraría uno de los títulos más emblemáticos de la discografía de Soledad: Canten para papá.
La historia de las Pastorutti está marcada por el esfuerzo, la entrega y la construcción colectiva. Natalia y Soledad comenzaron como un dúo folklórico que rápidamente conquistó escenarios, para luego seguir sus carreras como solistas. Pero jamás estuvieron solas: sus padres, esposos, hijos y toda la familia formaron una red que les permitió consolidarse como artistas sin descuidar su humanidad. De hecho, hoy comparten un predio familiar donde cada núcleo tiene su propia casa, pero la cercanía diaria les permite seguir en contacto constante.
“Jamás la quisieron soltar”, dicen quienes conocen a la familia desde los inicios. Y es cierto: en cada entrevista, cada publicación en redes o cada celebración importante, Soledad y Natalia reconocen el valor de sus padres en ese recorrido. Fotos compartidas, agradecimientos públicos y recuerdos imborrables dan cuenta de un vínculo que trasciende lo profesional.