A los 13 años, Gustavo Méndez fue operado de un tumor medular (astrocitoma 8T) dentro de su columna vertebral, cuyos síntomas comenzaron a los 11. El diagnóstico tardó dos años en llegar. "Eramos una familia muy humilde, no teníamos ni obra social", recuerda sobre esos años en San Nicolás, años 90 y poco desarrollo tecnológico aún en aparatología médica. Después de algunos estudios que no clarificaron el cuadro, un estudio urodinámico arrojó un diagnóstico severo que terminó en una derivación al Garrahan. "Estaba todo mal, ya se me había empezado a desviar la columna. Al séptimo día me operaron", cuenta.
Tuvo riesgo de quedar paralítico y su extensa recuperación fue evolucionando de a poco: de la silla de ruedas, a las muletas, al bastón canadiense y al final a "andar en paralelas para poder volver a caminar". A los 18 años, otra vez lo esperaba el quirófano: tuvieron que operarlo del riñón. "Tenía vejiga neurogénica, una pierna atrofiada. enfermedad de von Willebrand... Eso era peor que el tumor", asegura. El calvario seguía y debió someterse a una serie de estudios dolorosamente invasivos. "Llegué a orinar cóagulos de sangre de este tamaño", afirma, mientras forma con el pulgar y el índice derecho un círculo del tamaño de una pelota de golf. "Orinaba los coágulos y le pegaba piñas a la pared del dolor. Tardé 10 años en estar bien del todo", resume.
Para Méndez, esta experiencia extrema de salud le sirvió como un ancla para poner las cosas en perspectiva, tanto en lo profesional como en lo personal. Reconoce que, aunque su historia fue grave, en el Garrahan vio situaciones mucho peores, lo que lo ayudó a valorar la vida y la salud. "Cuanto te pasan cosas en el laburo, yo vuelvo ahí como para tener los pies sobre la tierra", dice. Y agrega: "A mí todas esas cosas me hicieron justamente respetarme, defender lo que es mío, que no me caguen, porque ni siquiera la salud me regaló la vida, la tuve que volver a recuperar. Entonces, lucho por lo mío", afirma.
Gustavo hace más de 20 años que trabaja en los medios pero fue en el último tiempo que ganó visibilidad a partir de una entrevista íntima que logró con la China Suárez, en plena rebrote del Wandagate. Después de su experiencia -y su desvinculación- como editor en el portal de Revista Gente, había decidido potenciar su marca personal y desarrollar proyectos propios, con la libertad que da la autogestión pero el desamparo de ya no estar cobijado por un medio y un sueldo fijo a fin de mes. Asumiendo ese desafío, decidió crear su propio podcast, "Antes de Pegarla". A raíz de esto, Juan Beli le comentó que había abierto una productora de podcasts y le pidió ideas. Méndez le presentó varias y una de ellas fue un segmento de reportajes llamado "La Pasión". Cuando se reunió con Joan González y Agustina Ceballos en la Televisión Pública para el proyecto de un stream, le preguntaron quién sería la primera entrevistada de "La Pasión". Méndez, con mucha fe y sin tener relación previa con ella, propuso a la China Suárez para arrancar fuerte. Nunca había hablado con la actriz y ni siquiera su manager, Caro Nolte, tenía idea de su intención. "Con la China solo nos seguíamos mutuamente en instagram pero nunca le había escrito", aclara.
Pasaron unos meses donde todo se fue dilatando a la espera de que estuviera listo el estudio y recién ahí Mendez contacó a la jefa de prensa de la China. Ante la respuesta inicial -"la China no habla"-, Gustavo apeló a un argumento astuto para alejar las sospechas de que la entrevista iba a girar sobre su relación con Mauro Icardi y el conflicto con Wanda. "El programa se llama La pasión porque a mí me interesa hablar de lo que a la inteligencia artificial nunca va a poder reemplazar, que son las emociones. No me interesa hablar de Wanda Nara. Yo sé que si ella acepta, me va a dar una mano a mí. Te lo digo a vos porque después le voy a escribir a ella", cerró su explicación con Nolte.
