Valeria Lynch está hace seis años en pareja con Mariano Martínez, líder de la banda de rock Attaque 77, y atraviesan un gran momento sentimental. Ella tiene 73 años, él 54 y la cantante contó que no le afecta para nada la diferencia de edad, aunque al principio tuvo prejuicios.
En charla con el periodista Nico Peralta, Lynch explicó qué le trajo Mariano a su vida y cómo comenzó todo. "Fue explosivo", aseguró. "Mariano me trajo serenidad, tranquilidad, complicidad. Es una persona que siempre me baja; es mi cable a tierra. Vivo enchufada a 220 y él es el pensante y el que toma las decisiones no alocadamente sino con mucha tranquilidad", sostuvo.
Y agregó: "Mariano me bajó a tierra, además de ser mi gran amor. Es increíble cómo hemos conectado. Primero nos unió la música y de repente se fue dando lo otro. No es que teníamos en mente ser una pareja. Pero a los dos nos pasó lo mismo".
-¿Fue explosivo?
-Sí pero no porque él tenía novia y yo estaba casada. De repente, nos dimos cuenta de que estábamos enamoradísimos y de ahí en más iniciamos nuestros trámites para la separación y yo te digo que no me arrepiento de nada porque creo que a las cosas buenas hay que saber vivirlas.
-¿Tuviste prejuicios?
-Yo no, pero es real que estaba esa cosa de: “Che, él es más joven” o “es de otro palo, no tiene nada que ver”. Y, sin embargo, él fue el primero que me hizo ver que la edad es un hecho cronológico y que la verdadera madurez está en el cerebro y el corazón. Y después la cosa de los géneros musicales: ni él es tan rockero ni yo soy tan baladista. Al fusionarnos musicalmente, funcionamos recontra bien. Amén del amor y la admiración que nos tenemos. Porque para estar al lado de otra persona y conectar, tenés que admirarla. Y eso nos pasa, gracias a Dios.
-Qué lindo lo que decís, Valeria.
-Sí. Estoy muy feliz con él y él también conmigo. Es una persona que no está acostumbrada a contar que está bien y que está enamorada. Sin embargo, de a poco se fue abriendo. Y un día me dijo: “Si estoy bien con vos, ¿por qué no decirlo?”. Es así. Cuando uno está bien, hay que asumirlo, bancárselo y contarlo. Está bueno decirlo, compartirlo y abrir el corazón. Yo soy así: siempre fui igual y soy como me ven. No tengo dobles miradas de las cosas. Si quiero a alguien, se lo digo. Es lo más sano.