A veces las historias de amor tienen todos los condimentos para empezar y seguir bien, sin embargo no terminan tan bien. Cecilia "Chechu" Bonelli y Darío Cvitanich pueden dar fe de eso. Su historia tuvo todos lo bueno de las buenas historias: flechazo, mudanzas por el mundo, gestos de amor y una boda inolvidable, sin embargo el amor no fue más fuerte y este año la pareja se rompió.
Antes de convertirse en la pareja que todos recordamos, ella era una figura imparable.Surgida del concurso televisivo SúperM 2003 se había convertido en periodista de Fox Sports y una top model que no paraba de ser convocada para portadas y campañas. Él, un delantero certero con gol y facha para la platea femenina...
El vínculo nació en septiembre de 2011, luego de un mensaje que él mandó y ella aceptó, con reparos. “Tus relaciones anteriores con deportistas no terminaron bien”, le recordaron sus amigas pero Cupido ya la había flechado. Lo supo ese 26 de septiembre del 2011 cuando subió al auto de él y sintió que sería el amor de su vida. "Ese día dije 'Dios con este hombre me quiero casar' y así fue.... Dios me escuchó y el también supo que serias para mí..... ¡para toda la vida!", escribiría Chechu en sus redes.
El 4 de diciembre, jugando de local para Banfield, Cvitanich convirtió dos de los tres goles del partido y no dudó en dedicárselos a su novia. Minutos después, la emoción se trasladó fuera de la cancha: ella fue la encargada de entrevistarlo para Fox Sports y juntos protagonizaron un momento tan romántico como inolvidable. “Hicimos todo para ganar, estamos felices, no se puede pedir más nada”, dijo él y tras unos segundos de charla, ella comentó: “Felicitaciones y gracias por la dedicatoria de los dos goles”. Acto seguido, él la besó delante de la cámara. “Ahí estaba, mi novio”, dijo la periodista
Ocho meses después, ante la posibilidad de que él jugara en el Ajax de los Países Bajos, ella tomó una decisión contundente: dejar todo y acompañarlo a Europa. “Pasé al anonimato total en un país que no conocía ni hablaba el idioma... fue duro, pensé en volver, pero aguanté”, contaría tiempo después. Él, por su parte, reconocía ese gesto como una prueba de amor a prueba de todo. Al tiempo el pasó al Niza de Francia. "Al principio fue muy duro. Convivo con una constante pelea interna sobre el sentido de pertenencia. Allá la vida es más organizada, segura, tranquila. Vivimos en un lugar muy lindo y está todo dado para que disfrutemos", comentaba la modelo.
Bonelli fue a averiguar a una agencia de modelos y descubrió que era complejo porque los representantes se quedaban con un 35 por ciento de las ganancias y el Estado con el otro 35 por ciento: "Mi necesidad de laburar no es económica sino mental. Allá no soy conocida y me pagan lo mismo que una chica que recién empieza. Eso es difícil de asumir". Se compró una máquina de coser y se armó un microemprendimiento de toallas y repasadores. Los cargaba en un bolsito y los ofrecía en locales pero le pedían los papeles del Gobierno y terminó regalándoselos a sus amigas.
Pese a los difícil de instalarse en otro país llegó Lupe, su primera hija. Y entonces a los 15 meses del nacimiento de la primogénia la pareja decidió dar otro paso en la relación. "Consideramos que era un paso lindo a dar y pusimos la fecha. Soñaba con casarme en verano y elegimos el 27 de diciembre", daba la primicia en la edición de Pronto.
No hubo propuesta formal ni declaración romántica o espectacular con helicópteros arrojando pétalos de rosa. "Se lo dije yo. Ya estaba hablado que nos íbamos a casar en algún momento y como el año que viene por ahí empezamos a buscar otro hijo, antes quería que nos casáramos. Va a ser una fiesta a nuestra altura, con amigos y familia, en mi ciudad. Ya reservamos el Hotel Colonial de San Nicolás, un lugar hermoso, con toda nuestra gente. Natalia Antolín me va a diseñar un vestido tradicional y contraté a una wedding planner que me está ayudando con todo: hicimos la degustación de la comida, fuimos a ver el lugar, reservamos el DJ, elegimos la tarjeta... Está todo encaminado".
