A los 79 años, Gerardo Romano está a full haciendo teatro con la obra El secreto, junto a Ana María Picchio. Para eso, tuvo que dejar en stand by la pieza Un judío común y corriente porque no podía hacer las dos a la vez. En charla con Pronto, se sinceró: "El judío sigue siempre porque el judío es inmortal. Pero lo paro un poquito hasta que se acomode en mí El secreto. Es muy nuevo todavía, es mucha letra y soy un chico grande. Tengo que atarle espacio a mi disco duro para que se recupere".
-Cumpliste 79 años.
-Sí, ¡pero no lo digas así de fuerte!
-¿Cómo te llevas con la edad?
-Pésimo. ¿Vos sabés que todas las minas de mi edad que ya tienen 80 y todas me llevaban tres o cuatro años resulta que ahora tienen menos que yo? Ya tengo 79 y ellas siguen teniendo menos de 80. ¿Cómo es eso? ¿La polea está floja, no gira, no hace correr el carretel de los años?
-No me dijiste cómo te pega tu edad.
-La verdad es que es peor que remar en dulce de leche. No, me llevo como el orto. Los jubilados tenemos mínima, no nos pagan un carajo, nos cagan a palos, no cogemos, no nos enamoramos, no nos vamos a hablar con nadie; es una mierda.
-¿Pero le pones onda?
-Sííí. ¿No me escuchás? Para poder decir las cosas con esa crudeza tenés que haberla transitado frontalmente, huyendo hacia adelante.
-¿Hacés terapia?
-No, pero hice 50 años y se me murió mi analista. También se me murió mi profesor de música, se me murió mi director de teatro, se me murieron varios. Se me murió mi analista, al que fui 50 años. Me da fiaca ir a otro; conseguir otro que sepa tanto de lo que yo le conté. Entonces, me analizo solo todo lo que puedo. Trato de analizar todo lo que me pasa lo más posible, para no joderme nada más. Por mis hijos y porque es difícil ser padre en estos tiempos.
La entrevista completa con Gerardo Romano está en la edición digital de septiembre de revista Pronto, se puede descargar y leer de manera haciendo click en este enlace