“Ahora estoy tranquilo y seguro”, dice Pedro Alfonso, con esa mezcla de calma y picardía que lo acompaña desde hace años. Lejos de las poses solemnes y más cerca del pasto —literalmente—, el actor y productor se permite imaginar una tapa de revista con una lechuza rescatada y él tirado al sol, conectado con la naturaleza. Así está hoy: disfrutando, riéndose de sí mismo y sosteniendo un presente que combina familia, trabajo y escenario.
Pedro es uno de esos nombres que ya son sinónimo de verano, comedia y risas. Pero detrás del humor hay un recorrido largo, perseverante, y una historia de amor que nació frente a cámara y se consolidó lejos de los flashes. Junto a Paula Chaves construyó una familia con sus tres hijos, Olivia, Baltazar y Filipa, su verdadero eje. En lo laboral, sigue apostando al teatro como su gran pasión, combinando producción y actuación, y esta temporada vuelve a Carlos Paz, una plaza que conoce como pocas, donde se mide noche a noche con el público en "Corto-Circuito"
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— Llevás muchos años con Paula, formaron una familia. Sin embargo hace poco contaste que cada vez que la mirás, te pellizcás porque no podés creer que te ame…
Sí, pellizcar, sí. Seguimos manteniendo nuestro noviazgo cuando nos encontramos y cuando digo encontrarnos me refiero a esos momentos en los que estamos solos. Está siempre muy latente todo lo que tiene que ver con el romance, así que sí, se disfruta mucho esa parte.
——En las redes mostrás mucho, pero no todo. ¿Qué parte de tu vida elegís cuidar y mantener lejos de la exposición?
Con lo que tiene que ver con las redes y con mis hijos, sobre todo con Paula, estamos bastante expuestos, pero subo lo que me divierte. No lo pienso mucho. A veces nos divierte bailar y alguna vez grabo para subir, y otras mil veces bailamos y no subo nada. Me gusta compartir cosas divertidas, pero también puedo estar mucho tiempo sin subir nada. No es algo que me preocupe. Hay momentos en los que estoy más activo y otros menos, lo manejo con mucha tranquilidad.
—Carlos Paz guarda secretos, anécdotas y mucho off. Con tantos años de temporada encima, ¿qué recuerdos todavía te hacen reír?
Historias hay muchas, sobre todo de camarines y del escenario. Son tantos años, catorce comedias con catorce elencos diferentes, y pasó de todo. Con Emilio Disi tengo muchísimas anécdotas, él era más de hacer chistes para hacerme reír y complotarse con todos mis compañeros. Con Freddy también tenemos muchas. Pasó de todo: desde un utilero que empieza la obra durmiendo en el sillón y la gente lo ve, hasta tentadas interminables. Hay para escribir un librito.
—A la hora de armar un elenco ¿Cómo se dio la elección de quienes te acompañan esta temporada?
No es que lo elijo yo solo, es junto con los productores. Este año formamos un lindo elenco, con Seba Almada y Vivi Saccone ya habíamos trabajado el año pasado y queríamos repetir porque la pasamos muy bien. Con Yayo hacía mucho que queríamos trabajar, siempre estábamos en contacto y este año se pudo dar, así que es un verdadero placer estar con él. Con Ana Paula Buljubasich, era para un personaje muy específico, el humanoide, que es un trabajo impresionante y que no lo podría hacer otra persona que no sea ella. Eso era muy puntual para su papel. Y después con Juli Poggio, que nos venían a ver hace un par de años, fue una elección espectacular por su energía y su juventud. Nos encanta tenerla con nosotros y también la rompe.
—Pero esta vez, Paula quedó afuera de la propuesta.
Fue una decisión familiar y no laboral. Veníamos de 3 años de hacer teatro, se volvió complicado por la dinámica familiar. Estamos en plena mudanza en Buenos Aires, nuestra hija mayor empieza el secundario y no puede faltar. Además Paula tuvo un año con mucho laburo, diciembre iba a estar difícil para los ensayos, pero viene a todas las funciones, hace anotaciones y le hago caso.
—Carlos Paz tiene un termómetro implacable y el público se expresa noche a noche. ¿Cómo vivís ese desafío constante?
El termómetro de la noche a noche es eso, justamente: noche a noche. Los públicos pueden ser diferentes, a veces más efusivos, a veces menos, a veces hay más gente, a veces menos. Todo depende de si el día hizo mucho calor o si está lloviendo y se escucha la lluvia. Siempre hay que estar muy metidos en la comedia, confiar en lo que uno tiene y saber que siempre se puede mejorar. Nunca nos relajamos.
—¿Por qué sentís que el público se sorprende?
La gente se va a sorprender porque es una comedia que habla de lo que está pasando hoy, sobre todo en las redes sociales, con la inteligencia artificial, con lo que es real y con lo que no es real. Eso lo usamos mucho en la obra, con nuestro humor y nuestro estilo. Tenemos una humanoide que es increíble, un perro robot que a los chicos les encanta y un montón de efectos. El público se sorprende y la pasa muy bien. Ese fue el desafío y estamos viendo noche a noche que está dando resultado.
—También es una comedia muy física…
Sí y eso te exige preparación. Siempre tuve algo de trabajo corporal, pero este año creo que se incrementó bastante. Por eso empecé a correr y a moverme más.
—Contanos un poco más...
Hace un año que estoy corriendo, algo muy positivo para mí.. Y ahora estoy con el running: me quedan 24 kilómetros para llegar a los mil en el año. A eso se suma que dejé el cigarrillo el año pasado. Es un montón, pero es algo muy lindo. Antes salía de cenar y fumaba, era un hábito horrible. Hoy son logros que valoro mucho porque son sanos.
—En un contexto económico complejo, el tema entradas siempre aparece. ¿Cómo lo manejan?
Con el tema de promociones, tenemos algunas con bancos y tarjetas. Después hay que mantenerse en los precios que uno propuso, porque si empezás con regalar entradas o hacer dos por uno, después es más complicado, y para todos los demás también.
—Viviste una situación tragicómica con una lechuza.
Tengo medio una fobia con las aves y en Carlos Paz cuando estoy recorriendo la casa donde paro veo en la pileta algo estaba flotando. Me acerco y me doy cuenta que era una lechuza. Me dio mucha pena pensar que estaba muerta ahí en la pileta. Pero de repente veo que su patita se mueve. Entonces empiezo a buscar un sacahoja. No encuentro, voy a buscar la pala. Lo saco. ‘Te voy a ayudar, no me ataques, por favor’, le dije. Lo pongo una toallita, con muchas ganas de ayudar, pero con mis miedos. Y de repente, el grito. ¿Estará llamando a sus amigos, estará insultando? Lo metí en una caja, le doy calor, lo dejé en la parrilla y me fui a dormir. Al otro día me levanto, voy a ver y la caja estaba abierta y se había ido. Me dio pena que no se despida de mí.
—Si este verano tuviera un título de tapa, al estilo Pronto, ¿Cuál sería?
Un título tendría que ser más adelante en la temporada. Ahora estoy tranquilo y seguro. Si fuese un título más de Pronto, tendría que ser algo como “Salvé una lechuza y me conecté con la naturaleza”, me imagino eso con una foto mía tirado en el pasto. No es broma.
(Corto-Circuito se presenta en el Teatro del Lago. Entradas en boletería y por Plateanet)