Con la misma honestidad con la que se quebró al hablar de la importancia que tiene Moria Casán en su vida, Fernando Galmarini describió su relación con Sofía Gala, la hija de su pareja. Invitado a nuestro streaming No tan Pronto, el exfuncionario y dirigente político sorprendió al describir una relación marcada con diálogo casi nulo aunque con respeto y cordialidad.
Consultado sobre cómo fue recibido por Sofía cuando comenzó su relación con Moria, Galmarini fue claro y elogioso: “Es una mina bárbara, una gran actriz, enorme actriz, buena mina”, definió sin vueltas. Sin embargo, enseguida aclaró que entre ellos no logró construirse una conversación fluida. “No logro cambiar diez palabras”, confesó, sin dramatizar la situación.
Ante la repregunta, explicó que no se trata de un conflicto personal ni de una mala relación. Según contó, incluso la propia Moria le transmitió que Sofía es “de poca charla”. “No es un tema conmigo”, remarcó, descartando cualquier tipo de tensión o enojo. De hecho, aseguró que nunca tuvo un cruce ni un mal momento con ella: “Nunca se enojó conmigo por nada. Es una mina copada”.
Galmarini detalló que el intercambio entre ellos se limita a lo justo y necesario, y que le cuesta entablar una charla a solas. “Nunca pude sentarme a tomar un café con ella, o un mate, si Moria está en otro lado. Me cuesta”, reconoció. En cambio, explicó que en situaciones más grupales, como una cena familiar, la dinámica se vuelve más sencilla: “Si está Moria, es más fácil conversar”.
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Lejos de mostrarse incómodo, el Pato dejó en claro que le gustaría tener un vínculo más cercano. “Sí, me gustaría, porque me parece una mujer muy interesante, inteligente”, dijo con sinceridad. También tuvo palabras de cariño para los hijos de Sofía, nietos de Moria: “Los dos son dos pibes bárbaros”, destacó, y contó que ambos van a trabajar en una serie.
Con un tono calmo y sin polémicas, Galmarini dejó una definición que resume el vínculo: hay respeto, buena onda y afecto, aunque sin una relación profunda. Un testimonio sincero que muestra una convivencia real, lejos del ideal de familia perfecta, pero atravesada por el cariño y la admiración mutua.