El mensaje a la China salió en forma de audio, con la explicación de cómo iba a ser la entrevista. Con el condicionamiento autoimpuesto de no tocar el Wandagate y con el pedido como periodista de que esa entrevista iba a ser un impulso importante para su carrera, convenció a Eugenia Suárez. "Sí, Gus, lo hacemos", le respondió Eugenia Suárez minutos después. "Me largué a llorar", recuerda Gustavo.
La entrevista se hizo finalmente -no sin algunas postergaciones que hasta hicieron temer que pudiera cancelarse- el 9 de mayo. "La China vino con Mauro. La nota salió como esperaba. Fue la primera vez que la China lloró en una entrevista".
Esa entrevista le abrió las puertas a un ida y vuelta fluido con la China. Y a ser uno de los periodistas a seguir para quienes quieren estar al tanto de las derivaciones del Wandagate. Claro que ese canal directo motivó que muchos lo llamaran "el vocero de la China", apodo que a Gustavo lo incomoda y al que desestima explicando cómo gestiona esa cercanía con una de las partes del conflicto sin que perjudique su rol de periodista a la hora de informar. "Los periodistas no defendemos personas, defendemos la verdad. Si esa verdad va en contra de la China o de Icardi, yo la voy a publicar, como ya lo hice. Incluso yo lo he hablado con ella, yo soy fiel a mi manera de laburar".
¿Pero tiene margen para criticarla sin correr el riesgo de perder esa línea directa con la China? ¿Podría cuestionarla por ejemplo por aquel posteo en el que atacaba con dureza a Benjamín Vicuña, padre de sus hijos Magnolia y Amancio. "Ese posteo fue muy fuerte, primero por lo del tema de las adicciones. Y yo lo dije al aire en Mujeres Argentinas. Ahora por lo que hablé con ella, en off de record y no puedo decirlo, la comprendés un poco más por qué lo hizo", la justifica.
Para el periodista, entre Vicuña y la China, a menor escala, pasa lo mismo que entre Wanda Nara y Mauro Icardi. "Son ex parejas en las que hay una lucha de poder". En cambio, destaca que "es excelente relación que la China tiene con Cabré y es impresionante lo que se entienden por el bien de su hija Rufina". También menciona el vínculo armónico que hay entre Rocío Pardo, novia de Cabré, y la China. Sobre Pampita, figura importante aunque con un rol secundario en este escándalo, Gustavo afirma: "También hace sus movimientos. Da like cuando tiene que dar a algún comentario.... Acá nadie toma agua bendita".
Para Gustavo, Wanda está obesionada con la China y eso imposibilita cualquier posibilidad de frenar esta guerra. "Cuando declaró en el Tribunal Familiar de Milán, de las cuatro horas de conversación, dos estuvo hablando de la China Suárez. Es su talón de Aquiles, porque la perjudica en toda la inteligencia que Wanda tiene para moverse en general. La saca de lugar", destaca. "El día que pueda soltar a la China, ese día me gustaría entrevistarla a Wanda".
De novio y sin hijos... por ahora
Gustavo está en pareja hace 6 años y 4 meses con Belén Corvalán, periodista de Crónica. "Con Belén nos conocimos cuando yo era profesor en la Universidad de El Salvador, en un posgrado de Perfil. Ella tomó el curso, aunque en ese momento no pasó nada. Fue recién al año siguiente: eso fue en octubre y, en marzo del año siguiente, me contestó una historia y fuimos a desayunar. Durante la pandemia convivimos por una cuestión lógica de la situación, pero luego ella vivió tres años en un departamento. Recién hace muy poquito estamos compartiendo la convivencia: oficialmente, desde hace un mes y pico", cuenta Gustavo.
Sobre el deseo de tener hijos, menciona que "todavía no" pero lo ven "a futuro" aunque reconoce que el tema de su salud pasada le afecta un poco al considerar la paternidad, ya que vio a muchos chicos sufrir y lo padeció él mismo en carne propia. "Por ahora estamos pensando en tener una buena convivencia y en unas lindas vacaciones".
La entrevista completa con Gustavo Méndez