A días de vivir su gran día, Chechu publicó un divertido mensaje en Twitter. Si bien a la mayoría de las novias los nervios les hacen no tener ganas de comer nada, en Chechu actúan de manera completamente contraria. "¡¡¡Yo no se si es normal pero los nervios del casamiento en vez de cerrarme el estómago me lo abre!!!! ¡¡¡Gorda!!!", escribió.
La boda fue el 27 de diciembre de 2014, en la Catedral de San Nicolás, la ciudad natal de ella y además Cvitanich era de Baradero, que queda solo a 100 kilómetros. Antes, de la Iglesia, en el Registro Civil dieron el primer “sí”. Luego fue la ceremoni religiosa, Chechu, emocionadísima caminó hacia el altar tomada del brazo de su papá, Juan Carlos. En la ceremonia, Chechu no pudo evitar la emoción al recordar a María del Carmen, su mamá que falleció víctima del cáncer en el 2008.
Bellísima, lucía un vestido de Natalia Antolín con transparencias estratégicas, espalda abierta, mangas largas y un cinturón que marcaba su figura. El look era bien “Chechu” o sea sexy y elegante. Peinado por Javier Luna, con maquillaje natural de Marisol Gutiérrez, lucía un look angelical con un toque atrevido. "Quería un vestido tradicional, nada fuera de lo común", admitía.
El lugar escogido para celebrar el amor fue el Hotel Colonial de San Nicolás. La fiesta fue para 300 invitados. A la fiesta asistieron muchos famosos, Agustina Casanova con Lautaro Mauro, Sabrina Garciarena con Germán Paoloski, Gustavo López y su esposa Laura Subise, y las jugadoras de hockey Lucía Aymar y Cecilia Rognoni.
Chechu además era muy amiga de Gimena Accardi y Nico Vázquez, que no pudieron asistir porque la actriz se encontraba de temporada en Mar del Plata. La otra que faltó fue Eugenia Suárez, ausente con aviso porque viajó a España a visitar a su novio de ese entonces, David Bisbal.
Hubo momentos íntimos que rompieron el protocolo con ternura: tras la ceremonia, Cvitanich compartió que quería agrandar la familia y Chechu respondió con entusiasmo, deseando darle un hermanito a Lupe, que ya tenía un añito y ocho meses. Y un quiebre divertido: para la segunda parte de la fiesta, él se sacó el saco y el moño, se soltó los tiradores y quedó en camisa blanca; ella, en un cambio pícaro, optó por un vestido bohemio de encaje, manga amplia, abertura en la falda y cinturón negro con tachas, pelo suelto y corona de flores para bailar sin freno. No hubo torta tradicional sino una gigante chocotorta de 1,50 metros de largo
Después de la fiesta, no hubo luna de miel. Él publicó en Twitter que era momento de volver al entrenamiento: nada de descanso romántico, el amor y el trabajo siguieron de la mano.
Con los años llegó la familia soñada: en abril de 2013 nació Lupe, en México, en diciembre de 2015, Carmela, y el 14 de diciembre de 2022 llegó Amelia. También vivieron aventuras profesionales: Francia, México, Miami, siempre juntos, ella acompañándolo, él apoyándola en su regreso a la conducción deportiva.
En el décimo aniversario de bodas, el 27 de diciembre de 2024, Chechu subió un video nostálgico con imágenes del casamiento y dedicó palabras conmovedoras: “Hoy se cumplen 10 años del ‘sí quiero más lindo de mi vida’. En medio de turbulencias fue cuando más fuerte me apretaste. Por muchos, muchos más años juntos, amor de mi vida. No me sueltes nunca, esta aventura continúa juntos. Te amo”
Pero el final fue inesperado: a fines de mayo de 2025 comenzaron los rumores de crisis. Se dijo que “hubo un desgaste”, que “ella sigue enamorada, pero él no tanto”, y que él se había mudado. En julio, Cvitanich confirmó la separación: “Hoy mantenemos un vínculo muy bueno, sobre todo por nuestras hijas. No hubo escándalos… no hubo infidelidades ni nada raro” Su historia tuvo magia, viajes y un casamiento que parecía eterno. Ojalá que como escribió Mario Benedetti “El amor no se acaba, se cambia de lugar”.