Gerardo Romano se reparte sus días entre dos actividades que le apasionan: por un lado subirse al escenario -forma parte de El secreto, que se presenta en el Multitabarís- y los fines de semana se dedica a recorrer geriátricos. Sí, leyó bien: el actor que la rompe en El marginal y en En el barro con el personaje de Antín encontró en esas visitas a personas mayores un espacio de placer personal.
"Mi programa los domingos es ir a los geriátricos a visitar a la gente que quiero que está en esa condición. Así que salgo con el auto, voy, busco, saludo, acaricio. Me doy cuenta de que lo que más me da placer es hacerle una acaricia a alguien; es lo que me deja bien. Cuando vuelvo a las cuatro o cinco de la tarde un domingo de hacer esta historia, esta recorrida desde los geriátricos, me siento totalmente renovado, lleno de energía y feliz", contó en charla con Nico Peralta para Pronto.
-¿Todos los domingos lo haces?
-Todos los domingos. En realidad, no lo hice un solo domingo porque estaba ensayando viernes, sábado, domingo, lunes, miércoles.
-En tus redes te mostrás paseando a tu prima Lena en silla de ruedas.
-Sí: 101 años tiene mi prima Elena. ¿Cómo está? Divina, como la ves en los videos. Sin nadie que la vaya a ver, salvo yo. Ella está internada hace casi dos años. De la cabeza está perfecta y súper lúcida. Mejor que vos y que yo. Bueno, no es ninguna garantía que alguien esté mejor que yo, pero está muy bien.
-¿Ella es prima por qué parte?
-Es mi prima hermana: su mamá era la hermana de mi papá. Cuando me ve llegar a visitarla se le ilumina el día. Es como si se subiera a un Rolls Royce: salimos en la silla de rueda y vamos a pasear por Devoto y por las veredas rotas y hechas mierda de Macri. La llevo a comer, a tomar unos cortaditos con jugo de naranja y como le gustan los tostados, siempre se come cuatro tostados. La mimo, la besuqueo y me renueva realmente.
-Qué valioso lo que hacés.
-A veces pienso que yo, que la lancha, el barco, la chacra, la estancia, la costa, el río, el mar, el auto, el puterío y todo es cháchara. ¡Cháchara! La verdad está en otro lado.
-¿Quién te da cuerda? ¿De dónde sacas esta energía?
-De la memoria de mis padres y de mis hijos. Hoy estuve, por ejemplo, con Leti, que es una señora que trabajó más de veinte años en mi casa, cuidando a mis padres. Yo estaba recién mudado con mis padres viejos y la conocí porque fui a la casa de la actriz Inda Ledesma y ella era encargada de ahí. Ahí nos cruzamos, nos dimos los teléfonos, vino a casa, estuvo, se quedó ahí a trabajar, a la media hora se perdió y se fue, y a los 45 minutos volvió y se quedó veinte años. Tenía la tarea de ser la ama de llaves de mi casa, donde tenía a mis padres conmigo. Pero más que nada se ocupaba de mis padres.
-Te emocionaste.
-Son muchos recuerdos. Un día llegué de trabajar, de grabar una tira que hacía con la Kuliok, entré a mi casa, Leti estaba sentada con mi madre y me dijo: “Tu mamá se olvidó de comer”, porque tenía Alzheimer. Y yo pregunté: “¿Cómo que se olvidó de comer?”, a lo que respondió: “Sí, desconocía el plato, el cubierto, las palabras”. Así que en ese transitar complejo de la vida, me acompañó Leti.
-¿Cómo estás de salud, Gerardo?
-Bien, mi amor, resistiendo. Resistiendo. Le doy murra al Parkinson. No es que le digo: “Sí, vení, tomá, hace lo que quieras”. Le grito: “¡Andate a la reverenda concha de tu madre!”. Eso se lo digo cada vez que puedo.
-¿Lo sentís en el cuerpo o no tanto?
-Sí, se siente, se siente. Sí: se siente y asusta, es raro eso. ¡Es más raro que la mierda! Tener a alguien que te mueve el cuerpo ajeno a tu voluntad es extraño. Después hay unos estados, no sé, momentos en que sentís cosas que no son explicables. No es fácil. Además, veo que por ahora, por lo menos, no sé si por la resistencia que le doy, es bastante más liviano que otros casos de amigos míos que quiero, a través de esta enfermedad, que tienen lo mismo que yo pero la pasan mucho más como el culo. O los agarró en circunstancias mucho más desprotegidos, más vulnerables.
-Qué valiente fuiste al contarlo públicamente, más siendo la figura pública que sos.
-Sí, porque está asociado con la senectud el Parkinson. Con la vejez. Y la vejez es esa mierda que te describí hace diez minutos. Entonces, por eso la gente dice: “No, que no me digan que soy viejo, que no me vean como viejo porque ven que no cojo, que no amo, que no me enamoro, que nada”.
La entrevista completa con Gerardo Romano está en la edición digital de septiembre de revista Pronto, se puede descargar y leer de manera haciendo click en este enlace