En los últimos años el cine y la televisión han avanzado mucho en el cuidado de los actores a la hora de hacer escenas íntimas. Por más ficción que sea hay límites que no siempre se han respetado. Es célebre la terrible historia de la película El último tango en Paris donde el personaje de Marlon Brando consuma una violación al personaje de María Schneider y años después el director, Bernardo Bertolucci, reconoció que el uso de manteca en la escena no fue consensuado con la actriz que solo tenía 19 años. "No quería que fingiese la humillación, quería que la sintiese", fue la cruel y repudiable excusa que esgrimió el director para mentirle a la actriz, que se sintió ultrajada por ambos, protagonista y director. Y hay más casos.
De un tiempo a esta parte las producciones cinematográficas han incorporado coaches de intimidad que dialogan con los protagonistas de las respectivas escenas para que se sientan cómodos al grabarlas.
La exitosa serie de Netflix, En el barro, acaso no describa con fiel realismo la vida en el interior de un pabellón de mujeres presas pero sí lo hace con crudeza. Producida por Sebastián Ortega y dirigida por Alejandro Ciancio, la serie es profusa en escenas de contenido fuerte, tanto en materia de violencia como sexual. Una escena muy impactante es la violación que comete uno de los guardiárceles, Rubén (Santiago Caamaño) contra La Zurda, (Lorena Vega).
Caamaño, que además es la pareja de Nazarena Véléz, visitó nuestro streaming No tan Pronto que se emite los jueves a las 20.30 por el canal de Youtube de Revista Pronto con la conducción de Matías Vázquez acompañado por Carla Bunny y Mica Comunica. En la entrevista, Caamaño explicó cómo se grabaron esas escenas.
"En el set trabajamos con una coordinadora de intimidad. Con ella firmamos un consentimiento donde tanto Lore como yo dejamos en claro que estamos de acuerdo y qué límites tenemos: qué se puede mostrar, qué no, hasta dónde llega cada uno. A partir de eso empezamos a construir la escena junto con los directores, casi como si fuera una coreografía, que ensayamos previamente", explicó.
Después aclaró que no hubo contacto físico pese a la despiadado de la escena. "Cuando llegamos a grabar ya estaba todo planificado, aunque a veces hay que ajustar por las cámaras. Por ejemplo, entre nosotros había una especie de pelota que impedía el contacto físico directo. Además, usamos protecciones internas, tanto ella como yo, para resguardar la intimidad. La adrenalina del momento hace que todo se vea muy real, pero en realidad yo nunca la toqué.”