Mientras Aníbal Lotocki permanece detenido por la muerte de Christian Zárate, Majo Favarón, su esposa, brindó un crudo testimonio en Desayuno Americano sobre lo que implica visitarlo en prisión. Lejos de cualquier mirada liviana, su relato expuso con detalles el impacto emocional, físico y psicológico que atraviesa cada vez que cruza los muros del penal.
Según contó, el proceso comienza incluso antes de verlo. “Primero tengo que dejar todo: valores, cartera, pulseras. Después revisan las comidas y todo pasa por un scanner, igual que yo físicamente”, explicó, describiendo un circuito de controles exhaustivos que, asegura, nunca se vuelven más fáciles con el tiempo.
La mujer aclaró que Lotocki se encuentra alojado en un módulo tranquilo, aunque eso no elimina el temor. “La primera vez vine con una desesperación total. Siempre hay fila. Muchas veces tuve miedo, tengo miedo al llegar y al salir”, confesó, dejando en evidencia la tensión constante que rodea cada visita.
Con el correr del tiempo, explicó que tuvo que adaptarse a un sistema lleno de reglas no escritas. “Es toda una odisea mantenerte con vida, sano, no pelearte con nadie. Aprendí muchos códigos de este lugar tan horrible”, dijo, aunque sorprendió al señalar que incluso allí intenta rescatar algo positivo de la experiencia.
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Sin embargo, hay un momento que sigue siendo insoportable. “El peor momento es cuando se abre la puerta y te dicen que la visita terminó”, relató. Las tres horas permitidas, según explicó, “pasan volando”, y la despedida se transforma en una escena cargada de angustia contenida.
“No quiero que me vean llorar. Lo abrazo y hago una fuerza enorme. Es el día de hoy que cuando me voy no me puedo dar vuelta a verlo”, confesó, describiendo uno de los gestos más dolorosos de su rutina carcelaria.
Sobre el estado anímico del detenido, fue contundente: “Aníbal está bien, mucho más entero que yo”. Aun así, reconoció que el momento más duro llega cuando se va: “Cuando me voy es lo más difícil de todo esto”.
De esta forma, el testimonio de Majo Favarón volvió a poner el foco no solo en la causa judicial que mantiene a Aníbal Lotocki tras las rejas, sino también en el impacto colateral que la detención genera en su entorno más cercano, atravesado por el miedo, la espera y una rutina que nunca deja de doler.